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La dicha de escribir y la desdicha de vivir

Su sobrino, el senador Carlos Bombal, desmitifica las circunstancias de la muerte de la escritora: "No murió sola".

CLAUDIA CAMPOS

Su paso por los Sagrados Corazones de Alvares

Otra de las huellas de los pasos de María Luisa Bombal por Viña del Mar está en el colegio de los Sagrados Corazones de calle Alvares. A los cinco años llegó al cuidado de las monjas, obligando a sus padres a adelantar su ingreso debido a que ya había aprendido a leer. El establecimiento quedaba a corta distancia de su casa del Pasaje Monterrey y hasta allá iba todos los días a pie, junto a sus hermanas mellizas Loreto y Blanca.

Hasta el día de hoy en el colegio se recuerda con orgullo a esta ex alumna. De hecho, la hermana Blanca Prieto, que todavía realiza algunas clases, conserva con especial cariño una fotografía del año 1924 en que se observa a una precoz María Luisa en uniforme.

También se conservan como un tesoro los libros escritos a mano en cuyas páginas, tras buscar y buscar, se dio con el paradero del paso de María Luisa Bombal por primer año de preparatoria.

En tinta negra y en una preciosa caligrafía que de seguro perteneció a una de las monjitas, es posible ver cómo la escritora ya demostraba talento para las letras. En lectura tenía el primer lugar del curso. Lo mismo en ortografía. Desde entonces ya se hacía patente su aversión, en cambio, a las matemáticas. "Nunca pude dominar las cuatro operaciones", confesó la misma María Luisa alguna vez.

 

El Premio que nunca llegó

 

En las entregas del Premio Nacional de 1974, 1976 y 1978, María Luisa Bombal era la candidata a la que todos daban como ganadora. Escritores y críticos apostaban y hacían campaña por promoverla. Sin embargo, fue ignorada en favor de Sady Zañartu, Arturo Aldunate Phillips y Rodolfo Oroz. Tres autores que, de acuerdo al crítico Ignacio Valente, en la literatura chilena "no existen" y "ni siquiera en la letra chica". Sin embargo, los tres contaban con el apoyo de la Academia Chilena de la Lengua, en la que la Bombal no despertaba precisamente simpatía. Enrique Campos Menéndez, influyente miembro de la época en la academia, hasta el día de hoy sigue argumentando que la escritora "tenía muy poca obra y se dedicó al trago y eso la agarró muy fuerte. Daba vergüenza verla cómo estaba botando su talento", refirió el premio nacional de Literatura de 1986 a una publicación aparecida hace algunas semanas.

El caso de María Luisa Bombal no es el único. Tampoco le fue entregado a Juan Emar, ni a Jorge Tellier ni al recientemente fallecido Roberto Bolaño. El caso más emblemático y vergonzoso, a decir verdad, es de la poetisa Gabriela Mistral, quien tuvo que recibir primero el Premio Nobel de Literatura para que recién en Chile le dieran el Premio Nacional de Literatura. Por suerte.

 

 

Brigitte de Saint Phalle está radicada actualmente en EE.UU.

 

¿Y su hija?

 

La única heredera de María Luisa Bombal sostiene frecuentes contactos con sus primos chilenos.

 

No hay muchos registros de la relación que María Luisa Bombal sostuvo con su única hija, Brigitte de Saint Phalle. Actualmente, la mujer está radicada en Estados Unidos y hasta hace dos meses se encontraba en Nueva York, desde donde se trasladó a la región de Nuevo México.

Según Sara Vial, Brigitte nunca demostró interés por acercarse a su madre. "Si María Luisa le mandaba diez cartas, ella apenas le mandaba una". Según su confidente, fue una de las cosas que nunca pudo aceptar la escritora. "Ay Sara, me decía, no entiendo porqué esta niñita no me quiere".

Una versión distinta a la que tiene Antonio Bombal, primo de la novelista: "Es cierto, la relación entra ellas fue complicada y sufrieron, pero la verdad es que se querían mucho".

Lo mismo nos explica el senador Carlos Bombal, quien aclara que Brigitte hizo su vida en Estados Unidos, donde ha logrado ser una destacada científica. "No es como se ha pintado. Brigitte no pudo venir al funeral de su madre, pero le envió un vestido rojo que era como una túnica que fue el vestido con el que la tía quería ser sepultada y así fue".

Chile quedó en deuda con María Luisa Bombal. El próximo viernes 6 de mayo se cumplirán 25 años de su muerte, acaecida en una sala del Hospital El Salvador en la capital, hecho que sepultó cualquier posibilidad de hacerle justicia a una de las más célebres escritoras de la narrativa chilena.

Nunca se le quiso otorgar el Premio Nacional de Literatura por mezquinos y caprichosos motivos, pese a que entre 1974, 1976 y 1978 era la candidata que más mérito tenía. A la autora de "La última niebla" y "El árbol" se le fue la vida rindiéndose finalmente a su lucha contra la soledad, el distanciamiento de su única hija, y también contra el desprecio de quienes nunca le perdonaron su alcoholismo y aquel episodio protagonizado en 1941, cuando vació tres balas de un revólver en el cuerpo del amor de su vida, Eulogio Sánchez.

El depositario del arrebato de María Luisa salvó de ese incidente, sin embargo la Bombal desde entonces cargó por el resto de su vida con el estigma de haber intentado matar a un hombre motivada por un amor incontrolable que marcó su existencia iniciada en Viña del Mar.

 

NACE EN VIÑA

 

La casa en que nació María Luisa Bombal Anthes un 8 de junio de 1910 todavía está en pie. Al fondo del pasaje Monterrey, por Agua Santa, y signada con el número 52, está esta señorial edificación que ha resistido los embates del progreso y la fiebre inmobiliaria.

Rodeada de edificios, la residencia de dos pisos y 17 habitaciones encierra de seguro muchos secretos no develados de las primeras vivencias de la primogénita del matrimonio conformado por Martín Bombal -quien por entonces se desempeñaba como secretario de la Intendencia Regional- y Blanca Anthes.

En esos años, el ambiente que empapaba a la ciudad no era el mismo de ahora, contagiado con el frenético ritmo de vida. Por entonces, todavía se respiraba el aroma de las flores y se podía sentir el ruido del mar en el ambiente. La misma María Luisa, que durante su vida se repartió entre Buenos Aires, Nueva York y París, lo describió alguna vez: "Viña es a la distancia, un gran jardín profundo y húmedo, con calles donde taciturnos faroles parecían encenderse uno a uno. Allí estaba mi casa desde donde durante la noche, percibíase nítidamente el nacer, alzarse y desplomarse de cada ola".

La edificación, que ha tenido varios dueños desde que fuera habitada por los Bombal Anthes, actualmente está divida en dos casas y no tiene placa alguna que permita identificarla.

Tampoco dato alguno que indique que alguna vez allí vivió la atormentada escritora a la que se le negó el Premio Nacional de Literatura, hecho que para el crítico Ignacio Valente fue "el pago de Chile" para quien tenía mérito de sobra.

Pese a que la casa pasa por cualquier otra, frecuentemente los actuales ocupantes deben atender el timbre de alguno que otro desconocido que llega motivado por un dato aislado.

María Espinoza vive hace 15 años en esta casona y cuenta que muchas veces le ha abierto la puerta a visitantes que llegan preguntando por la casa de la Bombal. "Siempre vienen y son extranjeros, estudiantes de literatura por lo que me explican. Cuando puedo los he dejado pasar, pero me llama la atención que siempre es gente de otros países la que viene".

 

EL PAGO DE CHILE

 

Una manifestación más, al parecer, de esta especie de nube negra que persiguió a María Luisa Bombal. "Ella murió con la pena de no haber recibido el Premio Nacional", se lamenta la que fuera su gran amiga y confidente, la escritora Sara Vial, quien la conoció en el año 1972 cuando regresaba de Estados Unidos al enviudar de su segundo marido, el conde Fal de Saint Phalle, padre de su hija Brigitte.

La vida de esta poetisa que escribía novelas fue compleja. Marcada por dos matrimonios y un gran amor no correspondido -el de Eulogio Sánchez-, a quien conoció en el puerto de Valparaíso a los 20 años, desembarcándose del transatlántico que la traía de regreso al término de sus estudios superiores en París.

Traía en ese entonces la maleta cargada de inquietudes que desembocó finalmente en un grupo de intelectuales con los que se codeó en Santiago, y también en la relación con Sánchez, que se mantuvo entre las sombras por cuanto, pese a estar separado, seguía casado con otra mujer y eso socialmente no era aceptado.

A los 25 años María Luisa publicó su primera novela, La Amortajada, dejando a medio mundo con la boca abierta. "Dónde aprendió esta joven de sociedad, en qué escuela, con qué maestro, su arte inmemorial y leve, esa lengua que lo dice todo y no se siente, que hace ver, oír, saber como de una manera milagrosa, entre angélica y diabólica". Eran las palabras de Alone, quien más tarde formó parte de la serie de escritores que exigían para ella el Premio Nacional.

 

CANSADA YA

 

No permaneció mucho tiempo en Chile. Huyendo del desprecio de Eulogio la escritora partió a Buenos Aires, donde se sumergió en un mundo literario de vanguardia en el que estaba su compatriota y amigo Pablo Neruda, además de Alfonsina Storni, Federico García Lorca y Jorge Luis Borges. En esa época, ya algo resignada a no poder tener a Eulogio, se embarca en su primer y breve matrimonio con el artista Jorge Larco, con quien pese a ser de condición homosexual buscó refugio y protección.

Un par de años después, tras haber publicado sus dos novelas en Argentina y con gran reconocimiento en ese país, regresó a Chile sintiéndose sola y en crisis, período en el cual se registró el episodio de los balazos. Tras cuatro meses de proceso en que quedó liberada por demencia temporal se fue a Estados Unidos, donde se radicó por cerca de veinte años.

Allá reorientó su vida, contrayendo matrimonio con Saint Phalle y dedicándose a la vida social y a escribir guiones en inglés, además de traducir a ese idioma "La amortajada" y "La última niebla". El tiempo y la rutina fueron mermando su ánimo hasta que, con su hija estudiando en la Universidad de Chicago y ya viuda, en 1972 regresó a su tierra, comenzando por entonces un espiral de decadencia que forma parte del mito que le sobrevive hasta hoy.

 

MUERE MARIA LUISA

 

La historia ha sido repetida una y otra vez: "Sola y abandonada en una fría cama de pensionado murió María Luisa Bombal".

A 25 años de su muerte, su sobrino, el senador Carlos Bombal, insiste en que es el momento propicio para desmitificar de una vez por todas las circunstancias que rodearon su muerte.

Habla el parlamentario: "Estamos cansados de este mito en torno a la tía María Luisa que asegura que murió abandonada. Ella estuvo en todo momento asistida y apoyada por su familia. Estaba mi padre, primo hermano de ella, yo, su hermana Blanca y su marido, que habían viajado desde Buenos Aires especialmente para acompañarla, y enfermeras que se preocupaban de ella contratadas para cuidarla día y noche".

El senador continúa: "Me muerdo la rabia cuando leo esta versión que se repite una y otra vez, alimentada en parte por sus amigas y gente que la rodeó, que explotó este cuento de una mujer atormentada que estaba sola. Enérgicamente lo digo: Eso no fue así. Respetando su intimidad y la enfermedad que padecía, ella no estuvo sola en sus últimos días".

 
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