Usted está en : Portada : Deportes Lunes 4 de abril de 2005

Cuna de futbolistas

 

Pablo Galdames, Waldo Ponce y Edson Monsalve son algunas de las figuras formadas en esta institución.

PATRICIO LEAL

Continúan la senda

La Escuela de Fútbol "Joel Monsalve" continúa su misión deportiva en la comuna de San Esteban, con 25 jugadores, y el club deportivo San Antonio de Calle Larga, donde llegan 32 futuros cracks, semanalmente, gracias al financiamiento de los padres y apoderados, que se ilusionan cada vez que ven a sus pequeños, golpeando un balón de fútbol.

Esta organización deportiva inauguró sus actividades el 22 de abril de 1988, con el objetivo de formar jugadores, en una zona que no contaba con todos los medios apropiados para su desarrollo. A nivel municipal, Los Andes respaldó la iniciativa y tuvo en el ex alcalde Octavio Arellano Zelaya a uno de sus principales promotores.

El trabajo físico-técnico que realizan los niños culmina con la presentación de sus equipos en diferentes compromisos deportivos, entre los cuales destacan los encuentros con sus similares de "U", Colo Colo y Universidad Católica, cuya finalidad es incorporar a estas instituciones a quienes sobresalen entre los andinos.

Actualmente, más de una decena de jugadores de esta Escuela ya se encuentran trabajando en clubes capitalinos.

 

"En Chile, se trabaja muy mal en las divisiones cadetes, por falta de medios", afirma categóricamente Joel Monsalve Tejeda, un sureño que se afincó en Los Andes y que puede exhibir, con sumo orgullo, un listado de jugadores profesionales que se formaron bajo su alero en las últimas dos décadas.

La historia de este iniciador, monitor y entrenador, con cursos en la Federación de Fútbol de Chile en Valdivia y Osorno, comienza en La Unión, Décima Región, hace 56 años. "Soy de una generación que se educó sin televisión, sólo escuchando radio y, desde niño, soñando con ser jugador profesional", confiesa Monsalve.

Entre 1973 y 1986, el ex mediocampista defendió los colores de Deportes Temuco, Linares, Universidad de Chile, Osorno y Cobreandino, etapa en que, por motivos familiares, decidió quedarse en la Quinta Región. "El clima lluvioso del sur afectó mucho a mis niños y pasaban con problemas bronquiales, así que junto a mi señora elegimos Los Andes, por ser un lugar más seco", explica el técnico.

Sin imaginarlo, este paso resultó trascendental para su proyección como formador de jugadores. "Me di cuenta que en Los Andes no existían los medios para que los niños tuvieran un desarrollo deportivo acorde con sus inquietudes, por lo tanto me puse a trabajar para organizar mi primera Escuela de Fútbol", señala.

A partir de 1988, Joel Monsalve se transforma para las localidades de Los Andes y San Esteban en un hombre absolutamente dedicado a sacar jugadores del anonimato para llevarlos, según sus aptitudes, a un sitial que ellos jamás imaginaron.

 

EL PRIMERO

 

Cuando Pablo Galdames Díaz tenía 14 años de edad, se incorporó a la Escuela "Joel Monsalve" para vestir los colores blanco, rojo y azul. "Él era un adolescente muy tranquilo y esforzado. Al verlo jugar, de inmediato hablé con su papá, un obrero agrícola, y le dije que su hijo iba a llegar muy lejos", recuerda el descubridor de talentos sobre el volante de Quilmes de Argentina.

Y no se equivocó. El volante partió a Unión Española y tuvo su primera satisfacción al formar parte de un plantel que disputó la Copa Libertadores 1994, con resultados insospechados. Alcanzó los cuartos de final, luego de dejar en el camino a linajudos rivales como Nacional de Montevideo y Cruzeiro de Brasil, para jugar frente a San Pablo el derecho de llegar a semifinales, de la mano del técnico Nelson Acosta.

Los hinchas de Universidad de Chile se regocijaron con sus actuaciones que culminaron con los títulos de 1999 y 2000. Allí vieron a un Galdames fuerte, vigoroso en la recuperación del balón y un pilar en el mediocampo azul.

Pronto también fue convocado a distintas selecciones nacionales y tuvo el privilegio de jugar en la despedida de Iván Zamorano el 1 de septiembre de 2001, día en que el "9" de la Roja se retiró en un amistoso ante Francia, quienes en ese momento eran los campeones del Mundo.

Seguramente, el gol que anotó el volante andino para abrir la ruta del triunfo, luego de una brillante jugada del mismo Zamorano, estará entre sus acciones más memorables.

Antes de ser jugador del Quilmes y superar una grave lesión que lo afectó mientras vestía los colores de Racing, vivió una de sus experiencias más agridulces: llegó a la final de Copa Libertadores con el Cruz Azul mexicano, pero perdió un penal en el último y definitivo partido frente a Boca Juniors.

 

MONSALVE Y PONCE

 

No satisfecho con los éxitos de Pablo Galdames, el técnico Joel Monsalve siguió sembrando semillas de fútbol y pronto emergieron otros dos frutos: Edson Monsalve (su propio hijo) y Waldo Ponce, actual zaguero central de Universidad de Chile.

"Comencé a jugar en la Escuela de mi papá, cuando tenía cinco años de edad", señala Edson, un mediocampista y delantero que hizo su camino en varios clubes nacionales, en el extranjero y que actualmente defiende a Unión La Calera.

"Mi papá me formó como jugador y me ayudó a seguir un camino profesional después de muchos sacrificios, entre ellos los viajes que debí hacer durante dos años a Santiago para entrenar en las cadetes de Universidad de Chile... tenía que terminar mis horas de estudiante, para luego tomar el bus y atravesar la capital. Volvía como a las once de la noche, junto con Waldo Ponce", relata el jugador que recibió como recompensa un contrato del club azul y la satisfacción de haber aportado en la obtención de los títulos de 1999 y 2000, bajo la dirección técnica de César Vaccia.

"Mi mejor partido en la 'U' seguramente fue por la Mercosur, cuando enfrentamos en el Defensores del Chaco a Olimpia. Aquel día empatamos 2 a 2 y fui elegido la figura del partido", rememora el delantero calerano.

Su paso por el medio extranjero no resultó del todo satisfactorio para Monsalve. Seis meses en el Colonia alemán y, posteriormente, en el Auxaca, filial del Cruz Azul mexicano, "me dejaron con una espinita clavada de que pude dar más, especialmente en México, donde empecé muy bien, pero después decaí en mi juego inexplicablemente", comenta el andino, quien no pierde las esperanzas de tener una nueva ocasión de partir a tierras foráneas.

 

REGRESO A SUS RAÍCES

 

De la situación actual, señala que "afortunadamente, a mi amigo Waldo Ponce le ha ido bien en la 'U', tras volver de Alemania, donde no le dieron muchas opciones en el Wolfsburgo, y yo que estoy en Unión La Calera, en un plantel con una mayoría de jóvenes, que todavía deben rendir más para obtener mejores resultados".

Como tarea pendiente y mirando hacia el futuro, piensa que algún día vestirá la divisa de Trasandino. "Junto a Waldo vamos al estadio a ver el equipo, cuando podemos, y los dos creemos que, si algún día los dirigentes forman un cuadro más competitivo, no tendríamos inconvenientes en formar parte del equipo...¿A quién no le gustaría jugar por el club de la zona en que nació?", reflexiona en la despedida.

 
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