Usted está en : Portada : Deportes Lunes 21 de febrero de 2005

En homenaje a un Olímpico

 

Perteneciente a la asociación Quillota, por varias décadas ha sido sinónimo de buen fútbol.

PATRICIO LEAL

ALFARO EN SAN LUIS.- Éste es el equipo de San Luis de la década del '20 que integró el mítico Óscar Alfaro (penúltimo de izquierda a derecha), Iván Mayo (último) y el portero Carlos Hill (al centro).

A la brasileña

 

Las camisetas amarillas y los pantaloncillos verdes del Óscar Alfaro hacen rememorar a los del scratch brasileño, o por lo menos eso es lo que inspira a sus más fanáticos seguidores. Claro está que los resultados en la cancha avalan esa platónica relación, especialmente los de sus cuadros seniors que en mayores de 45 años acaban de alcanzar el título de campeón, tras dejar en el camino a 17 cuadros que son sus competidores en la asociación Quillota, bajo la conducción técnica de Julio Belmar, uno de los más fieles integrantes del club.

Actualmente, la institución quillotana es presidida por Carlos Olivares y aunque las campañas de los equipos adultos y cadetes no han sido de las mejores en los últimos años, junto a su directiva mantiene la fe en días mejores, y así enfrentar a sus clásicos rivales del Dínamo y El Peumo con otra suerte, en la cancha del Parque Aconcagua.

Para financiar sus actividades, los jugadores deben cancelar una pequeña cifra por hacer uso de la camiseta, además de cooperar en otras instancias sociales. El centro de reuniones está en su sede de calle Serrano, donde el espíritu de sus más antiguos socios como David Villarroel y Rogelio Calderón, entre otros, aún perdura, luego de que formaran parte de su fundación en 1942.

 

Antes que Iván "Chincolito" Mayo alcanzara fama internacional, Óscar Alfaro, su compañero en la línea delantera de San Luis de Quillota, tuvo su momento de gloria. Corrían los años '20 cuando el notable goleador hacía de las suyas en cuanto campo amateur se presentara. A tanto llegó su espectacularidad que su nombre fue incluido en el seleccionado nacional que debía representar al país deportivo en los Juegos Olímpicos de Amsterdam 1928.

El quillotano pasó la etapa de preparación con excelentes calificaciones, sobre todo luego de anotar los dos goles de Chile en un encuentro amistoso ante Uruguay que se disputó en la cancha del Valparaíso Sporting Club, el 10 de diciembre de 1927. Aunque el equipo nacional cayó derrotado, Alfaro dejó en claro que se podía confiar en sus futuras actuaciones olímpicas.

Según las crónicas de la época, los seleccionados nacionales viajaron por vía marítima y la travesía duró 24 días. Como en aquellos años el fútbol chileno carecía de una organización técnica, el plantel partió sin entrenador, a cargo del dirigente Norberto Ladrón de Guevara, quien fue acompañado por el árbitro Juan Livingstone -padre de Sergio-, y que, en una recalada de la nave en Inglaterra procedió a contratar al técnico Frank Powell para que dirigiera a los nacionales en los Juegos Olímpicos.

El 27 de mayo de 1928, en el estadio Olímpico de Amsterdam, Chile salió a la cancha a disputar su clasificación en partido único ante el representativo de Portugal, con la siguiente formación: Juan Ibacache; Víctor Morales y Ernesto Chaparro; Arturo Torres, Guillermo Saavedra y Humberto Contreras; Carlos Schneberger, Óscar Alfaro, Guillermo Subiabre, Alejandro Carbonell y Miguel Olguín.

Luego de estar en ventaja por dos goles a cero, el equipo chileno no pudo aguantar el trajín del partido y vio caer su valla en cuatro ocasiones. Eliminado del magno evento, los nacionales jugaron una rueda de consuelo frente a México y Holanda. En esta instancia, Óscar Alfaro recuperó su potencia goleadora y sus anotaciones resultaron fundamentales para vencer a los norteamericanos por 3 a 1 y empatar a 2 con los abuelos de la Naranja Mecánica de los años '70.

De regreso en el país, el quillotano recibió muchos elogios del medio deportivo y su condición de ídolo ya estaba forjada. Volvió a vestir la camiseta de San Luis y, junto a Iván Mayo y el portero Carlos Hill, las otras figuras canarias, se llevó los mayores aplausos de los fanáticos y los jóvenes que vivían a los pies del cerro Mayaca decidieron formar un club deportivo para seguir su senda bajo su nombre.

 

LOS PÉREZ

 

A partir de la década del '50, el apellido Pérez fue sinónimo de éxito en el Óscar Alfaro. El primero en levantar el estandarte familiar resultó ser un mediocampista de juego pulcro y que se ponía la "10" para hacer aún más potente su presencia en la cancha. Él era Sergio, quien partió un día de su cuna amateur para hacer una trayectoria ejemplar en San Luis, Concepción, Wanderers, Ñublense y Cobreloa.

Como siempre, el ex volante no es amigo de las entrevistas y sólo se limita a respuestas monosilábicas. Claro que su familia y amigos hablan por él y demuestran un alto grado de admiración por el jugador.

Muchos momentos de gloria vivió Sergio Pérez Droguett en su carrera futbolística. Luego de ser contratado por San Luis a comienzos de los años '60, el volante partió a Concepción para ser partícipe del ascenso de los penquistas a la Primera División, acontecimiento inédito en su historial hasta esa memorable campaña de 1966.

En otro "flash back" del quillotano aparece la camiseta verde de Santiago Wanderers. La Copa Chile de 1974 le permitió mostrar sus bondades futbolísticas y aportar con lo suyo para que el equipo de Donato Hernández llegara a la final. Junto al trasandino Jorge Dubanced, la figura goleadora caturra, Pérez jugó el encuentro decisivo ante Colo Colo en el estadio Nacional, que significó una derrota para los porteños por 3 a 0, pero que le dio pasaporte para acceder a la liguilla de Copa Libertadores que se jugó en el mismo recinto ñuñoíno, en el verano de 1975.

La próxima recalada del mediocampista fue Ñublense, equipo con el que logra el objetivo de ascender al fútbol mayor, siendo gran figura. Por esas actuaciones del campeonato de 1976, Cobreloa lo incorpora a sus filas para formar parte de su primer plantel profesional.

Bajo la conducción técnica de Andrés Prieto, los calameños, por esas cosas del destino, consiguen su próposito en su debut por la Segunda División, dejando en el camino a Santiago Wanderers luego de una liguilla que se disputó en el estadio Nacional.

Con la satisfacción de haber sido parte de la historia del nóvel club loíno y jugado junto a cracks como Juan Olivares, Francisco Valdés, Guillermo Yávar, el uruguayo Luis Garisto (que después sería técnico de los mismos nortinos), Sergio Pérez dejó el fútbol profesional a los 36 años de edad.

Sus éxitos deportivos no lo envanecieron y con la modestia de siempre se puso la camiseta de su querido Óscar Alfaro para defenderlo nuevamente en la competencia amateur de Quillota. Allí se reunió con Silvio Méndez, otro crack que defendió a San Luis, y su hermano Fernando, quien también tuvo un buen paso por el San Luis de Patricio Yáñez, Víctor Cabrera y Jorge Muñoz, a fines de la década del '70, y en Fernández Vial.

Desde muy cerca observó a sus mayores el hijo de Sergio, del mismo nombre, que siguió sus pasos en el Alfaro, San Luis, Wanderers y Cobreloa, pero que no pudo llegar a consolidarse por una fractura. Ahora estudia kinesiología en una universidad privada, sin olvidar que el Óscar Alfaro es la cuna deportiva de los Pérez.

 
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