| Usted está en : Portada : Paticanes de la V región | Viernes 7 de octubre de 2005 |
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Pese a que ha encontrado buenos amigos, confiesa: "no hay día de mi vida que no quiera volver". |
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Carolina Vicencio está casada con Sebastián de la Cuadra. Tiene tres hijos: Diego (9), Tomás (7) y María Ignacia (2). Originaria de Quillota, lleva más de dos años en el estado de Michoacán, en México, viviendo en Uruapán, la capital mundial de la palta. Desde la distancia cuenta que no es la primera vez que se van a vivir fuera de Chile. "Años atrás estuvimos viviendo en Lima, Perú, también por razones de trabajo, así es que ya sabíamos cómo era estar lejos de la familia", apunta. A fines de marzo del 2003 y producto de una buena oferta laboral relacionada con el producto, Sebastián se fue a México. Llegó a la casa de un amigo mexicano, Eduardo González, a quien había conocido en un congreso mundial de la palta que se había realizado en ese país en 1999. TODOS JUNTOS Debieron pasar tres meses para que llegara a su lado Carolina, con sus tres hijos. "Nos esperaban a comer en la casa de Eduardo. No conocía a su familia pero nunca imaginé que ahí encontraría a una gran amiga que me acogió como una hermana", explica. Fue en esa oportunidad también en que conocieron a los padres y hermanos de Eduardo, todos los cuales pasaron a ser, de modo inmediato, su familia mexicana. Con ellos, agrega, hemos compartido fechas muy importantes, como Navidad. Acerca de cómo son los mexicanos, Carolina explica que son personas muy amables y cariñosas, que los han recibido con los brazos abiertos y que tienen un especial cariño por los chilenos. Se trata, dice, de seres muy tradicionalistas, orgullosos de su cultura y que no olvidan celebrar todas las festividades. Incluso, destaca, todavía existen las fiestas de los barrios, en las que se cierran las calles, hay juegos (como carruseles y camas elásticas), se vende comida y a las cuales también llegan los mariachis. "Lo más bonito es cómo se reúnen todas las personas para organizar el festejo. Decoran las calles con los colores de la bandera mexicana", explica, al tiempo que reconoce que los chilenos tenemos mucho que aprender de los mexicanos, como la cultura del deporte. Respecto de la tierra que los acogió, Uruapán, Carolina cuenta que es una de las zonas de más activo intercambio comercial con Chile por el tema de la palta. De hecho, Quillota y Uruapán son ciudades hermanas. Una hermandad que hasta en el clima se manifiesta, dado que se trata de una zona húmeda, donde llueve con calor en la temporada de precipitaciones y casi a diario hay tormentas eléctricas. Algo que sin duda para ella no ha pasado desapercibido. "Le tenía terror a los truenos, los rayos, pero me he tenido que ir acostumbrando. La primera tormenta que pasé me puse a llorar, cerré todas las ventanas y desenchufé todos los artefactos de la casa. Empezó a granizar y le hablé a mi esposo para que se viniera pero no pudo, así que tuve que hacerme la valiente y ponerme a jugar con los niños mientras pasaba". Otro de los aspectos que le ha llamado la atención es la infinidad de insectos diferentes con los que se ha topado, muchos de los cuales son venenosos, como los alacranes y los cienpié. En una ocasión, recuerda, en el quincho se le apareció una serpiente venenosa, tipo "hocico de puerco", que tampoco tiene antídoto. "Estaba sola con los niños, mi esposo andaba de viaje. Le tengo terror a las serpientes y diría que después de la muerte es mi peor miedo". En ese momento, prosigue, se puso a gritar y fueron sus vecinos quienes la socorrieron. Debido a todas esas experiencias, primero pensó en devolverse a Chile, pero no podía, así que hoy opta por decirles a sus hijos que no pueden agarrar insectos. PARA PENSAR Pese a tantas maravillas, hay algunos temas que a Carolina le preocupan. Por ejemplo, la región donde vive, cuenta, es habitada por mucha gente relacionada con el narcotráfico y también existen muchos secuestros.
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