| Usted está en : Portada : Reportajes | Lunes 17 de octubre de 2005 |
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Esta vertiente mediática, criticada y odiada por muchos que en más de alguna oportunidad le han dado la extremaunción, se niega a murir nutriéndose de un bien inagotable: los escándalos. ALEJANDRO NOGUÉ |
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En Chile, un país serio -dicen-, años atrás mirábamos con lejanía y sorpresa que en la televisión por cable se exhibieran programas (norteamericanos, españoles, argentinos y peruanos) que se sostenían en base a escándalos de infidelidades, alcohol, drogas, prostitución y agresiones físicas. Con el paso del tiempo, y varios cambios socioculturales experimentados en el país, esta tendencia se fue metiendo con tal fuerza en los medios que ahora es habitual ver cómo los mismos temas son abordados en pantalla, pero con nuestras figuras locales como protagonistas. Es así como en un par de semanas nos podemos desayunar con variados escándalos: un cantante y su esposa aparecen envueltos en la regencia de un prostíbulo; un animador choca de madrugada su automóvil en evidente estado de ebriedad; un actor chileno y una modelo trasandina bajan de la nieve siendo perseguidos por paparazzis a una velocidad que pone en riesgo sus vidas; una diva, casada con un ex presidente argentino acusado de varios cargos durante su gobierno, regresa a la TV con un estelar que hace noticia por cualquier cosa; otra modelo, que a sus 26 años escribe su autobiografía, afirma que un famosillo bohemio, hermano de un candidato a la presidencia, la amenazó durante un turbio embarazo; el ganador y animador de un reality cae bajo sospecha de ser homosexual y de querer desviar la atención con romances truchos; y, por supuesto, no podía faltar esa modelo y animadora que ha dado mucho material a la prensa rosa tras comprometerse con la principal figura del fútbol nacional, a quien deja plantado en el altar, para meses después ser descubierta con otro ídolo del deporte chileno, con el que se casa secretamente, para semanas más tarde regresar de un viaje al extranjero transformada en víctima de un extraño accidente que termina con ambas figuras recriminándose en pantalla. ¿DOBLE ESTáNDAR? Todos estos casos, comparados con aquel mechoneo ocurrido en una discotheque en junio de 1999 (hito que marca el inicio del periodismo de farándula en Chile), dan cuenta de una tendencia donde los medios, y el público, parecieran pedir hechos que sean cada vez más truculentos, requiriendo además mayor profundidad en los detalles (llámese curiosidad o morbo). En contraste, estudios hablan del poco interés y de una valoración negativa que hacen los chilenos respecto a la farándula, algo que contrasta con los buenos rating que marcan los programas dedicados a esta área. Para algunos esto parece normal, ya que así como pocos se atreven a reconocer el consumo de pornografía (siendo un negocio mundial que factura miles de millones de dólares), la gente también niega preferir este tipo de productos. Los defensores de la farándula ven en ella justicia social, un ejercicio democrático (desconocidos que logran popularidad de la nada en los reality), donde a través de este periodismo se logra sacar a los famosos de sus pedestales para mostrarlos como personas comunes y corrientes que sufren los mismo problemas de todos. Y obviando los lugares comunes (ésos que hablan de los límites entre vida y privada y de la ventanita que se abre y después no se puede cerrar), lo cierto es que la tendencia también ha consistido -a nivel televisivo por lo menos- en dejar estos temas en los reductos de los programas especializados, ya que los noticieros no han sido permeados con estas informaciones (sólo ocupan el 1 % de su cobertura). MUERTE APLAZADA "La farándula está muriendo", se ha dicho en más de alguna oportunidad en el último tiempo. Pero cuando alguien se atreve a pronunciar esa frase (los que quieren una televisión más seria y "sin basura"), siempre ocurre algún hecho que pone a estas noticias en la conversación cotidiana de los chilenos (incluso transformándola en el tema predilecto para romper los silencios en las mesas familiares). Y es que la farándula se nutre de un bien inagotable, los famosos y sus escándalos, algo que no falta en ningún país, menos en uno donde a la gente le encanta hablar de los problemas de los demás. La TV farandulera sigue buscando su nicho, sus límites, su razón de existir, y mientras se acomoda -con varias luces amarillas que se encienden cada cierto tiempo-, la cajita idiota sigue haciéndole honor a su nombre, ya que parece ser que siempre habrá alguien que le dé razón de ser a ese adjetivo.
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