Usted está en : Portada : Editorial Sábado 21 de enero de 2006

Educación patrimonial
 

Se debe reconocer la lucidez de quienes imaginaron el programa de capacitación que permitirá trasladar los contenidos del fenómeno patrimonial a cientos de niños y jóvenes de la ciudad. En realidad, un aporte sustantivo.

 

Es irreversible que Valparaíso adoptara un carácter patrimonial que se constituyó en su sello caracterizador para siempre.

En función de esa convicción es que se han puesto en marcha diversos programas de rehabilitación y recuperación, de la misma manera como se han realizado, particularmente por reacción de Corfo, una serie de reflexiones centradas en saber de qué se trata este fenómeno y cuáles son los desafíos diversos que implica.

Así, se dispone hoy de un marco de buena teoría, de interesantes propuestas y de acciones que poco a poco han ido ganando en estatura y consistencia.

Con todo lo que hay y habrá, sin embargo, faltaba lo que más de alguna vez expresamos desde aquí como fundamental y sin lo cual, de acuerdo a nuestra perspectiva, no podía hablarse de ciudad patrimonial. Tal era la incorporación de todo el sistema educacional con sus alumnos y profesores en la formación de una cultura patrimonial.

La Universidad de Playa Ancha y la Corporación Municipal de Valparaíso han salido al paso de esa carencia y llevan a cabo un programa de capacitación a docentes que, más tarde, en marzo, se traducirá en trasladar el tema patrimonial a las aulas de cincuenta establecimientos educacionales.

Éste es un gran paso, no sólo por el significado que tiene que una universidad tradicional como la Universidad de Playa Ancha se involucre en un tema urbano de tanta importancia sino porque, de manera central, se comienza un proceso que deberá tener efectos en las generaciones llamadas a vivir el futuro y en el significado verdadero de la ciudad.

Lo que se está haciendo, entonces, es consolidar una idea cuya matriz está en el reconocimiento que realizara Unesco hace un tiempo y que, desde entonces, con timidez primero y con mayor decisión después, como ahora, significaba adoptar compromisos y descubrir de qué se trata este reconocimiento y cuáles son las obligaciones de la ciudad, sus autoridades y sus ciudadanos.

Lo que se consigue con la iniciativa en marcha es comenzar ese proceso de transformación cultural indispensable para una ciudad que se ganó un estilo y una forma de ser para el tiempo presente y, particularmente, para el futuro.

Este factor es el que hace evaluar más que positivamente la tarea asumida por la Universidad de Playa Ancha y la Corporación Municipal porteña que, ambas entidades, se suman a las iniciativas crecientes de muchas otras organizaciones de la ciudad.

Como se observa, el rol activo de la educación no se limita a sus obligaciones de impartir enseñanza formal; en este caso, se convierte en un ente colaborador de una de las gestiones de mayor significación ciudadana para Valparaíso.

Profesores imbuidos del contenido de ese fenómeno serán docentes capacitados para transmitir a los niños y jóvenes los valores que contiene aquella calidad de ciudad patrimonial. Lo que se conseguirá, sin duda, es la formación de ciudadanos correctamente comprometidos con la realidad en la que viven y vivirán.

Un aporte que ratifica que nuestras universidades no están ausentes a la hora de contribuir al desarrollo local en cualquiera de sus formas.

 

 
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