| Usted está en : Portada : Reportajes | Domingo 26 de marzo de 2006 |
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| Por Susan Rojas |
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"Sería mucho más apasionante si la organización no fuera tan rígida. O tú eres un matemático o eres un científico, ¡pero no puedes ser ambas cosas al mismo tiempo!". - O es un actor o es un diputado. "Da la impresión de que aquí exigen que te especialices", responde Álvaro Escobar antes de citar otra vez al protagonista de "Rompiendo Códigos", su última obra. Al oírlo resulta más fácil imaginarlo sobre las tablas que en una oficina del Parlamento. Pero es mejor no ser rígido y permitirle ser ambas cosas: el actor que hasta hace poco representó a Alan Turing y el diputado PPD que recién empieza a memorizar los pasillos del Congreso. Sí. Así es más apasionante. Aunque la pasión no exime de las exigencias implícitas en un trabajo donde todo es nuevo; desde acostumbrarse a usar agenda hasta la responsabilidad de cada decisión tomada en la Cámara. "¡Son mil cosas!" dice entre las carpetas que se acumulan sobre su escritorio. "Mire esta cantidad de papeles. ¿Y cómo ordeno yo mi paso por este edificio? Si tengo que ir a comer, a la sala, a la comisión… si tengo que ir al baño, todavía pregunto dónde está". "ALVARITO" Y EL DIPUTADO - Gran cambio esto de tener secretaria, guardia en la puerta, título de "honorable". "Lo de honorable es lo que más me interpreta. El título lo va a ver físicamente puesto aquí, pero uno es un instrumento para que todos puedan ejercer la libertad cotidianamente. Nada más. Entonces -y no es algo que haya elaborado- tengo la sensación de estar al servicio de esta institución de la República que es el diputado del distrito 20. El diputado es exigente y uno trabaja para él". - ¿Sin riesgo de volverse esquizofrénico? "Puede ser un rasgo. La siquis tiene distintas maneras de protegerse cuando se producen cambios de la magnitud que he atravesado. Y está la responsabilidad también. Por lo mismo, esta sensación no es racional". - ¿Y cómo es el diputado? "Es muy respetuoso de las tradiciones republicanas. Y tiene la necesidad de estar en todos los lugares donde se sufre. Y de que trabajen para él personas inspiradas por amor en lo que hacen y no por interés mezquino de estar en el Parlamento cuatro años".
- ¿Se puede ser así en el mundo político? "Alguien me dijo: 'Las personas que aquí transparentan sus emociones…' Y yo me apuré en completar: '…son faenadas'. Ser capaz de hacerlo lo entiendo como un acto de valentía. Me parece interesante el desafío; la persona que eligieron no este otro sujeto. A final de cuentas yo era Alvarito hasta… bueno, todavía. Pero hay dificultades. Por ejemplo, vaya a decir un garabato al lado del diputado. ¡Me piden disculpas!". Enfrentar el desafío no es fácil, pues los códigos del mundo político no se parecen mucho a los de ese mundo que está afuera. Para no olvidarlos procura un contacto permanente con su crianza; sus padres, su abuelo Lucho, "que son ejemplos de mucha nobleza". Pero esa preocupación por la consecuencia, aclara, fue igual de importante cuando trabajó en medios de comunicación: "Me preguntaron por qué este interés por la política… ¡Si comunicar es un hecho político! Yo decido entre participar en una telenovela o aportar con mi oficio a que se conozca la Reforma Procesal Penal. Yo dejé de hacer 'Machos' por 'Justicia para Todos'".
- Habrá un reconocimiento en su votación. "Yo creo. Y nadie ha hecho referencia a la primera mayoría nacional neta. Evidente que las explicaciones que abundan en el decorado mental tanto mediático como de la política no dan para un tema como éste; si dices 'es porque salía en la tele' no basta".
cultura, pero en serio
- ¿Qué vio la gente en este candidato? "Transparencia. Por eso digo que lo de honorable me sienta muy bien. Me gusta. No como un cargo que se tira sobre la mesa; creo que es lindo. Me representa como una categoría de tantas que andan dando vueltas. ¿Otra más? Me dicen 'las mujeres te sacaron'. ¡No es verdad!".
- ¿Pesa el estigma de galán de teleseries? "Debería pesarle a quienes tienen el rol de hacer lecturas que deberían ser más rigurosas, que harían avanzar en muchas materias. Partiendo por el análisis político, por la autoconciencia como país del tiempo que nos toca vivir".
- ¿Y cuál es el tiempo que nos toca vivir? "Jorge Teillier hablaba de la niña a la que nadie saca a bailar. Este tiempo es para los que no salen en la foto".
- ¿Qué pasa con el Álvaro Escobar no diputado? "También está acá. No me gusta hablar en tercera persona, por eso la idea de trabajar para el diputado. Trato de guardar una coherencia interna, y el diputado es muy implacable con eso también. Si al votar en el Congreso dejas de tener conciencia de que no estás simplemente apretando botones… ya pues, dedíquese a hacer otra cosa".
- ¿Cómo se cambia eso desde la Cámara? "¡Ugh! Me acaba de hacer la pregunta más difícil. Hoy propuse mi primer proyecto de acuerdo para crear la Comisión Especial de Cultura. Pero tiene que ver con el desarrollo: léase cultura como 'maneras de vivir juntos' y desarrollo como 'ampliar las posibilidades y las opciones fundamentales del ser humano'. ¡Es evidente que hay una relación! En la medida que inviertes en el recurso más abundante que tienen los países, los seres humanos, vas a tener un capital social que redunda en un mayor desarrollo". Así el diputado explica asuntos técnicos sobre las comisiones -"si es Especial la podemos sacar más rápidamente"- antes de llegar a la respuesta, citando otra vez a Turing: "Lo que hay que hacer es tomarse las ideas en serio y perseverar en ellas hasta llegar a una conclusión lógica. Aunque sea una decepción". Así termina la obra, con el protagonista mordiendo una manzana envenenada. Pero Escobar confía en mantener, a la hora de legislar, "una seriedad en la medida de la dignidad de las personas". Y esa frase no es del personaje.
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