Usted está en : Portada : Reportajes Lunes 2 de mayo de 2005

El hombre de los 300 millones

Ni mecenas ni filántropo; sólo "buenas intenciones" hacia su ciudad, asegura quien donó esta cifra para construir un nuevo edificio consistorial en Limache.

SUSAN ROJAS

"Demasiado estricto"

-Usted nunca se casó.

"No, no tuve la vocación del matrimonio. Habría hecho infeliz a una mujer porque tengo un carácter, no diré dominante, pero estricto. En el matrimonio ambos tienen que ceder, en cambio yo siempre he hecho lo que se debe hacer y al modo que se debe hacer. Estricto. He sido demasiado estricto conmigo mismo".

-¿Tampoco echa de menos tener hijos?

"Nunca, por la sencilla razón de que he visto entre mis amigos muchos fracasos, muchos hijos descarriados porque no tuvieron la firmeza de enseñarles valores. Yo se los habría enseñado, lógicamente".

"No quiero ser el más rico del cementerio", le dijo un amigo a Luis Minardi. Y él comparte la idea. De ahí su costumbre de regalar desde paltas de su quinta hasta el dinero que financia una escuela para niños con problemas. Además, claro, de la donación que llevó su fama más allá de los límites de Limache: 300 millones de pesos para construir una municipalidad nueva. 300 millones. Casi el doble de lo que gana un chileno medio durante su vida laboral. Pero Minardi y su hermana Lina, a través de la fundación Minardi de la Torre, los entregaron a la ciudad.

"El aprecio que tenemos por Limache es muy importante porque uno nació, se crió, se educó aquí. Es un cariño entrañable hacia nuestro pueblo", dice para explicar un gesto que, si bien es el más conocido, no es el primero que realiza. La escuela especial de la Corporación de Ayuda a los Niños Discapacitados Mentales de Limache es una muestra: 200 millones para su construcción y la compra del terreno. ¿Las razones de esta generosidad? "Lo único que va a quedar en el mundo va a ser nuestro cuerpo corrupto. Y las obras que uno pueda haber hecho".

 

-Como la municipalidad.

"Eso sería la municipalidad. Aunque hemos hecho otras cosas importantes".

 

-Pero fue esta donación lo que llamó la atención. ¿Qué le parece la expectación que ha generado?

"Es que la gente no está acostumbrada a estos gestos. Y tendrían que ser normales, porque en realidad uno no se va a llevar nada para el otro mundo".

 

-¿Dice que no tiene sentido acumular cosas?

"No sirve de nada. Hay que tener lo necesario para vivir. Uno nació en un hogar que nunca nos faltó nada, pero muy estricto en cuanto al dinero porque siempre nos supieron enseñar su valor. Eso nos permitió hacer esto. Pero este dinero no es sólo mío y de mi hermana, viene de mis padres, que se sacrificaron mucho. Yo, mi hermana y mi padrino también".

 

EN LOS GENES

 

El origen de ese dinero, efectivamente, está en la familia. Su padre vino de visita desde Italia y terminó radicándose en Limache, donde creó la fábrica de confites La Genovesa. Y también conoció a Ester de la Torre, con quien tuvo dos hijos que pasaron su infancia jugando en la quinta propia y en las vecinas. Minardi padre recién había participado en la Primera Guerra Mundial, por lo que era "muy estricto, tenía ese espíritu militar. Todos marchamos bien, en línea", recuerda Minardi hijo. Aún así, tiene muy buenas impresiones de esa época, como los higos secos y la harina tostada en que gastaba sus 20 centavos semanales.

 

-¿20 centavos era mucho dinero?

"Sí, porque con 10 centavos uno se compraba una bolsa grande de higos secos. Después, cuando tuve un poco más de edad, me subieron a un peso. Con un peso ya se podía hacer mucho".

 

-Supongo que nunca le faltó nada.

"No, era un hogar acomodado para la época".

 

-¿Y sabía que no todo el mundo era igual?

"Sí. Por eso la sensibilidad. Una cosa muy importante es que desde chicos, cinco o seis años, yo apadrinaba una señora y mi hermana un viejito. Entonces, todos los meses, teníamos que ir por obligación al hogar La Paz de la Tarde y llevarles azúcar, yerba mate. Otra cosa importante en mi vida es que tuve una tía que era monja; ella también nos infundió los valores cristianos, de caridad hacia los otros".

 

-¿Usted es muy católico?

"Sí, y trato de ser un buen católico".

 

-¿De ahí la preocupación por los pobres?

"Exactamente. Como dijo Juan Pablo II, los pobres no pueden esperar".

 

CULTURA CONTRA LA POBREZA

 

De la Facultad de Economía de la PUCV Luis Minardi partió a Italia con una beca, y luego se dedicó a la enseñanza de administración y organización de empresas en la PUC. De ahí al mundo de los negocios hubo un solo paso, primero en Costa y luego en la constructora Cánepa.

 

-¿Cómo relaciona el trabajo de empresario con la importancia que da a los pobres?

"Los empresarios también somos sensibles a la pobreza. Yo, entre todas mis actividades, tuve un fundo en Panguipulli, y ahí tuve la oportunidad también de hacer labor social entre la gente del fundo. Les enseñé que tenían que estudiar los niños, conseguí a los chiquillos internos que regresaran el fin de semana a la casa".

 

-Considerando que los pobres no pueden esperar, ¿cuál es el camino para ayudarlos?

"La educación. La cultura. Son dos factores importantes, porque no sacas nada con darle fuentes de trabajo si la gente no tiene ni preparación ni cultura, no lo sabe aplicar. Por eso soy director de la Casa de la Cultura, y se ha hecho mucho aquí en Limache. Creo yo que es una de las ciudades importantes en cuanto a la cultura".

 

-¿La gente lo valora?

"Sí. Y siempre, cuando me tocan audiciones por radio, le digo a los limachinos que tendrían que sentirse orgullosos por la cultura que se da".

 

-¿Están orgullosos?

"Yo creo que sí. En su fuero interno se sienten orgullosos".

 

-Además a usted le gusta el arte.

"Sí, sí. En la casa siempre escuché ópera, a mi padre le gustaba. Fui muy incentivado a la lectura, leía en ese tiempo la colección La Linterna. Ahora estoy releyendo a Herman Hesse. Me gusta mucho leer biografías, acabo de leer la de don Pascual Baburizza, un hombre también de mucho empuje que dejó muchas cosas aquí en la región".

 

-¿Y la pintura?

"Me gusta mucho; la pintura chilena, la tradicional, de la academia. Ponte tú, no colgaría un cuadro de Roberto Matta en mi casa porque no dice nada, no transmite nada; en cambio si tienes un bonito paisaje te transmite una cosa bucólica".

 

ARTE PARA TODOS

 

-¿Cuándo empezó a coleccionar pintura?

"A los 20 años. Y antes, porque mi padre era muy bueno para ir a remates de cosas antiguas, entonces yo le decía 'papá, me gusta ese cuadro' y él 'ya, te lo voy a rematar'. Tengo muchos cuadros que no están colgados porque no hay capacidad para colgar tantos, pero los voy cambiando cada cierto tiempo".

 

-¿Ha abierto la colección?

"El año pasado, ponte tú, organicé una exposición de Carlos Pedraza, Premio Nacional de Arte. Después vino 'Maestros de la Pintura Chilena en la Pintura Humana'. Después 'Flores y Frutas en los Maestros de la Pintura Chilena'. Y después 'Paisajes en los Maestros de la Pintura Chilena'. Toda mi colección fue dada a conocer así en forma rotativa".

 

-¿Tuvo buena acogida? Porque hay quienes creen que a los más pobres no les interesa la cultura, pero otros dicen que no se acercan sólo porque no tienen acceso.

"Exacto, no tienen la oportunidad. Aquí las oportunidades se dan. Todo lo que hace la Casa de la Cultura es gratis".

 

-¿Ve los frutos de todo este trabajo? ¿Mejora la situación?

"Sí, va mejorando por la sencilla razón que yo le tomo el pulso a los alumnos que se inscriben en la Casa de la Cultura. Este año se ha inscrito tanta juventud, vibran con las cosas".

 

-También se puede decir que la gente pobre necesita cosas concretas como casa o trabajo.

"Bueno, pero todo en su justa medida. Antiguamente se le daba la casa y la gente vendía los artefactos sanitarios. Falta de cultura. Entonces hay que darle cultura a la gente, que sepa aquilatar lo que tiene en sus manos, que sepa querer lo que le han dado. Porque generalmente a las cosas que se regalan no se les toma el valor que tienen".

 

NI SALÓN NI CALLE "MINARDI"

 

Su día empieza temprano, a eso de las seis de la mañana. Dice que no necesita dormir demasiado. Esa costumbre fue una ventaja cuando debía ocuparse de los negocios a cualquier hora de la noche, pero ahora dedica el tiempo a otras cosas. Como pasear por Limache en su automóvil escuchando la radio de la USM y de paso trasladando conocidos. O como recorrer su quinta, desde el jardín por el cual pasean gallos de la pasión y pavos reales hasta los asientos que, entre esculturas y bajo los paltos, ofrecen una gran vista del valle y La Campana.

 

-¿Tener más recursos le significa enfrentar mucha envidia?

"De seguro. Pero uno se siente con su conciencia tranquila porque todo el trabajo que uno ha tenido durante tantos años, más de 50, ha dado sus frutos. Podemos compartir con los demás. Un amigo mío decía 'no quiero ser el más rico del cementerio'. Mi padre siempre me inculcó que hay que dar las cosas con las manos calientes. No sacaríamos nada, nosotros con mi hermana, de hacer un bonito testamento. Que le duela a uno, porque después de muerto qué le va a doler".

 

-¿Y los prejuicios? ¿Alguna vez le ha complicado?

"No, porque aquí la gente es muy sencilla, comprende las cosas. Uno siempre fue, aquí en Limache, una familia que tuvo recursos. Y ahora llega el momento en que hay que soltar. Mi padre hizo muchas obras también, entonces esa es una herencia que uno tiene".

 

-¿Cómo le gustaría que lo recordaran?

"No, que dijeran 'mire lo que hizo esta familia limachina por Limache'".

 

-¿Y un "Salón Minardi" en la municipalidad, o una calle con su nombre?

"No, no tenemos esas pretensiones. Uno no busca halagos".

 

-¿Por qué no hace estas obras anónimamente, entonces?

"Pasa lo siguiente: yo pedí, en la Municipalidad, que nosotros íbamos a manejar los dineros por la sencilla razón que si se lo dábamos tienen que pedir propuesta pública. La escuelita de niños discapacitados no se inauguró, podríamos haber llamado al ministro de Educación, tanta gente, pero no. Y este asunto de la construcción de la Municipalidad de Limache, claro, ha trascendido porque es un aporte importante que no lo podíamos tener oculto".

-¿Filántropo? ¿Mecenas? ¿Cómo se define?

"No, soy un hombre de buenas intenciones -nada más- para con mi pueblo".

 
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