| Usted está en : Portada : Reportajes | Lunes 17 de octubre de 2005 |
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Entre la prisión y el tesoro.
Hay antiguas experiencias carcelarias insulares con variables resultados que hasta se extienden al turismo, cuestión inesperada que sobrepasa el derecho penal Julio Hurtado |
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Las islas están de moda. La isla del tesoro, la isla cárcel. La primera, popularmente conocida como Juan Fernández, nombre oficial Robinson Crusoe, ocultaría en sus entrañas 900 toneladas de oro. La vilipendiada isla cárcel en los mares australes propuesta por Joaquín Lavín costaría 25 millones de dólares. Así, con el tesoro de Juan Fernández el Fisco de Chile, propietario legal de las barras de oro, collares y anillos papales que entre otras cosas conformarían el esquivo entierro, perfectamente podría construir esa prisión y sobraría harto dinero para seguir estirando el Metro de Santiago y pavimentar algunas callecitas en regiones. Todo esto, por cierto, con la colaboración de Arturito. Para muchos ambas materias -isla del tesoro e isla cárcel- se podrían refundir en un solo nombre: la Isla de la Fantasía, aquella popularizada por la TV con su enano, con su avión y con grupos de turistas intentando concretar sus sueños.
UNA VIEJA IDEA
La creación de una isla prisión para confinar a los delincuentes y también a los disidentes no es nada de nuevo. Francia, donde se proclamaron los derechos humanos en el siglo XVIII, comenzó a enviar delincuentes y opositores a una insalubre isla de su Guayana, conocida como la Isla del Diablo. Allí estuvo recluido el capitán Dreyfus, falsamente acusado de espionaje a favor de Alemania a fines del siglo XIX en un proceso célebre animado por el famoso "J'acusse...!" de Emile Zola, ardiente denuncia periodística dirigida al entonces Presidente de Francia. Fue una isla cárcel de condiciones atroces llamada "la guillotina seca". Los convictos conservaban la cabeza pero iban lentamente a la tumba víctimas de maltratos y de pésimas condiciones de salud, alimentación y alojamiento. Dejó de funcionar en 1951 y actualmente se incluye en los cruceros turísticos que recorren las costas atlánticas y caribeñas. Las dramáticas y casi imposibles fugas desde la isla inspiraron el filme "Papillón", con la actuación de Steven McQueen. LA ISLA DEL TESORO Robinson Crusoe, nuestra "Isla del Tesoro", tiene también una vieja historia penitenciaria. Bajo el mandato del virrey del Perú Manso de Velasco, 1754, se estableció allí una colonia penal para presos de alta peligrosidad, culpables de delitos comunes o políticos. Los reos eran dejados en la playa con mínimos recursos y así debían sobrevivir. Más adelante se organizó el penal y tras el desastre de Rancagua, 1814, fueron confinados allí decenas de patriotas, quienes fueron liberados en 1817 por el bergantín "Aguila", al mando del capitán norteamericano Raimundo Morris. Empate post mortem: una calle de Santiago recuerda a Manso de Velasco y otra de Valparaíso a Morris. Sucesivos usos carcelarios mantuvo la isla en el Siglo XIX, con obligados residentes, delincuentes y políticos. Ya en el siglo XX, bajo la Presidencia de Pedro Montt, se creó una colonia penal agrícola en la isla Más Afuera, Alejandro Selkirk, nombre oficial, también parte del langostero archipiélago de Juan Fernández, con un total de 190 reos. La experiencia terminó en 1913 debido a los fracasos agrícolas y al hundimiento de la nave que hacía el viaje desde el continente. Ganadores fueron los presos, algunos con indultos y otros con reducciones de penas. Años más tarde, 1927, en la presidencia de Carlos Ibáñez se reabrió esa colonia penal recluyéndose allí a cerca de 200 delincuentes comunes y disidentes políticos. Siete condenados, encabezados por el dirigente sindical Castor Vilarín, emprendieron la fuga en un bote. El mar se los tragó para siempre. El penal fue desmantelado en 1931, tras la caída de Ibáñez, quien llegaría nuevamente a La Moneda en 1952. PRISIÓN Y MATRIMONIO Otra experiencia penitenciaria isleña se inició en 1944 en la isla Santa María, situada frente a Coronel, VIII Región. Fue destinada a reos de poca peligrosidad, quienes trabajaban en un régimen abierto, amenizado con esporádicas fugas estimuladas por la fragilidad de la vigilancia. La prisión se mantuvo hasta 1989 pero algunos presos prefirieron quedarse casándose con isleñas y hoy tienen familias estables con hijos mayores. Moraleja: a veces es más fácil huir de una cárcel que escapar del matrimonio.
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