Usted está en : Portada : Reportajes Martes 26 de julio de 2005

El retrato de don Diego

Como en vida nunca quiso posar, en su lecho de muerte el pintor italiano Camilo Domeniconi hizo los esbozos para el retrato posterior.

Alfredo Larreta Lavín

Don Diego José Pedro Víctor Portales Palazuelos tuvo en vida, y también con su trágica muerte, una profunda vinculación con Valparaíso.

Es ampliamente conocido que don Diego fue asesinado el 6 de junio de 1837, en el que entonces se llamaba como el cerro del Barón, hoy cerro Placeres, por los sublevados del regimiento "Cazadores del Maipo" de Quillota, que habían hecho preso a don Diego y lo trasladaban a este puerto.

Comandaba aquel regimiento el coronel José Antonio Vidaurre, quien ordenó a sus hombres marchar sobre Valparaíso para lograr el apoyo del regimiento acantonado en el puerto, conocido como los "Cívicos". Al llegar a Placeres, se enteraron que no contaban con ellos y que, al contrario, les combatirían, registrándose algunos intercambios de disparos. El grupo que conducía a don Diego en un birlocho, era encabezado por el capitán Santiago Florín, hijastro de Vidaurre.

Este hizo bajar del coche a Diego Portales y ordenó a sus soldados que le dispararan, quedando allí tendido. El asesinato fue monstruoso, acribillado a balazos, uno de ellos del propio Florín, que le remató, y 32 ballonetazos.

El movimiento revolucionario originado en Quillota, ya no tenía sentido y Florín y algunos de sus hombres, incluyendo a Vidaurre, emprendieron la fuga.

Un mes más tarde serían apresados y fusilados, el 4 de julio del mismo año, en la plaza de Orrego, actual plaza de la Victoria.

EL RETRATO

El cuerpo del ministro fue trasladado hasta la denominada Quinta de Portales, donde viviera por varios años, y que estaba ubicada en calle Eusebio Lillo con La Palma, donde hoy se ha levantado un establecimiento educacional.

Allí se le practicaba la autopsia en la misma noche y se le extraía el corazón, ya que una comisión de vecinos había solicitado al gobernador que quedara en Valparaíso.

En las afueras se apretujaba la gente, aún no convencida de que el amado lider y verdadero conductor de la nueva república, yacía allí sin vida.

El cuerpo fue puesto en su mismo dormitorio, sobre una cama y se dispuso que el pintor italiano Camilo Domeniconi hiciera algunos apuntes para un retrato, de aquel hombre que había muerto a los 44 años de edad.

En vida, don Diego se había negado a retratarse, de modo que se hacía necesario conservar su imagen.

El pintor solicitó al hermano de Portales, Miguel, que tenía un gran parecido, que le posara, para definir la mandíbula que le fuera arrancada de un balazo.

La escritora Magadalena Petit recrea aquellos momentos.

Era mucho el parecido de las facciones entre los dos hermanos, pero cuan distinta la expresión. Nunca sabría este pintor que no había conocido a don Diego, reproducir aquella boca en cuyos labios finos vagaba -sutil diseño aflorante del alma- una ligera sonrisa, ya benévola, ya burlona o sarcástica; ni podría fijar aquellas pupilas engastadas en un iris claro, que miraban con intensidad y a veces clavaban.

El pintor miraba a su modelo entornando un poco los párpados y medía con el pulgar en alto ciertas misteriosas distancias. Trazó enseguida unas cuantas líneas.

-Basta para este esbozo -dijo-; cuando me ponga a la obra, necesitaré que me conceda usted dos o tres sesiones.

El fiel Antonio Garfias le decía al pintor:

-No volverá usted a ver nunca tan hermosa cabeza: como que cupieron en ella las más altas concepciones. La vida exuberante de don Diego tiene que dejarla usted estampada para siempre en su cuadro.

El corazón queda pues, en Valparaíso y el cuerpo de don Diego, embalsamado por el doctor francés Cazendre, después de 30 días en la Iglesia La Matriz, es llevado a Santiago para las honras fúnebres, escoltado el carro mortuorio por una compañía del Valdivia y otras de las guardias cívicas. Cabe recordar que la figura de don Diego que llevaban los billetes de cien pesos, del año 1975, se basó en el retrato de Domeniconi.

EL CORAZóN DE DON DIEGO

La resolución oficial de dejar el corazón en Valparaíso, fue adoptada por el Ministerio del Interior el 14 de junio de ese año .

En 1941 la Municipalidad de Valparaíso aprobó el gasto para erigir un mausoleo en el Cementerio Nº 1 que guardaría el corazón del prócer. Los mármoles fueron encargados a Italia y la obra fue entregada en marzo de 1946. El mausoleo era uno de los lugares más visitados del camposanto.

El terremoto de 1906 redujo a ruinas el hermoso mausoleo. Un modesto jardinero del cementerio, Bernardino Castro, fue quien rescató el corazón. Según el historiador porteño, Roberto Hernández, Castro se detenía diariamente con inmenso respeto ante aquel corazón misterioso que se guardaba en una redoma de vidrio. El jardinero tenía verdadera reverencia por la reliquia de Portales y le ofrendaba algunas flores de las que se cultivan en los prados de las tumbas.

Trabajó afanosamente hasta que lo encontró entre las ruinas. La redoma la puso en manos del inspector del cementerio, Abel R. del Canto, quien a su vez lo entregó al gerente del Banco Edwards, Ricardo H, de Ferrari, que en un copón de plata, lo depositó celosamente en una caja de seguridad de la bóveda del banco, donde estuvo hasta el 21 de mayo de 1915, en que fue trasladado a una columna de mármol en la iglesia del Espíritu Santo.

El 6 de junio de 1956, luego que fuera demolida esta iglesia, el copón fue trasladao hasta la Iglesia Catedral, donde hoy permanece.

 

 
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