Usted está en : Portada : Ciudades Miércoles 30 de marzo de 2005

Saber que se puede es el lema

Madeleine Dupont y María Elenea Christen detallaron cómo enfrentaron el desafío de cruzar el Atlántico en frágil monomotor.

KAREN ALFARO

NI EXTRAORDINARIAS NI DISTINTAS.- Así se definieron las emprendedoras pilotos civiles Madeleine (izquierda) y María Eliana ante los uiniversitarios que las escucharon encantados.

Un recorrido abundante en imágenes sobre su singular experiencia aérea por el Atlántico, que marcó un hito en la historia de la aviación, ofrecieron las pilotos Madeleine Dupont y María Eliana Christen, conocidas Como "las abuelas voladoras", cuya exposición marcó el inicio del Segundo Concurso Tecnología y Negocios, organizado por la Incubadora de Empresas Tecnológicas del Instituto Internacional para la Innovación Empresarial (3ie) de la Universidad Técnica Federico Santa María.

Atentos y sin despegar la mirada de las dos arriesgadas aviadoras, de 60 y 63 años de edad, numerosos universitarios escucharon los detalles de la travesía que ambas emprendieron en 2004, demostrando que la edad no es un impedimento para concretar metas y sueños. Así, protagonizaron la hazaña de cruzar el Atlántico en un avión monomotor, transformándolas en la primeras mujeres del Cono Sur en realizar un vuelo de esas características con destino a América, Africa y Europa.

 

¿Y POR QUÉ NO?

 

"No somos extraordinarias ni distintas" fueron las palabras de inicio de María Eliana Christen, quien con su vasta experiencia como psicóloga hizo ver a los estudiantes presentes que nada es imposible, ni menos fácil. "Creer y saber que se puede es un gran paso para conseguir la meta", relató.

Ante la premisa, Madeleine y María Eliana recordaron los tensos momentos vividos con Julie, su pequeño avión monomotor, que pese a sus insuficiencias nunca las abandonó en la ardua travesía de 76 días, durante los cuales visitaron 33 países y recorrieron 32.059 kilómetros.

Despedidas en Los Cerrillos por una multitud a la que se sumaron los medios de prensa, Madeleine y María Eliana abrieron paso a un itinerario que ya las esperaba con una densa niebla, que a pocas horas del despegue las obligó a descender en la pista de la Base Aeronaval de Concón.

 

ORGULLO HERIDO

 

"La decisión de aterrizar dolió al orgullo y amor propio, pero si cruzábamos la cordillera sin alcanzar los 2.000 pies era mortal", contó María Eliana.

Si bien las condiciones meteorológicas nunca las acompañaron, su mayor temor fue el viento que las azotó en Argentina, que calificaron como traumático, puesto que el avión daba tumbos sin control, provocando más tarde que perdiera 3.000 pies de altura. "Las alas del monomotor año 1981 casi rozaban la punta de los cerros. Más tarde vimos que estábamos fuera de la ruta y perdidas en el aire", narró Madeleine.

Estas emergencias a las que se veían enfrentadas apuntaban a que la posibilidad de culminar el ambicioso viaje fueran lejanas. Pero lo lograron.

 

Misión cumplida

 

Nueve meses debieron gestionar la travesía, que les significó una dura preparación física. Las largas horas de vuelo para cruzar con éxito el Atlántico fueron especialmente difíciles, relató Madeleine, puesto que al interior del avión lo único que podían estirar por el reducido espacio eran las manos. "Fue muy difícil permanecer por más de 10 horas sin baño ni estirarse, esa fue la prueba de fuego", contó María Eliana Christen.

Así, estas dos aventureras del aire travesía 2004" lanzarán en mayo el libro "Abuelas voladoras, travesía 2004", que además de narrar con lujo de detalles la aventura emprendida el año pasado, dará a conocer también parte de sus vidas y su pasión por los aviones.

 
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