Usted está en : Portada : Reportajes Domingo 3 de diciembre de 2006

Alerta temprana

Por Rosa Zamora C.

"Hasta no hace mucho, la base de un cumpleaños infantil chileno estaba en las jaleas de fruta, sándwiches de palta, de pollo, un trozo de torta casera y una taza de leche con chocolate. Hoy lo único que se mantiene es la torta, porque, de lo contrario, no habría dónde colocar las velas. El resto son papas fritas, alimentos ricos en grasas, litros de gaseosas y docenas de hot dog chorreando mayonesa".

No es un lamento paterno ni la observación de un nutricionista. Es parte de la intervención del parlamentario Roberto Sepúlveda durante la sesión especial realizada en junio de este año por la Cámara de Diputados para abordar un problema que causa alarma general en Chile: los crecientes niveles de obesidad infantil.

En la reunión se aprobaron tres proyectos de acuerdo vinculados a la mitigación de la "epidemia global", también bautizada como "globesidad". Los más participativos fueron los legisladores médicos, entre ellos Roberto Sepúlveda.

Enrique Accorsi: "Éste es el problema número uno de salud pública. Los niños que hoy son obesos, en el futuro van a ser diabéticos, hipertensos; tendrán artrosis de rodillas y de caderas, escoliosis; su columna fuera de lugar y no podrán realizar, por ejemplo, trabajos prolongados de pie o sentados".

Fulvio Rossi: "Si sabemos que de diez adolescentes obesos siete serán adultos obesos, entonces, el momento de actuar no es la adolescencia, sino las primeras fases del desarrollo del niño".

 

PELIGROSA EVOLUCIÓN

 

La expansión de la "globesidad" en niños chilenos de primero básico es de verdad alarmante. En 1987, el 8.4 por ciento de los escolares de 6 años presentaba obesidad. El último estudio nacional de la Junta de Auxilio Escolar y Becas (Junaeb), que data del año pasado, arroja un preocupante 18.5 por ciento. Y a nivel de escolares en general, no sólo de primero básico, se habla de alrededor del 20 por ciento, cifra similar a la del grupo que presenta sobrepeso.

La meta sanitaria para el periodo 2000-2010 era bajar la tasa de obesidad infantil del 16 al 12 por ciento. Una meta que está lejos de cumplirse, a pesar de los esfuerzos realizados por la Junaeb, que entrega alimentación saludable a los escolares del área subvencionada, y de los programas que en el mismo sentido impulsa en los colegios.

"Cada año las cifras aumentan más. Cuando mostramos los gráficos, son como unas escaleras que suben violentamente", dice Sonia Olivares, nutricionista, magíster en ciencias de la nutrición, profesora e investigadora del Instituto de Nutrición y Tecnología de Alimentos (INTA) de la Universidad de Chile.

En la zona no andamos mejor. El estudio 2005 de la Junaeb para niños de 6 años arrojó un 20.4 por ciento, lo que nos ubica entre las tres regiones con mayor prevalencia de la enfermedad a nivel nacional. Pero esa tasa es superior en la población escolar en general. "Me atrevería a hablar de cerca del 30 por ciento en obesidad y 20 por ciento en sobrepeso", observa el profesor Atilio Almagia, docente e investigador del Instituto de Biología de la Pontificia Universidad Católica de Valparaíso, jefe del Laboratorio de Antropología Física y Anatomía Humana de esa unidad académica, y pionero en el estudio de la obesidad escolar en la Quinta Región, con una investigación en más de 600 estudiantes que detectó la existencia de este problema ya en el año 1982.

Los investigadores no ocultan su inquietud frente a la evolución de esta realidad. "Honestamente, no sé cómo vamos a salir de este círculo vicioso; no hay el suficiente cuidado con los niños y para neutralizarlo tendrían que estar todos involucrados, la familia, la escuela, el ambiente", expresa Sonia Olivares.

"Sin ser brujo, yo veo una mala proyección, porque para empezar a paliar esta situación se requeriría una intervención del colegio y la familia, que está bombardeada por una publicidad inadecuada; incrementar las horas de educación física y la educación nutricional, el conocimiento nutricional de los profesores que están permanentemente con los alumnos, así como una publicidad positiva", agrega Atilio Almagia.

 

CAMBIO NEFASTO

 

El cambio en los estilos de alimentación y el sedentarismo propio de la cultura del automóvil y del control remoto están en el origen de los males que nos aquejan, que son los mismos que sufre buena parte del mundo occidental.

Chile reemplazó la alimentación tradicional, en la cual la principal comida del día podía incluir tres platos de alto valor nutricional, además de postre, por otra de baja calidad nutritiva, que en pequeños volúmenes aporta más calorías, grasas saturadas, azúcar y sal: la comida chatarra.

Antes de esta invasión, comenta la profesora Olivares, el almuerzo nacional incluía cazuela o sopa y otro plato, con una fuente de ensalada surtida en la mesa y habitualmente fruta de postre. "Aunque parezca muy abundante en volumen, todo eso tiene casi la mitad de las calorías de una hamburguesa con mayonesa, papas fritas y gaseosa. La gente se movía más y no era obesa".

La comparación es elocuente. Una cazuela de ave tiene 340 calorías (la de vacuno 417) y un plato de porotos granados 335, pero un hot dog palta mayo aporta 600 y una sola porción de papas fritas, 368.

En los tiempos preglobales, con madres vigilantes en el hogar, las gaseosas estaban reservadas para ocasiones especiales, las papas fritas hechas en casa se comían muy a lo lejos y en cantidades tan restringidas como las golosinas. Para qué decir los helados. Niños y niñas jugaban entre otras cosas a pillarse, a saltar la cuerda, al luche, a las escondidas, al tombo y a las naciones, prácticas bastante agotadoras si se las compara con el play station.

 

QUE NADIE SE MUEVA

 

"Hay un problema tremendo de falta de actividad física, que desgraciadamente está afectando a los niños desde muy pequeños, desde los jardines infantiles", expresa Sonia Olivares.

Agrega: "No se dan los espacios para que los niños jueguen y desde pequeños se les enseña a entretenerse en los rincones. Hay estudios que demuestran que su gasto de energía es bajísimo…porque no los dejan. Y en el sistema escolar, aunque haya 90 minutos programados para la clase de educación física, las investigaciones demuestran que no más de 21 minutos son de movimiento".

"Hace unas décadas en el país surgió la idea de trotar y los espacios públicos se llenaban de gente que corría. ¿Se ha fijado que ahora no pasa nada?", pregunta el profesor Almagia, cuyo laboratorio ha continuado realizando estudios y tesis sobre la obesidad y su prevención, con el apoyo de la vicerrectoría de Investigación de la PUCV, para incentivar la preocupación de los futuros profesores de biología y educación física en esta materia.

"Hay una gran carencia de actividad física y son mínimos los establecimientos que hacen actividades extraprogramáticas centradas en estas prácticas", agrega.

 

PUBLICIDAD Y PRESTIGIO

 

Los dos expertos apuntan a la seducción que la publicidad de productos chatarra genera en los más chicos.

Almagia: "Hay un exceso de propaganda relacionada con malos hábitos alimenticios. Es cosa de ver los productos que sacan los niños en los supermercados. Otro elemento nefasto: lo que venden los quioscos en los colegios y, por qué no decirlo, las cafeterías en las universidades. A nivel nacional, eso sí, hay un aspecto positivo, que es la indicación nutricional en el etiquetado de los alimentos. Porque hay propagandas que son muy engañosas, que hacen por ejemplo que la gente crea que los productos light no la harán engordar, cuando la verdad es que sólo bajan un poco las calorías, y así empezamos a ver gordos light. La persona tiene que consumir lo que corresponda a su gasto energético. Si consume más de lo que gasta, eso se acumula en forma de tejido adiposo".

Sonia Olivares: "La publicidad, la gigantesca oferta y el bajo costo de los productos chatarra cambió el "switch" mental de los niños, que están rodeados de gente que vende sopaipillas y papas fritas en todas las calles, esquinas y quioscos de los colegios. Es una situación muy crítica porque desgraciadamente las mamás les dan plata y por supuesto el niño compra lo mismo que sus compañeros, productos atractivos que ve en la televisión y en todas partes; son bonitos, brillantes, incluyen regalitos y están rodeados de una aureola de prestigio social. Entonces el niñito que lleva manzana se ve desprestigiado frente a sus compañeros, es el tonto que lleva fruta…"

 

¿LEGISLAR, RESTRINGIR, PROHIBIR?

 

Hace un par de años, el parlamento francés aprobó una ley que prohíbe las máquinas dispensadoras de bebidas y refrigerios en los colegios: 5,3 millones de ciudadanos eran obesos y 14,4 millones sufrían sobrepeso. En Norteamérica algunos estados ya han tomado la misma decisión. En mayo de este año, el gobierno inglés puso mano dura y erradicó la venta de chocolates, papas fritas, gaseosas y alimentos calóricos o de baja calidad nutricional en establecimientos educativos. Y en agosto último Israel se sumó a la restricción: primero fueron las gaseosas y este mes deben desaparecer de las escuelas las papas fritas y las salchichas, entre otros alimentos.

"Dinamarca, Suecia, Noruega y Québec, en Canadá, tienen regulada la publicidad (de productos chatarra) y establecieron la prohibición de vender alimentos en los colegios. No expenden nada, salvo agua envasada", expresa la profesora Olivares, quien participó en Oslo en una reunión sobre publicidad de alimentos dirigida a los niños, realizada por la Organización Mundial de la Salud-Europa. "Ellos están regulando la publicidad enfocada a este segmento y lo que se discutía en verdad era la edad que se iba a fijar para la restricción porque la idea es que Europa tenga un patrón común en esta materia".

 

HAY QUE HACER ALGO

 

La investigadora duda de que en Chile o Latinoamérica se pueda adoptar medidas restrictivas en materia publicitaria porque la actividad, al igual en Estados Unidos, opera en forma autorregulada.

Aunque el país del norte emitió recientemente un informe "en que prohíbe dirigir a los niños mensajes que quiten autoridad a sus padres, y señala que una de las cosas más nefastas es persuadir a los niños de que son ellos quienes deben decidir los alimentos que se compran en su casa".

Diputado Fulvio Rossi: "¿Cómo es posible que hoy no sea obligatoria para los establecimientos educacionales subvencionados, tanto particulares como municipalizados, la certificación de escuela saludable, que exige la eliminación de la comida chatarra y su reemplazo por frutas y yogures?".

Alex Navarro, médico gastroenterólogo, secretario general de la Sociedad Chilena de Gastroenterología y director de la Escuela de Nutrición y Dietética de la Universidad Finis Terrae: "Toda medida es aceptada por unos y criticada por otros, pero se debe hacer algo. Si se puede obtener efectos positivos a partir de determinadas iniciativas, hay que considerar su aplicación en beneficio de toda la población".

 

 
Arriba  Volver
 
Opciones
Volver a la portada Volver a la portada
Enviar este artículo Enviar este artículo
Imprimir sólo texto Imprimir sólo texto
Noticias Navales
Toda la actualidad marítima y naviera en un solo lugar