Usted está en : Portada : Deportes Lunes 25 de octubre de 2004

Una vida sin volteretas

Ganó mucho y lo perdió todo. Hoy repasa sus capítulos amargos y también los más sabrosos.

Víctor Vargas

 

 

Nombre: Víctor Hugo Cabrera Sánchez.

Fecha de nacimiento: 9 de Noviembre de 1957.

Lugar: Quillota.

Estado civil: casado, tres hijos.

Debut profesional: en Ovalle, en 1978.

Trayectoria: San Luis de Quillota, Deportes Concepción, Regional Atacama, Deportes La Serena, Colo Colo, Everton, Unión La Calera y Quintero Unido.

Logros: campeón de los torneos de Apertura y Oficial en Segunda División con San Luis de Quillota (1980); preseleccionado para Mundial de España (1981); goleador del campeonato de Primera División, con 22 goles, defendiendo a Regional Atacama (1984).

 

Era un sábado de 1978 y Víctor "Pititore" Cabrera terminaba la práctica en San Luis de Quillota. Acelerado, como de costumbre, llegó al camarín, se duchó y partió. Nunca supo que su nombre figuraba en el listado de citados para el compromiso del día siguiente. Era el debut de la gran promesa del gerente técnico de ese entonces, Eduardo "Punto" Silva. La promesa no llegó y su debut se frustró.

Su accidentado comienzo tal vez fue el aviso de lo que vendría por delante a uno de los delanteros más hábiles que vio nacer el fútbol chileno en las últimas décadas. De origen humilde, el popular "Pititore" llegó casi por rebote a Quillota cuando ya vivía en La Calera junto a sus hermanos y padres.

Un amigo lo instó a entrenar por los quillotanos, pese a que tenía su residencia en la ciudad donde viven los más tradicionales rivales del cuadro amarillo: Unión La Calera. Sin embargo, eso pareció importarle poco al ariete que no tuvo problemas para incorporarse a la entidad con sede en calle San Martín. Almorzó por primera vez junto a las gastadas murallas de adobe del club, firmó su contrato y desde ese día transformó a dicho lugar en su nueva casa.

Víctor formó parte de una de las delanteras más gloriosas que se recuerden de un equipo en Segunda División. Junto a Jorge "Pindinga" Muñoz y Patricio Yáñez llenaron páginas deportivas y despertaron a una ciudad. No menos de tres mil hinchas llegaron una tarde de abril al Estadio Nacional para celebrar el título de los amarillos en el desaparecido Torneo "Polla Gol", en Segunda División. San Luis superaba a Rangers y "Pititore" era figura. Ese mismo año y después de dos décadas, los canarios subían a Primera División, consolidando al histórico tridente ofensivo denominado "Las tres P", cuyo nombre nació en honor a los apodos de cada uno de los integrantes del ataque sanluisino.

Cabrera era una de sus goleadores y sus bonos crecían. El "Pato" ya era parte de la Roja de Luis Santibáñez que clasificaba invicta para el Mundial de España. Muñoz y Cabrera formaban parte del equipo "B" y San Luis era un boom. "Santibáñez me ponía de 10 porque jugaba bonito, mientras que yo le entregaba pases a Sandrino Castec para que hiciera los goles. Al final, al Mundial fue Castec y yo me quedé acá", recuerda con amargura quien incluso fue catalogado como el sucesor natural del mismísimo Carlos Caszely.

Las ofertas crecían pero el directorio las rechazaba. En 1981, y con solo una temporada a cuestas, San Luis desciende, pero "Pititore" es marca registrada, tras hacer suya la voltereta circense para celebrar los goles. Venía el año del Mundial y se suponía ésa sería la gran temporada de los amarillos, que sacaban cuentas por los jugosos contratos que harían por la venta de Yáñez. Cabrera aguardaba. Pero la ambición rompió el saco. Tras la fracasada actuación de Chile, su compañero igualmente partió a Valladolid en una suma nunca aclarada. Cabrera aguardaba, pero la paciencia no.

"Entonces cumplí contrato y Alex Veloso me engrupió y me llevó a Concepción", recuerda. Pero su revancha vino en 1984. Defendiendo al modesto Regional Atacama se consolidó como goleador de la Primera División y su nombre nuevamente despertó el apetito del medio.

Hasta que finalmente llega a Colo Colo. Ganó plata, tuvo autos, casas y una vida disipada, aunque se encarga de aclarar que muchos de los comentarios no son más que anécdotas alejadas de la realidad.

Entre ellas reconoce que lo echaron de un avión cuando defendía a La Serena. "Me bajaron en Antofagasta porque se enojó una azafata, pero la verdad es que la niña era bastante alzada… es que en Colo Colo me permitían licencias, pero ahora era de La Serena nomás", recuerda.

No se aburrió en la Segunda Región. Supo que San Felipe enfrentaba al cuadro local y se sumó a la delegación. "La pasé remalito", dice con una mueca de ironía.

EL "CLAVO" Y EL LORO

Sólo se pone serio a la hora de enfrentar la historia del "Clavo" Godoy, quien aseguró que tras su ausencia de los entrenamientos en Copiapó lo sorprendió en su casa en una regada fiesta y que se tomó revancha agrediendo al loro regalón. "Al loro me lo mató, pero para qué recordar eso. Lo que pasa que el "Clavo" sabe que soy famoso y él es pesado y le gusta el show. Le gusta la buena mesa, el buen brindis y no tengo ningún problema con él. Incluso he tenido ganas de ir a verlo a San Felipe", señala para poner fin a la polémica.

Después de Colo Colo vistió más camisetas hasta terminar casi olvidado en Quintero Unido, con no más argumentos que un pasado lleno de aplausos y elogios dentro de la cancha. Fuera de ella poco y nada.

"Lo que más gané fueron 240 lucas, pero es que no se ganaba plata y no es como ahora. ¿Acaso Leonel Sánchez, Francisco Valdés y Carlos Campos son millonarios? No poh", responde "Pitirore" rodeado de niños, esos que reciben sus enseñanzas como monitor de la Escuela de Fútbol de San Luis de Quillota. "Con la vida estoy en paz y no tengo deudas con el fútbol ni el fútbol conmigo", susurra.

Hoy se aferra a su familia, agradece al alcalde y al grupo de amigos que lo mantiene con la vitalidad para compartir sus secretos del gol con las nuevas promesas. "Tuve autos, la pasé bien, porque pensaba que esto nunca se acabaría, pero ya está, me di cuenta tarde nomás y así fue".

Exactamente, y así fue.

 
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