Usted está en : Portada : Reportajes Domingo 26 de marzo de 2006

Musculosa tentación

Por Irene González Peña

"¿Se murió alguien?" preguntó su marido cuando la vio entre las velas que ella había dispuesto en tor no al jacuzzi lleno de agua caliente, espuma y aceites. "Todo se derrumbó en un segundo", dice Viviana sobre esa tarde de viernes que recuerda perfectamente. La sorpresa que había planeado para superar varios meses de problemas conyugales terminó convirtiéndose en una enorme decepción ante la ironía del comentario.

Viviana llevaba diez años casada y tenía tres hijos. Su marido era un arquitecto de familia adinerada y bastante exitoso en su profesión; ella, una linda diseñadora con cuerpo muy cuidado y pechos de silicona. Todos los días la joven mamá iba a dejar a sus niños al colegio y luego partía a realizar una rutina de ejercicios que duraba una hora y media o dos horas.

Igual que los otros alumnos, el primer paso que dio al inscribirse en el gimnasio fue entregarle algunos datos relevantes sobre su estado físico y sus objetivos al entrenador personal que trabajaba en ese horario: Juan. Ahora ella lo recuerda como "el más guapo de todos. Se sabía regio y yo sentí que le gusté desde el primer momento en que me vio. El coqueteo se hacía cada vez más intenso y a mí me daba cosquillas en la guata esta especie de flirteo prohibido. Claro que él era muy piropero con todas las chicas".

 

LA INSTRUCCIÓN Y LO PERSONAL

 

La historia de Juan y Viviana recuerda el último arranque de celos de Miguel Piñera, provocado por la desconfianza hacia el entrenador personal de su mujer, Belén Hidalgo. Así fue como Christian Guíñez llegó a aparecer en portadas de diarios para desmentir la relación, aunque más allá de la veracidad de unos y otros argumentos su caso dio cuenta del protagonismo que ha ganado un personaje cada vez más solicitado y popular.

La búsqueda constante de un mejor físico y de una vida más saludable ha detonado en muchas personas la intención de hacer ejercicio. "Pero la gente no tiene fuerza de voluntad para trabajar sola, ni los conocimientos para evaluarse y analizar su evolución", aclara Marcos Cafena, dueño del gimnasio viñamarino Spa, para explicar la gran demanda. Tanta, que decidió crear un diplomado para preparar en el área (ver página 16). Porque instructores han existido siempre, pero su dedicación exclusiva se traduce en una serie de ventajas agregadas que incluyen desde resultados rápidos hasta una relación más cercana.

Como entrenador, la primera tarea profesional es determinar en qué estado se encuentra el alumno. Para eso realiza una evaluación que considera desde la frecuencia con que hace ejercicio hasta su estructura ósea, pasando por hábitos como el tabaquismo, por indicadores como la presión arterial y por datos como las enfermedades que ha sufrido. Con esa información traza las metas y el método para conseguirlas, considerando los planes del interesado y cuán factibles son. "Todo el mundo mejora, pero de acuerdo a lo que se tiene", resume Cafena.

Ahora, el ámbito personal resulta mucho más amplio. En los gimnasios es normal que se formen grupos de amigos. Hacen ejercicios juntos, conversan sobre kilos, grasas, masa muscular y, después, la costumbre es ir a tomar un cafecito para hablar de maridos y esposas, de los hijos, las penas, las frustraciones, los problemas y las alegrías. En fin, para hablar de la vida misma. Muchas veces, si el entrenador no tiene más clases, se une al grupo y participa de estas reuniones. La amistad va creciendo con el contacto diario y los intereses comunes. Comienzan a aparecer códigos, complicidades y secretos compartidos.

 

CUESTIÓN DE LÍMITES

 

Quien contrata un entrenador personal suele asistir al gimnasio, en promedio, tres veces por semana. Cada sesión dura por lo menos una hora. Evidentemente tanto tiempo juntos termina provocando algún tipo de relación, sea una amistad superflua o un tórrido romance. Marcos Cafena aconseja a su equipo "mantener siempre respeto y una distancia determinada". El instructor debe manejar cierto encanto para trabajar con su alumno, pero también tiene que preocuparse de no convertirlo en un vínculo demasiado estrecho.

"El sistema es limitarse, escuchar sus problemas, pero no contar los propios y, si se escapan de mis conocimientos, los derivo a un profesional", agrega el dueño de Spa. Y Juan Francisco lo confirma. Como instructor de planta y entrenador personal en este gimnasio por los últimos seis meses, sabe que lo más importante -además de conocimientos técnicos de las máquinas y los ejercicios- es "saber conversar". Aunque no demasiado: "Se forma un lazo, pero uno no da mucho espacio; se pone un límite en preocupaciones de la índole del gimnasio".

El acto que marca el paso de la amistad al romance es una invitación personal y privada para tomar un café de a dos. O salir a comer, si el sujeto es más audaz. Así sucedió con Viviana. Después de algunos meses de miradas, dulzuras y coqueteos, Juan la invitó a salir y ella dijo sí. Empezaron a verse bastante seguido, se llamaban al celular para ponerse de acuerdo y encontrarse más tarde. "Esto era de lunes a viernes. Los fines de semana yo con mi marido, mis hijos, mi vida", relata.

Y agrega: "Sabía que no era correcto, pero en él encontraba lo que mi marido no me daba más: atención, palabras bonitas y, principalmente, una motivación especial que me hacía sentirme bien, bonita, importante. Sé que me estoy justificando y que es lo típico que se dice cuando uno se involucra con un amante, pero de verdad lo siento así", argumenta con un resquicio de dolor en sus palabras.

 

CON MISS VENEZUELA

 

"Obviamente hay un riesgo; si no te dijera que me he tentado estaría mintiendo", confiesa Cafena refiriéndose a la posibilidad de eventuales romances en las tres décadas que lleva enseñando. Asegura que durante todos esos años ha visto "muchas cosas". Como el entrenador personal, por ejemplo, que ahora es millonario porque se casó con una clienta millonaria. Y otras tantas historias que no puede comentar porque parte de su trabajo es mantener discreción. Sobre todo con los alumnos con algo de fama.

Pero en su gimnasio instauró algo similar a un código de ética: nada de parejas entre instructor y alumno. Lo mismo ocurre en el sitio donde trabaja Ernesto. "No nos permiten tener relaciones con las clientas, pero los dueños saben que tenemos amigos porque es natural que con personas que llevas trabajando cinco o seis años se creen lazos de amistad fuerte. Como en cualquier trabajo".

Ernesto es venezolano y lleva 18 años en Chile. A los ocho años ya jugaba fútbol en Perú, en las divisiones inferiores del equipo Alianza Lima. Y aunque luego estudió Administración Industrial y luego Ingeniería Electrónica, la pasión por el deporte fue más fuerte y todo lo llevó hacia ese destino. Entonces partió a estudiar a Estados Unidos y se graduó en Educación Física de la Universidad de Mississippi.

"Volví a Venezuela y me puse a trabajar en un gimnasio donde iban las candidatas a Miss Venezuela para ser entrenadas. Trabajé con alguna de ellas", cuenta con orgullo. Luego se casó con una chilena y ella lo trajo a vivir a nuestro país. Ahora trabaja de lunes a viernes en un frecuentado gimnasio de Reñaca. "Las personas que llegan aquí escogen trabajar con un 'personal trainer' y uno se preocupa de ellas, de su estado físico y de su evolución. Nuestra tarea es principalmente vigilar, ayudar y enseñar".

A pesar de las reglas que puedan establecerse, Marcos Cafena sabe que la decisión final queda al criterio de cada preparador. Eso ocurrió con Juan cuando conoció a Viviana. A ella siempre le ha gustado hacer gimnasia; es la forma que encontró para mantenerse activa, con energía y saludable. Nunca se imaginó que esa afición cambiaría su vida radicalmente. Había escuchado historias de diferentes amigas y conocidas que hablaban de romances entre algunas mujeres y sus entrenadores personales y algo había visto en otros gimnasios a los cuales asistía. Pero hasta ahí no más.

"A mí me encanta verme bien, andar arreglada, vestirme sexy. Me gustaba mucho, ahora ya no tanto, usar mini y blusas escotadas". Al verla aparecer en la sala, la primera cosa que hacía Juan, su entrenador, era piropearla: "¡Que bonita estás hoy día! ¿Qué te hiciste en el pelo? Te ves preciosa". Juan se fijaba en todos esos detalles en los que algunos maridos ya no se fijan, como si te cortaste el pelo, si te lo teñiste o si te compraste una ropa nueva. Era un conquistador por excelencia.

Con su marido, hacía un tiempo la relación venía mal. "Él andaba muy agresivo, a veces me trataba pésimo. Como en algunos proyectos trabajábamos juntos se producían muchos roces y peleábamos harto. La situación, por minutos, se hacía insoportable. Pero estoy tranquila porque de verdad hice todo para cambiarla", confiesa Viviana.

Ernesto percibe que hay mucha soledad en algunas mujeres que se acercan al mundo de los gimnasios y que ese momento para hacer ejercicios se transforma en una instancia para buscar compañía y compartir con otras personas. "Yo lo veo sólo como un profesional, pero es verdad que muchas mujeres buscan en uno al confidente que esté dispuesto a escucharlas", agrega.

Dentro del currículo de Ernesto está el ser entrenador de Belén Hidalgo cuando viene a la Quinta región durante los veranos. Con picardía dice "por suerte no soy yo el 'personal trainer' cuestionado", refiriéndose al impasse entre el Negro Piñera y Cristián Guíñez, el entrenador de Belén en Santiago.

 

EL DUEÑO DEL GIMNASIO

 

La relación entre Viviana y su instructor duró casi dos años. Un largo tiempo durante el cual ella se debatía entre el deseo de salvar su matrimonio y las presiones de Juan para que dejara a su marido de una vez y pudieran tener una relación abierta. Pero Juan se aburrió de la doble vida de su amante y su falta de decisión y comenzó a salir con otras mujeres.

"El empezó a tener pololas y siempre que podía me echaba en cara que yo no me separaba porque no quería perder el nivel de vida que mi marido me daba. Comenzó a aparecer una suerte de resentimiento social. Él era un profesor de gimnasia y mi marido un arquitecto exitoso y con plata. Es verdad, mi situación económica me daba estabilidad, seguridad y no quería perderla. Juan quería más y yo no estaba preparada en ese momento para asumir el costo de una separación y embarcarme con él en una nueva relación".

Las escenas de celos, incluso en el gimnasio, en presencia de todos, se hicieron cada vez más frecuentes. Él tenía celos del marido de Viviana y ella de las mujeres con las cuales Juan salía y las que seducía en sus propias narices mientras hacían ejercicios.

"La relación comenzó a tornarse cada vez más tensa. Juan invitaba a tomar café a cada niña nueva que entraba al gimnasio y yo me moría de rabia y me vengaba diciéndole cosas hirientes. También me recriminaba que se sentía utilizado, como una especie de juguete con el cual yo me divertía durante un rato y luego abandonaba para irme con mi marido. La cosa se fue poniendo fea y las agresiones eran continuas".

La situación llegó a tal punto de tensión que Viviana decidió alejarse un tiempo del gimnasio.

Juan, por su parte, no quería seguir siendo el segundo en la vida de esta mujer y abandonó también su lugar de trabajo.

La distancia y la falta de trato diario enfriaron las cosas. "Nunca más volví a ver a Juan, pero fue quien gatilló mi futura separación".

Un año después conoció a otro hombre ligado al mismo ambiente y finalmente se separó de su marido para empezar una nueva relación. Con el dueño del gimnasio.

 

 

 
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