| Usted está en : Portada : Paticanes de la V región | Sábado 25 de marzo de 2006 |
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Un amigo lo llamó desde España, habló con su señora y partieron. Ya lleva más de un año en el extranjero.
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"Es difícil creer que uno pueda llegar a echar de menos una ciudad como Villa Alemana. Sin embargo, su color rojizo, sus polvorientos veranos y el olor a hielo seco que se respira camino al tren en invierno, te hace sentir más viejo de lo que eres. Acá, al borde del Mediterráneo, te das cuenta de lo poco que "te das cuenta" mientras transcurre el tiempo junto a las mismas calles que te llevan todos los días al trabajo. Ya sé que parece una redundancia, pero es que aquí el tiempo pasa sin cobrar boleta. la partida No es que Ibiza sea un pueblucho dormido al final de las islas Baleares; tampoco Villa Alemana, pero si alguna vez escucharon hablar de esta isla, seguramente ha sido viendo algún canal del cable donde muestran las fiestas más desbordadas del planeta, o porque tuvieron la suerte de ver "Lucía y el sexo", dándose una impresión del estereotipo natural de estas islas; nosotros en cambio, ni siquiera habíamos escuchado de Ibiza. No pude contabilizar ni una sola persona que me presentara una razón convincente para quedarnos en Chile y no continuar en lo que estábamos, y siempre nos mantuvimos fieles a nuestros presentimientos, porque de a poco se armaba una partida que todavía no termina. El asunto es que acá estamos, en una de las cuatro grandes islas que conforman el conjunto Balear, las otras son Formentera, Palmas de Mallorca y Menorca. Realmente la ciudad de Ibiza no es para nada bonita, tiene una impresionante zona antigua, Dalt Vila, que se escapa de la película "El Señor de los Anillos", pero el resto, simplemente son muchas viviendas mezcladas entre sí que no conocen otro ángulo que no sea el de noventa grados, todo cuadrado. Casi un año y medio antes de viajar, un gran amigo chileno partió a España por una beca que le otorgaron a su esposa. Se fueron a Valencia, solitos con su hija de meses, y surgió la posibilidad de irse a trabajar a la Isla de Ibiza, en una oficina de arquitectura donde se ganó la confianza de sus pares y lentamente fueron poniendo más proyectos sobre su mesa para ser desarrollados, así, sin querer, fueron creciendo las necesidades de otro arquitecto, hasta que le preguntaron si conocía a alguien que pudiera trabajar acá. Aunque parezca increíble, es difícil encontrar alguien que tenga la disponibilidad de venir a la Ibiza a quedarse, trabajar como arquitecto y que sepa español. Así, además de otros pormenores, se gestó la partida de los Morales Bustamante fuera de Chile y después de proponérselo a mi mujer, solo me bastó su mirada para confirmar que se engendraba una nueva era o etapa en nuestro camino. No partimos al mismo tiempo, ya que yo tenía que consolidar la estada y residir un tiempo antes de que mi familia se viniera a España por asuntos administrativos y de residencia, pero la separación no duró mucho; tres meses y nos juntamos en Madrid.
todos en españa
Ya en Madrid, los ánimos se calmaron y empezamos a gozarnos en familia. Ahí estábamos los tres viajando a Ibiza para encontrarnos con los que serían nuestra familia más cercana en un buen tiempo: mi amigo arquitecto y su familia (su esposa e hija). Yo ya estaba trabajando, y sin más ni menos, el tiempo llegó hasta este momento en que estoy escribiendo. Ahora casi vamos a cumplir el año de estar por estos lados y hemos recorridos sólo una parte de las dos islas (Ibiza y Formentera), aunque es una isla, y nos tiene un poco aislados, sigue siendo grande para nosotros, además de contar con muchas conexiones al resto del continente, así esperamos viajar y conocer más del viejo mundo, pero la verdad es que de esta experiencia todavía no sabemos bien qué es lo que esperamos, y seguiremos así hasta que nos aburramos o decidamos volver, pero creo que lo importante es que este viaje nos ha dejado la mente abierta a lo que pueda suceder en adelante. Se puede decir que lo que más extraña es la familia y los amigos, la gente querida. No es difícil hacerse querer por estos lados mientras seas sincero y dejes la prepotencia que nos caracteriza a los chilenos, pero la gente que uno va conociendo, o son de acá, o están en la misma parada que uno y no se sabe qué o cuándo se les verá de nuevo, entonces, instintivamente, no se arma como residente, supongo que eso le sucede a todos los foráneos y extranjeros.
el pan
Otra cosa que se me queda en el tintero es el pan. ¡Cómo extraño el pan! (mi familia y amigos me tendrán que perdonar que los tenga clasificados con el pan en el rango de la nostalgia) y es que las malditas "baguettes" o barras de pan no tienen sabor, y como son de corteza dura, se convierten en rompe paladares y, obviamente, los completos no son los mismos que los de la esquina de la plaza Sotomayor, donde se termina la noche".
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