Usted está en : Portada : Paticanes de la V región Viernes 14 de octubre de 2005

"Pensábamos volver a los 5 años"

Reconoce que en Norteamérica han encontrado todo en términos materiales; salvo las lúcumas.

 

OSVALDO ÁLVAREZ

El romance es el ingrediente que no quiere perder esta pareja.

Nombre: María Josefa Ramírez de Silva.

Procedencia: quillotana.

Oficio: dueña de casa.

Estado civil: casada y dos hijos; además de tener una familia grande con 10 hermanos.

Domicilio: Pickering, Ontario-Canadá.

 

 

"Mis papás"

"Mis papás son excelentes personas. Lucharon un mundo por nosotros. Él fue un quillotano que ayudó mucho... en Amicat (Amigos Católicos), la iglesia, como regidor y en muchas otras actividades ciudadanas. Mi mamá, en cuyo cumpleaños número 80 nos juntamos los 10 hijos y le celebramos, trabajó mucho. Una vez que jubiló, instalaron la tradicional roticería "Doña Gabriela" y aún teje para sus 32 nietos y 12 bisnietos, fieles de la Virgen de Pompeya, fe inculcada en todos nosotros. Ella sigue muy activa y preocupada de su familia, que está repartida en España, Canadá, Limache, Curauma y Viña… la verdad es que sueña con tenernos en Chile".

 

 

Sus tres hombres

María Josefa nos asegura que "hoy en día soy una feliz dueña de casa, apoyando a mis tres hombres en sus actividades extras, que son el deporte, especialmente el fútbol".

Puntualiza que "mi marido se dedica a la computación y se nos hacen pocas las horas del día para cumplir con las tareas. Pertenezco a un antiguo y distinguido club de señoras latinas, "Cervantes" (formado por una chilena), en que nos reunimos una vez al mes. También organizo fiestas con los amigos y familiares, como ser Año Nuevo y Fiestas Patrias. Hoy en día mi hobby es comunicarme con mi familia y amistades a través de internet y teléfono".

 

En la ciudad de Pickering, Canadá, la señora María Josefa Ramírez tiene una Barbie "vestida de huasa". Y no precisamente porque le guste jugar a las muñecas, sino porque atesora todos los recuerdos, regalos y símbolos de su lejana patria: Chile.

Ella y su esposo Manuel Silva son oriundos de Quillota, de familias antiguas de la región. Por cosas del destino emigraron del país después del pronunciamiento militar. Su caso no fue político, sino económico. Iban por un par de años y terminaron quedándose. Esta es su historia.

 

LARGO ROMANCE

Recuerda que conoció a su futuro esposo en la calle, cuando tenían apenas 13 y 14 años. Luego vino el cortejo. "Para una fiesta de curso de una de mis hermanas… bailamos "Atardecer" por "Los Primos", dice aún enamorada.

Tras 9 años de pololeo se casaron en la capilla del colegio de ella (Nuestra Señora del Huerto) el 8 de diciembre de 1973. "Ya habíamos iniciado los trámites para emigrar, y a causa de lo acontecido el 11 de septiembre los papeles se atrasaron y nos vinimos el 15 de Julio del '74. ¿Por qué? simplemente por cuestiones económicas, no veíamos futuro como para siquiera arrendar algo, y se nos presentó la invitación de una de mis hermanas que ya estaba acá".

No olvida lo que le costó irse: "dejar a mi queridos papás, mis hermanos, fue duro y juramos volver en 5 años, juntar plata y regresar a lo que tanto nos costó dejar. El destino nos tenía otra sorpresa... comenzamos a acostumbrarnos, a desprendernos de nuestros lazos y formar nuestro hogar acá".

Aprendieron inglés, luego vino el trabajo, los niños y se fueron quedando en Norteamérica.

 

NOSTALGIA

Han pasado 31 años y no por eso han dejado de sentir nostalgia de la Quinta Región y Chile, afirma María Josefa.

 

-¿Cómo es la vida por allá en Canadá?

"Acá el clima es de calor o nieve, pero a todo se acostumbra uno. Se encuentra de todo, excepto lúcumas. Hay un restorán-panadería, "La Rosa Chilena", vamos muy seguido porque la señora Magaly cocina rico y disfrutamos las cazuelas, el bistec a lo pobre, y sobre todo el pan, que es exquisito.

-¿Qué siente cuando viene de visita a Chile?, ¿nota grandes diferencias?

"Bueno, acá somos todos iguales, nuestros amigos son peruanos, uruguayos, argentinos, etcétera, todo es organizado, limpio y ordenado. Con pesar veo que allá nadie cuida; y todo es vivir por el que dirán. Eso es lo que siempre nos sorprende, que habiendo tanto hoy en día, tanto mall hermoso (y más lindos que los de acá) uno tiene que esconder lo que compra, y mirar más la cartera que lo que se está sirviendo por el temor al robo. Es triste pero es la realidad".

Y agrega que "igual me encantaría encontrar acá una buena modista, una buena peluquera y depiladora, algo que uno se apronta al planear viajar. Y lo mas triste...es que los pasteles y tortas las hacen con otro manjar... me encanta que allá todo lo siguen envolviendo en papel de regalo, y que los precios son lo que dicen, es decir no le aumentan el impuesto como acá".

 

-¿Cómo ve usted a la nueva generación de chilenos que viven en Chile?

"Veo con mucha pena que los jóvenes beben y se drogan quizás mas que acá... ya no le dan el asiento a los mayores, y al caminar los garabatos no paran de escucharse... pero ¿sabe?, no tiene idea de cómo disfruto de los piropos; acá nadie piropea".

El contacto con su patria nunca se perdió. Los ahorros siempre fueron para ir a Chile, principalmente a Quillota. "Por lo menos hemos ido diez veces. Sólo el verano 2003-2004 fuimos con otra idea a Chile, ir a conocer algo y mostrarles a nuestros hijos el Sur de Chile". Pero quedaron con gusto a poco y se aprontan a venir nuevamente.

 
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