Usted está en : Portada : Reportajes Domingo 29 de octubre de 2006

Héroe que volvió al mar

Por Rosa Zamora

 

Aunque muchas de las personas que el fin de semana pasado vieron al grupo en el Monumento a los Héroes de Iquique o en el Museo Naval de Valparaíso pueden haberlo interpretado como un encuentro habitual de amigos o parientes, lo cierto es que se trataba de una ocasión bastante más especial.

Por primera vez en cinco generaciones se reunían los descendientes del almirante Arturo Wilson Navarrete, héroe del combate naval de Iquique. Cinco generaciones donde siempre ha habido por lo menos un marino sobre cuyos hombros recae la responsabilidad de guardar la tradición iniciada por su bravo antepasado.

Nacido el 1 de junio de 1851, hijo de Jorge Wilson, oriundo de Irlanda, y de doña Irene Navarrete, de antiguo ancestro hispano, Arturo se entusiasmó por ingresar a la Escuela Naval en 1865, luego del triunfo chileno en el combate naval de Papudo, uno de los más exitosos episodios de la guerra contra España.

Lo consiguió al año siguiente y así fue como él y sus compañeros Ramón Serrano, Luis Alberto Goñi, Guillermo Aguayo y Ángel Custodio Lynch fueron testigos del infausto bombardeo de Valparaíso, el 11 de marzo de 1866, cuando el almirante hispano Méndez Núñez, al mando de una fuerza de cinco fragatas, atacó la ciudad durante tres horas. Graduado como guardiamarina el 2 de abril de 1870, el futuro héroe naval se retiró voluntariamente de la Armada en agosto de 1875, y durante tres años y medio se dedicó al comercio.

ENCUENTRO Y COMBATE

Pero entonces estalla la Guerra del Pacífico y un día de los primeros meses de 1879 se encuentra con el capitán de fragata Arturo Prat Chacón, en la mismísima calle porteña que hoy lleva el apellido del héroe naval y que entonces se llamaba De la Aduana. El oficial tiene el mando de la Covadonga, se está preparando para enfilar rumbo al norte y le pide que vaya con él en calidad de guardiamarina ayudante.

Wilson Navarrete no lo piensa dos veces y abandona su cómodo y próspero retiro para volver a las filas de la Marina, ayudar al capitán Prat a alistar la Covadonga y emprender la campaña. Así llegan a Iquique y el comandante en jefe de la Escuadra, almirante Juan Williams, transfiere a Prat a la Esmeralda. Wilson acompaña a su comandante…

La mañana del 21 de mayo de 1879 -refiere el relato histórico de la Armada- "por primera vez los guardiamarinas Arturo Wilson Navarrete, Arturo Fernández Vial y Ernesto Riquelme Venegas habían reemplazado a los cabos de cañón y alentaban a la tripulación", mientras "el corneta y tambor Gaspar Cabrales tocaba sin cesar "al ataque" y la vieja "Esmeralda" lucía engalanada como para una fiesta. Tenía izadas la bandera de jefe de bahía en el tope del palo mesana, la de buque de guardia en el palo trinquete, el gallardete de mando en el tope del palo mayor y por precaución, dos banderas chilenas en el pico del palo mesana, por si cortaba la driza por el impacto de algún proyectil y esto se pudiera interpretar como que el buque se rendía".

HASTA EL FINAL

El resto se conoce. El nutrido fuego desde la playa, la aproximación del monitor "Huáscar" para espolonear a la corbeta, el choque de los dos buques y el abordaje del capitán Prat, seguido por el sargento Juan de Dios Aldea y el marinero Luis Ugarte, que lo acompañan en su salto a la cubierta del buque enemigo.

Tras la muerte del comandante, toma el mando el teniente primero Luis Uribe, quien junto a sus oficiales combate hasta el final, como ha ordenado el capitán Prat. De los 198 tripulantes de la "Esmeralda" sólo sobreviven 58, entre ellos Uribe y Wilson, quienes al igual que la tripulación son tomados prisioneros y llevados primero a la antigua Aduana de Iquique. Posteriormente los oficiales son separados de sus hombres y conducidos a Tarma, Perú, para dar a los tripulantes la falsa impresión de que han sido abandonados.

Tras las negociaciones de rigor, todos regresan a la patria en enero de 1880, cuando la suerte de la Guerra del Pacífico ya está echada gracias a la gesta de Iquique y a la captura del "Huáscar" en la batalla de Angamos, en octubre de 1879.

Ascendido a teniente primero después del glorioso combate, Arturo Wilson Navarrete nunca más dejará la Marina. Participa en la campaña de Lima y luego, cuando ya se ha instalado la paz, llega a ser comandante del vapor "Toltén", cañonera "Magallanes", cruceros "Blanco Encalada" y "Capitán Prat", buque escuela "Baquedano", cruceros "Zenteno", "Chacabuco" y "O' Higgins", y alcanza la comandancia en jefe de la Escuadra, tras lo cual se retira con el grado de vicealmirante.

VIDA FAMILIAR

Después de la Guerra del Pacífico, en el año 1882, el héroe de Iquique contrae matrimonio con Adela del Solar, con quien tiene cuatro hijos: Jorge (el único marino, que llegó al grado de capitán de corbeta), Arturo y las gemelas Carmen y Luisa.

Años más tarde, Jorge Wilson del Solar forma su familia con Elena Amenábar y tienen también cuatro hijos: Víctor, Elena, Josefina y Jorge. A Víctor Wilson Amenábar le corresponde ser el marino de esta generación y cumple su cometido con singular brillo, pues llega a ser comandante del primer crucero de instrucción de la actual "Esmeralda", oportunidad que coincide con el primer viaje oficial a Japón de un buque de la Armada chilena después de la Segunda Guerra, en 1955.

A su vez, Víctor Wilson Amenábar se casa en 1940 con Ximena Browne. La pareja tiene tres hijos, Felipe Arturo, Víctor y Regina. En esta generación los dos hombres son marinos, los dos submarinistas y los dos se casan con sus novias llamadas Carmen: Felipe con Carmen Jaramillo y Víctor con Carmen Eugenia Lazo.Y hay presencia naval en la quinta generación, pues Felipe Wilson Jaramillo -hijo de Felipe Arturo- también entra a la Armada y posteriormente se retira, tal como hizo en su época su ilustre tatarabuelo…

CONCURRIDO ENCUENTRO

Víctor Wilson Browne y su sobrino Felipe fueron los artífices del megaencuentro familiar, que pudo concretarse el fin de semana pasado, según confiesa el primero, gracias a la inestimable ayuda de internet, que permitió ubicar en poco tiempo a la numerosa y dispersa parentela.

La reunión resultó todo un éxito pues de las 82 personas que según estima Víctor conforman la descendencia del almirante Wilson Navarrete, llegaron al encuentro nada menos que 69.

Fue una ocasión para que muchos se conocieran y compartieran recuerdos y anécdotas del héroe que, tal como ocurre con las reliquias, las situaciones y los hechos más queridos, hay que atesorar de generación en generación, según el orden del tiempo.

 

 
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