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Un pasaporte a la vida

Desde el país Vasco y escapando de la guerra, el primer Magaña llegó a Chile a comienzos del siglo pasado. Luego vendría su hermano Jesús, un hombre que hizo historia en Valparaíso por su intensa y exitosa dedicación al deporte. Toda una leyenda y un orgullo para la región.

Irene González Peña

Los vascos en Valparaíso

La ciudad de Valparaíso, por su condición de primer puerto del país, recibió la mayor parte de los inmigrantes vascos que tenían como destino Chile. Corrían las primeras décadas del siglo pasado, cuando cientos de barcos llegaban hasta estas costas. Gente que vino repleta de sueños, de esperanza, de ilusiones y proyectos, insertándose rápidamente en la sociedad chilena.

La llegada de los vascos a Chile se remonta al siglo XVII, cuando este país estaba viviendo una creciente prosperidad que generó un flujo de inmigrantes provenientes de las provincias de Guipuzcoa y Alava, del señorío de Vizcaya y del reino de Navarra. Los vascos se destacaron en varios frentes, principalmente, el comercial y el político-intelectual.

 

Jesús Magaña Pasqualetti tiene 69 años bien llevados; a pesar de lucir una calva resplandeciente, coronada de algunos cabellos blancos que combinan, perfectamente, con unos bigotes, me

atrevería a decir, aristocráticos. Debe ser la sangre vasca que corre por sus venas. Detrás del mesón de su tienda, "Deportes Magaña", ubicada en calle Chacabuco esquina 12 de Febrero, don Jesús se remonta en el tiempo y comienza a hablar de su familia. De su tío Antonio, el primero en llegar; y de su padre, Jesús, un verdadero héroe del deporte. Por eso la tienda, las pelotas, las camisetas de los distintos equipos, las pesas, las muñequeras y las zapatillas.

DE la guerra a América

Antonio Magaña Cano llegó a Chile en 1911. La vida en Bilbao, Vizcaya, se había puesto difícil. Este joven ingeniero se vio en la obligación de hacer el Servicio Militar y el futuro se veía negro. Por esos años, los conscriptos eran enviados a Marruecos a luchar y la experiencia le decía a su padre que era muy posible que su hijo no volviera nunca más.

La solución llegó de manos de un cocinero español que estaba listo para embarcarse hacia América. Arrancaron del pasaporte la foto del cocinero y en su lugar pusieron la foto de Antonio, permitiéndole comenzar esta aventura que lo traería al mundo nuevo.

El destino del barco era Buenos Aires y el de Antonio, Valparaíso. Aquí lo esperaban algunas familias vascas venidas con anterioridad. El joven inmigrante tuvo que cruzar la cordillera en mula para llegar a Santiago y de ahí viajar al puerto. Toda una odisea.

Una vez instalado, mandó buscar a sus hermanos y a su padre. "Los viajes en esa época eran pesados y mis tíos y abuelo venían tan cansados y con ganas de bajarse, que una vez que el barco atracó en Concepción no encontraron nada mejor que desembarcar. Por supuesto que no había nadie esperándolos", cuenta don Jesús. De ahí en tren a Valparaíso y directo a la Séptima Compañía de Bomberos. La famosa bomba La Española, donde se reunían los recién llegados para luego contactarse con parientes y amigos. Y de esta forma, poco a poco, comenzar a construir una nueva vida con los sueños que fueron amasando durante los largos meses que duraba la travesía.

Antonio Magaña se dedicó a la ingeniería y trabajó como instalador eléctrico en la construcción de varias empresas emblemáticas. Entre ellas Costa y Cemento Melón.

La Bota de Oro

Jesús Magaña Cano nació el 4 de enero de 1900 y llegó a Valparaíso con 13 años, en 1913. Inmediatamente comenzó a trabajar y estudiar. Su primer empleo fue en una panadería y tenía que levantarse muy temprano para repartir el pan y luego asistir al colegio.

Después de un tiempo, Jesús cambió el pan por los zapatos. La Bota de Oro se llamaba la tienda de calzados, ubicaba en Independencia con Buenos Aires. Con el correr de los años, en 1923, Jesús, con la ayuda de su hermano mayor Antonio, compró la zapatería e instaló allí la primera tienda de deportes "Magaña Hermanos". Tienda que existe hasta el día de hoy, atendida por Juan Ramón Magaña Pasqualetti. "El notario que firma la escritura de compra y venta de la tienda era el padre de Salvador Allende. La tiene mi hermano en la tienda. Todavía la conservamos", nos aclara don Jesús.

Pero lo que llena de orgullo a este hombre descendiente de vascos y porteño de nacimiento, es la trayectoria deportiva de su padre. Una carrera plagada de éxitos, condecoraciones, homenajes, reconocimientos, copas y diplomas. Todo un héroe y una leyenda. "Mi papá le pegaba a todo tipo de deportes: era basquetbolista, ciclista, hacía atletismo y jugaba hockey. Yo no heredé nada de eso. Ojalá hubiese tenido alguna de esas aptitudes, pero mi papá las acaparó todas", se lamenta con un dejo de nostalgia en la voz.

Jesús Magaña dedicaba todas las mañanas a la tienda de deportes. A las dos de la tarde corría hasta la Escuela Naval, donde era profesor de básquetbol. Con orgullo, su hijo nos cuenta que el gimnasio de la Escuela lleva su nombre.

Ni la temprana separación de la señora Pasqualetti, ni el hecho de haberse quedado al cuidado de sus hijos, ni el trabajo y la responsabilidad que significan ser dueño de una tienda, ni el deber de ser bombero, impidieron que Jesús ganara prácticamente todas sus batallas en el campo de los deportes: fue campeón sudamericano de ciclismo, entrenador de básquetbol de la Unión Española con varios títulos a su haber, entrenador de la selección nacional de básquetbol la única vez que fue campeona sudamericana en 1937, campeón de hockey sobre césped. Sólo le faltó competir por Chile en el sudamericano de atletismo. Se lo impidió un descubrimiento de último minuto: Jesús Magaña Cano era vasco no nacionalizado y, por lo tanto, no podía ser parte de la selección nacional.

A los 95 años, en 1995, Jesús Magaña falleció, dejando un legado invaluable para sus hijos, sus nietos y bisnietos. Una herencia que se mide con la vara del esfuerzo, de la pasión, la entrega y la dedicación.

Cruzando la línea del tren

El hombre detrás del mesón sonríe. Los bigotes continúan en su lugar y en sus ojos brilla una luz antigua, de otros tiempos. "Me acuerdo cuando mi papá nos inscribió en el colegio St. Margarets', que en esa época - los años 40 - era mixto. Era una casa grande ubicada en Chorrillos. Duramos dos días".

Los Magaña Pasqualetti vivían en Quilpué y todos los días Jesús tomaba el tren a Valparaíso para abrir la tienda. Sus dos hijos viajaban con él y se bajaban en la estación de Chorillos. "El problema era que teníamos que cruzar la vía para llegar hasta el colegio. En sentido contrario, a esa misma hora, pasaba el Expreso que no paraba en Chorrillos. Mi padre veía, desde la ventana del tren, cómo el Expreso nos echaba para atrás con su fuerza y su velocidad. Se bajó raudo, nos agarró del brazo, nos subió al tren y nos fuimos a Valparaíso a la Scuola Italiana".

Pero don Jesús no terminó sus estudios, llegó hasta Cuarto de Humanidades. Esta vez no fue culpa del tren. "No haber estudiado fue el error más grande de mi vida. No estaría aquí, sería un profesional". Algo de rabia y una pizca de tristeza asoman en esas palabras. No tuvo ni la voluntad ni el deseo de seguir estudiando, pero le exigieron trabajar. El hecho de no estar más en el colegio le permitió en 1952 acompañar a su padre, junto a su hermana Carmen, en la gira de la Unión Española por Europa que duró seis meses. Una experiencia inolvidable para el joven de 20 años.

Don Jesús está embebido revisando fotos. Del ayer y del hoy. De repente, desde una caja grande, saltan como queriendo ser parte de esta historia, las fotos de los nietos y la nieta: Daniela, Felipe e Iñaki. Hijos de su hija menor. Es el presente y el futuro de los Magaña. Tal vez alguno de ellos llegue a ser tan campeón como su bisabuelo.

Por un momento, camina hasta el teléfono y llama a su hermano Moncho. El que está en el local que alguna vez fue una zapatería, en Independencia:

- "¿Tú tienes ahí la escritura de la compra de la tienda? Es para que le tomen una foto. ¡¡¡Ahh!!!, oye Moncho, a nosotros también nos van a fotografiar así es que te maquillas bien y nos ponemos peluca".

 

 
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