Usted está en : Portada : Reportajes Domingo 22 de octubre de 2006

"Con el derecho perdí la espontaneidad"
 

Por Fernanda García

 

Marcia Orell tiene una doble vida, opción personal que ha hecho que su existencia sea bien entretenida. La rigidez del derecho, profesión que ejerce desde hace 33 años en el Poder Judicial, la compensa con su inclinación por el cine, materia en la que ha logrado una trayectoria que hoy se traduce en la reciente publicación del libro "Las fuentes del Nuevo Cine Latinoamericano", sentando las bases para incentivar en el séptimo arte local propuestas con identidad.

Y es que esta jueza del Primer Juzgado de Letras de Quilpué desde chica fue inquieta y observadora, lo que le permitió detectar que en la vida se le abrían estos caminos por los que lograría profundas satisfacciones. "Me siento más completa, holística. Las personas tenemos que hacernos una vida entretenida", comenta.

Guionista y directora de "El regreso" y del documental "Aldo Francia: Nuevo Cine Latinoamericano en Viña del Mar", entre otras producciones, al cine se aproximó gracias a que sus padres querían hacer el amor tranquilos. "Lo descubrí cuando crecí. A mi y a mis hermanos nos mandaban los domingos a la matineé desde las dos de la tarde hasta las seis", cuenta como una de sus anécdotas preferidas. Además, formó parte de una generación que no conoció el televisor.

Al derecho llegó de forma circunstancial. Su primera destinación en el Poder Judicial fue a Chiloé, en Achao donde fue secretaria del tribunal y notaria. Ahí tuvo posibilidad de comprar una cámara súper ocho e hizo su primer documental, "La maja", que muestra el proceso de la chicha de manzana.

Después, en San Felipe, tomó algunos cursos de cine y ahí descubrió su talento para la dirección. A partir de 1985 sintió el cine en serio, más aún después de ver la película de Tatiana Gaviola "Ángeles". "Sentí que yo tenía un guión mejor, más profundo. Y me lancé". El año 1990 filmó su primer largometraje, "El regreso". 33 años lleva Marcia vinculada al Poder Judicial, lo que no le ha impedido dar rienda suelta a su amor por el cine.

 

ROLES Y CARÁCTER

 

-¿Te sientes más abogada o realizadora visual?

"Lo primero, soy Marcia. Lo demás son roles distintos que uno asume y con los que me ha tocado tener una vida entretenida. Por personalidad siempre he sido inquieta, curiosa, no me gusta aburrirme ni la rutina. El carácter que tengo hace que enrumbe por aquí, enrumbe por allá, que busque cosas".

 

-¿Pero qué te atrapó primero, el cine o el derecho?

"El derecho es una vocación aprendida. La judicatura también, no es algo que me nace claramente sino que llego al derecho y al Poder Judicial de una manera circunstancial. Yo quería ser sicóloga y quedé en derecho".

 

-Nada que ver una cosa con la otra.

"Es que yo era buena para las letras, buena alumna en el liceo; no así para las matemáticas o la cosa científica, pero sí tenía una gran facilidad para la historia, el castellano. Heredé la buena memoria de mi padre, Álvaro Orell. Entonces quedé en derecho y había que estudiar una profesión".

-¿Cómo fue la experiencia de estudiar algo que no tenías previsto?

"Gané algunas cosas pero con el derecho perdí algo muy preciado: la espontaneidad, perdí mi niña interior porque me introduje en un mundo totalmente normado, rígido y represivo que no conocía y espero algún día salir de él".

 

-Imagino que el cine es tu manera de compensar esas pérdidas.

"De algún modo, si no me vuelvo loca. No me habría podido dedicar exclusivamente al derecho a pesar de que con él tengo una relación especial, contradictoria también porque me gusta el desafío intelectual. Además, a través de mi cargo, siento que estoy haciendo algo por los demás".

 

-Te repito la pregunta: ¿Te sientes más jueza, abogada, cineasta?

"Me siento más realizadora, más creadora porque cuando salgo a la calle, aquí hablando contigo, se me olvida que soy juez. No ando con la ropa de jueza todo el día. El problema es que las personas cuando saben que soy juez…nunca lo digo porque el prejuicio es espontáneo.....si emito un juicio de valor creen que las estoy juzgando".

 

MEZCLA EXTRAÑA

 

-No te parece extraña esta mezcla del derecho y el cine.

"Me parece lo más natural. No se trata de tener doble personalidad, lo que pasa es soy una jueza bastante atípica. No pongo mucha cara de juez. Trato de no formalizar mucho mi entorno dentro del tribunal. Las relaciones con los funcionarios trato de que sean lo más cálidas, fluidas y de confianza. Es un trabajo en equipo, pero igual te 'magistrean' mucho, pero lo tomo como un juego, como un rol. Cuando salgo del tribunal me saco el ropaje, dejo de usar la toga. Soy más yo afuera que adentro. Es que uno en la vida se pasa actuando, es igual que un rol que desempeñas en un escenario, claro que tienes que tomártelo en serio".

-O sea, eres guionista, directora y…también actriz…

"De las cosas que quisiera hacer es actuar…lo tengo pendiente. En mi primer año de universidad estuve en unos talleres de teatro, pero me quitaban tanto tiempo que no pude seguir. Soy una actriz frustrada".

 

-¿Qué descubrimiento personal has hecho a través del cine?

"He descubierto que todo lo que he estado haciendo, por lo menos en materia audiovisual, tiene que ver con la memoria. En 'El regreso', mi primera película, el 70 por ciento es un racconto. El documental de Aldo Francia es también a partir de la memoria. Tengo esa tendencia".

 

TENDENCIA AUTOBIOGRÁFICA

 

-También tienes cierta tendencia autobiográfica.

"Sí, muy autobiográfico también todo. Uno hace un poco de catarsis. En 'El regreso' evidentemente hay un personaje que soy yo y he escrito otros guiones que no sé quien los va a hacer y que tienen que ver conmigo también; por ejemplo, 'El viaje de Isabel' o 'Venecia sin ti'. En realidad lo que estoy queriendo es ser escritora, no sé si lo lograré porque la gracia es serlo pero no del montón".

 

-¿Tu libro "Las nuevas fuentes del cine latinoamericano" es un primer apronte?

"Lo que ocurre es que cuando hice el documental de Aldo Francia me di cuenta de que soy latinoamericana. Los chilenos no tenemos mucha conciencia de eso. Entonces, este libro me permitió abrir una ventana. Hay que apuntar a historias con identidad latinoamericana porque si no vamos a caer en los pastiches. A mí qué me importa una película del terror hecha por un chileno. Eso es un desperdicio, con todo respeto por el realizador que lo haga. Todavía en América Latina no nos podemos dar el lujo de desperdiciar ni un centímetro de cinta. El cine tiene que hacerse con un sentido, no por hacerse".

 

 
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