Usted está en : Portada : Reportajes Lunes 17 de octubre de 2005

La isla de la fantasía

Entre la prisión y el tesoro.

 

Hay antiguas experiencias carcelarias insulares con variables resultados que hasta se extienden al turismo, cuestión inesperada que sobrepasa el derecho penal

Julio Hurtado

Alcatraz

La efectividad regeneradora de las prisiones isleñas nadie la puede garantizar. Lo que sí se puede garantizar es que esos penales, ya clausurados, bien mantenidos y con un buen marketing, se convierten en atractivos polos turísticos.

La más taquilleras de la cárceles isla del mundo, Alcatraz, situada en la bahía de San Francisco, Estados Unidos, atrae anualmente el doble de los turistas que lleva Machu Picchu. Claro que está a minutos de San Francisco, quizás la ciudad más hermosa de los Estados Unidos, y el costo del viaje desde la costa es de unos pocos dólares.

Entre 1934 y 1963 fue una prisión de alta seguridad destinada al jet set de hampa. Al Capone, el huésped más destacado. Se garantizaba a los presos atención de salud, buena comida y seguridad...seguridad que no podrían burlar, lo que era efectivo. Los reos podían disfrutar de hermosa vista al mar, calefacción y dos canales de radio. La prisión hoy luce flamante con sus celdas individuales, con baño privado y tupida reja exterior.

Los turistas son recibidos en una pequeña sala de cine donde una película muestra la historia del penal. Posteriormente, previo pago, el visitante recibe un walkman que en idioma a elección le va indicando la historia de cada lugar de la cárcel que recorre.

A la salida un bien provisto quiosco vende golosinas varias, souvernirs y folletos sobre la historia y configuración de la prisión. Las pérdidas que Alcatraz provocaba al estado norteamericano, motivo de su clausura, son ahora revertidas con la presencia de miles de turistas que han convertido una visita a la famosa cárcel en un grato paseo de fin de semana.

 

Isla 10

 

Así se llama el libro que escribió en 1986 Sergio Bitar, actual ministro de Educación. Allí relata su experiencia carcelaria en la austral isla Dawson, donde fueron llevados varios personeros tras el 11 de septiembre de 1973. El nombre en clave de Dawson en esos años era "Isla 10".

Se trata de una historia de dolor, desencuentros y generosidad. Reflexiona Bitar sobre su libro: "Había terminado el período más trágico de mi vida; había pasado por una experiencia que jamás imaginé podía darse en mi patria, y después de ella sentía el imperativo, la necesidad de trasmitir esa vivencia. Aunque la leyera solamente una persona, era mi deber describir y alertar".

 

 

Las islas están de moda. La isla del tesoro, la isla cárcel. La primera, popularmente conocida como Juan Fernández, nombre oficial Robinson Crusoe, ocultaría en sus entrañas 900 toneladas de oro. La vilipendiada isla cárcel en los mares australes propuesta por Joaquín Lavín costaría 25 millones de dólares. Así, con el tesoro de Juan Fernández el Fisco de Chile, propietario legal de las barras de oro, collares y anillos papales que entre otras cosas conformarían el esquivo entierro, perfectamente podría construir esa prisión y sobraría harto dinero para seguir estirando el Metro de Santiago y pavimentar algunas callecitas en regiones. Todo esto, por cierto, con la colaboración de Arturito.

Para muchos ambas materias -isla del tesoro e isla cárcel- se podrían refundir en un solo nombre: la Isla de la Fantasía, aquella popularizada por la TV con su enano, con su avión y con grupos de turistas intentando concretar sus sueños.

 

UNA VIEJA IDEA

 

La creación de una isla prisión para confinar a los delincuentes y también a los disidentes no es nada de nuevo.

Francia, donde se proclamaron los derechos humanos en el siglo XVIII, comenzó a enviar delincuentes y opositores a una insalubre isla de su Guayana, conocida como la Isla del Diablo.

Allí estuvo recluido el capitán Dreyfus, falsamente acusado de espionaje a favor de Alemania a fines del siglo XIX en un proceso célebre animado por el famoso "J'acusse...!" de Emile Zola, ardiente denuncia periodística dirigida al entonces Presidente de Francia.

Fue una isla cárcel de condiciones atroces llamada "la guillotina seca". Los convictos conservaban la cabeza pero iban lentamente a la tumba víctimas de maltratos y de pésimas condiciones de salud, alimentación y alojamiento. Dejó de funcionar en 1951 y actualmente se incluye en los cruceros turísticos que recorren las costas atlánticas y caribeñas.

Las dramáticas y casi imposibles fugas desde la isla inspiraron el filme "Papillón", con la actuación de Steven McQueen.

LA ISLA DEL TESORO

Robinson Crusoe, nuestra "Isla del Tesoro", tiene también una vieja historia penitenciaria. Bajo el mandato del virrey del Perú Manso de Velasco, 1754, se estableció allí una colonia penal para presos de alta peligrosidad, culpables de delitos comunes o políticos.

Los reos eran dejados en la playa con mínimos recursos y así debían sobrevivir.

Más adelante se organizó el penal y tras el desastre de Rancagua, 1814, fueron confinados allí decenas de patriotas, quienes fueron liberados en 1817 por el bergantín "Aguila", al mando del capitán norteamericano Raimundo Morris.

Empate post mortem: una calle de Santiago recuerda a Manso de Velasco y otra de Valparaíso a Morris.

Sucesivos usos carcelarios mantuvo la isla en el Siglo XIX, con obligados residentes, delincuentes y políticos.

Ya en el siglo XX, bajo la Presidencia de Pedro Montt, se creó una colonia penal agrícola en la isla Más Afuera, Alejandro Selkirk, nombre oficial, también parte del langostero archipiélago de Juan Fernández, con un total de 190 reos. La experiencia terminó en 1913 debido a los fracasos agrícolas y al hundimiento de la nave que hacía el viaje desde el continente. Ganadores fueron los presos, algunos con indultos y otros con reducciones de penas.

Años más tarde, 1927, en la presidencia de Carlos Ibáñez se reabrió esa colonia penal recluyéndose allí a cerca de 200 delincuentes comunes y disidentes políticos.

Siete condenados, encabezados por el dirigente sindical Castor Vilarín, emprendieron la fuga en un bote. El mar se los tragó para siempre.

El penal fue desmantelado en 1931, tras la caída de Ibáñez, quien llegaría nuevamente a La Moneda en 1952.

PRISIÓN Y MATRIMONIO

Otra experiencia penitenciaria isleña se inició en 1944 en la isla Santa María, situada frente a Coronel, VIII Región. Fue destinada a reos de poca peligrosidad, quienes trabajaban en un régimen abierto, amenizado con esporádicas fugas estimuladas por la fragilidad de la vigilancia.

La prisión se mantuvo hasta 1989 pero algunos presos prefirieron quedarse casándose con isleñas y hoy tienen familias estables con hijos mayores.

Moraleja: a veces es más fácil huir de una cárcel que escapar del matrimonio.

 

 
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