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"Ella sabe que la salvó san Charbel"
 

En tres meses, la pequeña de 5 años evidencia un avance nunca antes visto desde que le diagnosticaron leucemia.

madelaine durán

ayuda.- Convencida de que su testimonio ayudará a otras personas, María Antonieta Sordo compartió la historia de recuperación de su nieta Valentina.

San Charbel

Después de haber sido enterrado 23 años antes, en 1989, un religioso de la Orden Libanesa Maronita descubrió que del nicho donde descansaban los restos del monje libanés Charbel Makhlouf, ubicado en la ciudad de Kfifen, rezumaba una serosidad sanguinolenta. Desenterrado de nuevo, se comprobó que el cadáver continuaba intacto y que flotaba en la extraña serosidad que untada curó a la esposa de uno de los médicos que acreditó el hallazgo y sanó a otra persona de epilepsia. Fue canonizado en 1977 por Pablo VI.

 

 

Revelación

 

María Antonieta Sordo insiste en que al igual que los múltiples milagros de san Charbel, la historia de su nieta puede salvar otra vida. "Yo no tengo algodoncitos ni aceite, pero quizás a alguien le puede ayudar para encontrar una señal. Yo sé que la recuperación de mi nieta es un milagro y por eso espero muy pronto llevar a mi nieta a la parroquia de Reñaca, donde hace dos semanas pusieron la imagen de san Charbel para que toda la gente se dé cuenta de cómo está ahora. Yo voy a san Expedito, a esa misma parroquia, y le he pedido cosas que me ha cumplido, pero esto que viví ahora, gracias a san Charbel, jamás pensé experimentarlo. Mi nieta me ha dado la felicidad más grande al verla nacer, el dolor más horrendo al enterarme de su enfermedad, y con su recuperación la revelación más grande al haberme demostrado que Dios existe, que Dios está con uno y que los milagros existen".

Nunca antes su nieta había vivido como una niña normal, por lo que sin querer encontrarle lógica a lo que está ocurriendo hace tres meses, su única preocupación se concentra en la evidente recuperación de la niña.

Por ello, María Antonieta Sordo desecha los comentarios de las personas que atribuyen algo de locura a su relato que habla de un milagro que vino de Dios para salvar a la pequeña de 5 años que vive en Santiago, junto a sus padres, por intermedio de un santo de origen libanés: san Charbel.

Consciente del escepticismo y desconfianza que pudiera provocar su testimonio, la abuela de Valentina Saldivia insiste en que "no quiero que esto se convierta en algo pagano, y si lo cuento es porque necesito dar un testimonio de lo que pasó. De otra manera, me sentiría egoísta al no compartir la obra de san Charbel con personas que sufren o que tienen necesidad de recurrir a él por algún problema de salud".

leucemia

Recordó que "a los dos años de edad, a mi nieta le diagnosticaron una leucemia. Fue súper duro, pero durante los dos años siguientes estuvo sometida a un intenso tratamiento de quimioterapia, por lo que luego le empezó a crecer su pelito y a tener una vida normal".

Sin embargo, la pequeña "Vale" -como le dicen sus padres y familiares- no alcanzó a disfrutar de su recuperación por más de 6 meses. "Un día, la Vale recayó y esta vez fue más intenso. Llegó a la clínica con alta temperatura, y con la primera droga le vino una mucositis, que es cuando se le rompe, por dentro, desde la boquita a las vías intestinales. Fue tan terrible su recaída, que a ella le hacían su quimio y no alcanzaba a llegar a la casa cuando tenían que volver porque estaba mal", relató su abuela.

buscando una señal

Deseosa de encontrar respuestas y sobre todo hallar la manera de ayudar a su nieta, María Antonieta se aferró a la fe y abrió su corazón a una señal que le indicara el camino.

Un día, viendo un programa de televisión, se enteró de la historia de una mujer de la Tercera Región que se sanó de un cáncer terminal después que alguien le trajo desde El Líbano el aceite milagroso de san Charbel.

Convencida de haber obtenido una señal divina, buscó incansable la manera de conseguir el aceite para librar a su nieta del sufrimiento que experimentaba a tan corta edad. "De repente, se me ocurrió llamar a la embajada del Líbano, y después de explicarles la situación, me dijeron que no había problema y que fuera a retirar un algodón impregnado en aceite", comentó.

San Charbel Makhlouf.

Confesó que su hija, la madre de Valentina, ya había perdido la fe. "Me decía ¿cómo Dios puede hacer algo así con una guagua que no ha hecho nada? Me pregunté mucho y llegué a la conclusión que esto no te lo da Dios, te ayuda a salir".

Por lo mismo, explicó, "hicimos un nuevo intento y mi hija decidió pasarle el algodón a la Vale por la columna y también a Benjamín, que es el hermanito chico de la Vale, y la pieza se impregnó de un olor a flores. Desde ese minuto, yo dije, 'Dios mío, gracias, porque esto ya pasó'".

recuperación

A los pocos días, la niña estaba en una sesión de quimioterapia "cuando me llamó por teléfono para pedirme que le tuviera asadito y vienesas quemaditas de la abuelita. Ella nunca había podido estar bien los 15 días de descanso después de la semana de quimio, y ahora llegaba ala casa igual como si no le hubiera pasado nada. Si no hubiera sido porque estaba peladita, nadie podría haber pensado que tenía algo".

María Antonieta contó que "al mes que le habían pasado el algodón con el aceite de san Charbel, mi hija me llamó para contarme que la Vale había soñado con un curita que le había dicho que iba a estar bien y que sus papás también. Le preguntaron quién era y ella decía que era muy lindo, pero no era nadie de los que conocía, y un día, cuando la llevaron a sacarse sangre vio una foto, y dijo 'ése es el curita', y resultó ser Juan Pablo II".

conexión

Según detalló, el sumo pontífice sentía un gran respeto por el santo libanés, lo que se convirtió en un antecedente más para sustentar el milagro.

"A los pocos días, los médicos por primera vez consideraron el trasplante de médula en su caso, pero había que encontrar un donante cien por ciento compatible, y resultó que su hermanito podía donarle médula. Le hicieron el trasplante y empezó primero con un rechazo, se le puso la cara colorada y llena de puntitos morados que luego se rompen y se convierten en llagas. Entonces, mi hija había guardado un algodón para cuando la Vale saliera; le pasó el algodón que le quedaba y que estaba lleno de aceite como si se hubiera autoreproducido. Al otro día, la Vale tenía la carita sanita como si nunca hubiera tenido nada".

Desde entonces, su recuperación fue rapidísima y recién se confirmó el lunes pasado, cuando los exámenes revelaron que la niña estaba fuera de peligro, tanto, que "la doctora miraba el hemograma y se reía porque no entendía qué había pasado. Yo sí sabía lo que había pasado: san Charbel había salvado a mi nieta", enfatizó.

 

 
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