Usted está en : Portada : Reportajes Domingo 26 de marzo de 2006

Batalla ortográfica
 

Por Rosa Zamora

"Seda el paso". "Mato grosso" en lugar de "grosso modo". Perlas como ésas, agazapadas en escritos y oficios, colmaron la paciencia del magistrado del Segundo Juzgado de Policía Local de Puerto Montt. Así fue como Manuel Pérez Sánchez exigió la corrección de los errores ortográficos que contenía una presentación antes de tramitar el caso. Pero el abogado afectado, Jaime Millán, recurrió a las instancias superiores acusándolo de denegación de justicia y la apelación del juez no tuvo acogida en la Corte Suprema, por lo cual debió resignarse a estudiar el escrito con faltas y todo.

El conflicto ocurrió hace algunos años. Pero el segundo round entre ambos quedó zanjado sólo a mediados de este mes. Esta vez, don Manuel reparó en una "taza" de interés del mismo abogado y el agua llegó nuevamente a la Suprema, que rechazó la queja disciplinaria presentada por Millán, aunque en un duro voto de minoría el ministro Enrique Cury consideró que la actuación del magistrado constituía "abuso y descriterio". Y el fallo le ordenó que en adelante omitiera "emitir pronunciamientos o apreciaciones que escapen al ámbito jurídico legal".

El aludido se defiende. Dice que, desde la primera resolución del máximo tribunal, él tramita y resuelve, lo que no quita que a continuación del fallo incorpore un párrafo donde pide a los interesados que corrijan los errores. Pero de ahí a incurrir en denegación de justicia…

CERVANTISTA EN EL TRIBUNAL

El juez Pérez Sánchez (abogado, casado con Cristina Olguín, cuatro hijos y seis nietos) es un lector impenitente y su libro preferido es "El Quijote", que ha devorado decenas de veces y del cual tiene numerosas ediciones, hasta el punto de que el año pasado fue invitado a dictar una conferencia en su ciudad sobre los 400 años de la obra. Él cree que las reglas ortográficas deben ser respetadas siempre "y veo con gran preocupación que estamos hablando y escribiendo mal, sobre todo en los medios de comunicación y en particular en la televisión".

Su primera medida al asumir el cargo en el juzgado -donde sólo él y el auxiliar son varones y trabajan con 13 mujeres- fue dotar de un ejemplar del Diccionario de la Real Academia de la Lengua Española a cada sección. Así, nadie tiene excusa para cometer errores. "Cada palabra mal escrita la hago repetir diez veces", cuenta sin tapujos. ¿Y no le reclaman? "Al principio me reclamaban, pero después se dieron cuenta de que vale la pena, sobre todo cuando salen oficios hacia otros lugares. Porque a mí me llegan partes, desde los carabineros hasta la municipalidad, visados por jefes que no leen lo que firman".

 

- ¿Por ejemplo?

"Llegó un parte que decía que un conductor no respetó la señal `seda el paso´. Otro: se encontraba `en normal estado de intemperancia´. También he leído la expresión `en vivo y en erecto".

RESPONSABILIDAD SOCIAL

- Pero don Manuel, ¿se puede exigir buena ortografía a niños y jóvenes que no nacieron en el mundo de la lectura, sino en una cultura audiovisual?

"¡Bueno, pero ése es el papel de los padres, de los profesores, de la gente que tiene más cultura, pues!. El problema es que se ha ido pervirtiendo el idioma. ¡Si es un escándalo el lenguaje escatológico y coprolálico que se emplea en los programas de farándula! Los niños aprenden de ahí. Yo lo veo, tengo nietos. Los niños a cada rato usan el término `huevón´. Las frases terminan con `cachai´y todo es `súper´, como si no existieran otras palabras. ¡No es posible!"

 

- Pobreza de léxico, dice usted.

"Así es y a mí me preocupa. ¡Es que el lenguaje es muy importante!. Al hablar y escribir mal, pensamos mal y terminamos actuando mal. Revertir este problema es responsabilidad de toda la comunidad, especialmente de los medios de comunicación".

 

DON QUIJOTE Y LOS MOLINOS

 

- ¿No se siente como don Quijote peleando con molinos de viento?

"¡No, sería demasiado presumir! Sí me siento solitario porque en estas luchas que he dado, ya sea por la ortografia, la propaganda política y antes y siempre por el bosque nativo, nunca he recibido apoyo de mis colegas jueces de policía local. Por lo menos cuento con el de mucha gente que me para en la calle y el de los funcionarios del juzgado que se sienten orgullosos".

 

- ¿Y usted no se equivoca con la ortografía?

"Yo también he cometido faltas. El otro día me llamó un abogado para decirme que en una sentencia mía había hallado un error ortográfico. Yo le agradecí porque, como dicen los chinos, es preferible pasar por tonto una vez y no toda la vida".

 

FORMA Y FONDO

 

"Los asuntos jurídicos son siempre mucho más complejos de lo que parecen a simple vista. Por ello, no me es posible dar una opinión específica sobre lo que me plantea. Sería necesario revisar todos los antecedentes, estudiar la jurisprudencia, etc", responde el abogado y decano de Derecho de la Universidad de Valparaíso, Antonio Pedrals, cuya opinión solicitamos para abordar este conflicto.

"Lo anterior -agrega- no impide dar una opinión general. En primer término, es difícil distinguir exactamente, entre fondo y forma de los temas. En algunos casos, la forma incide en el contenido del asunto. Ignoro si, en la situación enunciada, se dio esta circunstancia. Además, hay varios otros aspectos jurídicos que procedería analizar. En cuanto al ángulo `cultural´ de la materia, es un hecho que nuestro idioma es el castellano. En actos oficiales, como son, por ejemplo, las actuaciones procesales, corresponde un buen uso o, al menos, un uso razonable del idioma, lo que es aún más necesario ante la circunstancia de que se está viviendo un alarmante proceso de `desnormatización´ lingüística. Éste es un tema enorme, que interesa a los expertos en lenguaje y a sicólogos, sociólogos y juristas. Decía Unamuno que el idioma es el alma del pueblo y que, por ello, debemos cuidarlo. En suma `hablar en castellano".

 

CELO LINGÜÍSTICO

 

"Desde un punto de vista jurídico, yo no tengo competencia para pronunciarme, pero desde la perspectiva de la lengua, celebro el celo de este juez que se manifiesta como una persona de cultura y de responsabilidad idiomática", opina el catedrático y director de la Academia Chilena de la Lengua, doctor Alfredo Matus.

Para el especialista, el juez sureño "es una persona que sabe que una lengua tiene unos usos que son prestigiosos y otros que no lo son", y que en situaciones formales como la presentación de textos profesionales hay que respetar los primeros.

"Un escrito de un abogado es, por supuesto, una situación formalísima y naturalmente que allí hay que emplear un registro idiomático prestigioso y lo mínimo es respetar el código ortográfico", agrega el doctor Matus. "¿Qué asegura la unidad de la lengua, sobre todo de la lengua escrita? Que todos nos comuniquemos usando el mismo código de escritura, que es la ortografía. No es posible que cada uno escriba como se le antoja. Imagínese qué pasaría si en México se empezara a escribir con un sistema ortográfico propio, en Chile con otro y en Venezuela con uno distinto. ¡Llegaría el caos de la lengua escrita!"

¿Tiene facultades el juez para obrar como lo ha hecho en esta materia? "Eso no lo sé y ahí no me puedo pronunciar, pero lo que celebro es el celo lingüístico del juez, que creo realmente digno de ser tomado en cuenta. Si todos los profesionales, si toda la gente culta o que debiera serlo en este país, poseyera ese celo, tendríamos otro nivel idiomático".

 

 
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