Usted está en : Portada : Reportajes Martes 26 de diciembre de 2006

Casino, un parto difícil

Julio Hurtado

Fue un parto largo y complicado que se inició en 1913 y sólo culminó en 1928, cuando en el balneario de Recreo, junto a la vía ferroviaria, comenzó a operar en forma provisoria el Casino Municipal de Viña del Mar. La sede definitiva, la actual, sería inaugurada el 31 de diciembre de 1930.

Por eso, no debería asombrar en estos días que sea un parto complicado el otorgamiento de licencias para el funcionamiento de nuevas casas de juego en el país, proceso acompañado, más allá de las ofertas de los interesados, de recursos judiciales, querellas por injurias, intentos de modificación a la flamante legalidad a medio camino de funcionamiento y hasta un misterioso maletín con 600 mil euros que apareció en el aeropuerto de Buenos Aires, no se sabe si con destino a Argentina o a Chile.

Lo que ocurre es que el juego de azar ha estado rodeado siempre de conflictos, sospechas y condenas, incluso cuando de trata de canalizar esa atracción fatal hacia fines de bien común, como es el caso del Casino Municipal de Viña del Mar, fuente de importantes recursos a la ciudad.

SESIÓN SECRETA

Las propuestas iniciales para la creación de un casino de juego en Viña del Mar fueron tajantemente desestimadas antes de 1910 por el Presidente Pedro Montt.

Por eso era explicable que en una sociedad que formalmente condenaba al juego de azar la primera vez que se hablara oficialmente en Viña del Mar del tema fuera en una sesión secreta de la municipalidad. El 16 de diciembre de 1913 el alcalde Manuel A. Valenzuela Quintana propuso llamar a propuestas públicas para la construcción de un balneario y casino que se ubicarían en el espacio comprendido entre 6 Norte y los terrenos de la Sociedad de Maestranza y Galvanización de Caleta Abarca.

Semanas después, el 28 de febrero de 1914, se inauguraba un tramo de lo que sería la actual avenida Marina. Asistía el Presidente de la República Ramón Barros Luco, conocido más por un sándwich que por su obra de gobernante. Injusticias de la historia.

En esa ceremonia habló el diplomático Alberto Mackenna Subercaseaux, recién llegado de Europa, quien postuló la construcción de un casino en esos terrenos, hasta entonces basurales, según el mismo afirmó. Mackenna:

"Los casinos, tal como se encuentran establecidos en casi todos los países de Europa y en algunos de América son centros de sociabilidad y de cultura a los cuales van los veraneantes a alegrar y distraer el espíritu. No debemos mirarlos con hostilidad ni juzgarlos con un criterio falso o estrecho. Debemos implantarlos en la misma forma como se he hecho en países como Suiza que es ejemplo de pureza de costumbres. Es este el único medio de darle prosperidad, alegría y movimiento a un balneario".

Dos días después, el diario "La Unión" de Valparaíso, afín al partido Conservador, atacaba con virulencia a Mackenna calificándolo de "apóstol del juego en Chile" y "líder de la ruleta".

 

JUEGOS PELIGROSOS

 

Hasta principios del siglo pasado el único juego legal de dinero en Chile era la hípica. Sin embargo, el juego de azar, cartas, ruleta o dados, florecía en clubes sociales y políticos de todos los pelajes, desde los más exclusivos hasta los más modestos de pueblos pequeños. También se practicaba con pasión en centros de reunión de extranjeros, algunos genéticamente adictos al juego.

No se apostaban porotos o fichas de carey, sino que fortunas, platas propias y ajenas, lo cual significaba ruina y desgracia para familias enteras. Edwards Bello en varias de sus obras da cuenta de esa atracción fatal de la cual el mismo era víctima.

Por eso, la posibilidad de juego legal vestido con ropajes de atracción turística aparecía para muchos como una maldición bíblica.

El vapuleado Mackenna Subercaseaux, siguió dando buenas ideas y una de sus iniciativas está vigente en Santiago, el parque del cerro San Cristóbal, bastante más inocente que un casino pues lo más peligroso que tiene son las bien enjauladas fieras del zoológico.

La creación del casino viñamarino, tras largos debates, sólo se concretó a través de la ley 4.283, de febrero de 1928 que "autoriza a la Junta Pro Balneario de Viña del Mar para establecer un casino destinado a procurar pasatiempos y atracciones a los turistas y con el cual no regirán los artículos 277, 278 y 279 del Cogido Penal". Eran los artículos que prohibían los juegos de azar.

 

EL COMIENZO

 

Comenzó a girar la ruleta en forma provisoria en el desaparecido balneario de Recreo en tanto la Municipalidad compraba 20 mil metros cuadrados en la llamada Playa Nueva de Población Vergara donde se levantaría el casino y un "hotel modelo para turistas". Eran tiempos de proyectos llamados "modelo", como ejemplo de eficiencia y modernidad. Así, había hospitales y cárceles "modelo" y hasta una carnicería "modelo" en la calle Valparaíso.

Anteriormente, febrero de 1928, se pensó ubicarlo en la parte alta del cerro Castillo.

En julio de 1929 la Junta Pro Balneario de Viña del Mar llamó a concurso para la construcción del edificio. Se separaron los proyectos, destinándose para el hotel terrenos adquiridos a la Cía. de Tabacos frente a la Plaza Vergara.

Fue seleccionada la propuesta de los arquitectos Alberto Risopatrón y Ramón Acuña, una edificación de estilo ecléctico avanzando hacia el racionalismo.

La construcción misma fue encomendada a Saa y Vial Ltda. y jefe de obras fue un ingeniero ruso, Alejandro Strelkowsky. Eficientes los constructores y el ingeniero ruso pues el edificio del Casino subsiste pese a terremotos, inundaciones y remodelaciones varias.

La obra se ejecutó en sólo nueve meses sin la presión de ninguna elección próxima, pues el general Carlos Ibáñez, mandatario de la época, no era muy aficionado a esas prácticas. El mismo fue elegido en un comicio en el que corrió solo.

HASTA CON PRÍNCIPES

La inauguración del casino fue la gran fiesta del año nuevo de 1931, sin farándula pero con la concurrencia de toda la socialité" nacional. Champaña, discursos y el banquete del caso. La presencia del flamante edificio en lo que antes eran arenales y pozones que abastecían de zancudos a toda la ciudad era impresionante, según la descripción del historiador viñamarino Renato Basulto:

"Al caer la tarde, el edificio, los jardines y sus juegos de agua, lucían una fantástica iluminación que congregó en sus alrededores a centenares de personas que contemplaban admiradas el magnifico recinto y la hermosa construcción del casino".

Allí se dio el gusto de decir un discurso Alberto Mackenna, el anatematizado "apóstol de la ruleta" de 1914.

Pero el sello VIP llegó para el flamante establecimiento viñamarino semanas después, el martes 24 de febrero de 1931, cuando se ofreció en sus salones y jardines una recepción a los herederos del trono británico, Eduardo y Jorge, de visita en Chile. El primero, Príncipe de Gales, dejaría la corona por el amor de una plebeya divorciada, Wallis Simpson, en 1936, dando paso a su hermano Jorge, padre de la actual Reina Isabel II.

Asistieron mil 200 personas. Siete mil copihues adornaron las mesas y la Municipalidad estrenó una fina vajilla adquirida en Gran Bretaña.

Las elegidas por los príncipes para el primer baile fueron María Teresa Artaza de Davies, por Eduardo, y María Vial, por Jorge.

Diez mil personas en el entorno del recinto y fuegos artificiales que iluminaron la noche enmarcaron la jornada.

¿Qué gala de silicona de nuestros tiempos le podría matar el punto a esa fiestecita con dos futuros reyes del otrora poderoso Imperio Británico?

LOS ENEMIGOS

Vimos cómo desde su nacimiento el casino ha tenido detractores. Desde sacerdotes que hablaban con la propiedad de los confesores de dramas originados en el juego, algunos con desenlaces fatales, hasta parlamentarios que tuvieron en jaque al establecimiento viñamarino.

El primero en oponerse fue el diputado liberal por Valparaíso José M. Ríos Arias, quien en 1929, acogiendo una campaña del partido Conservador, obtuvo en la Cámara la probación de un proyecto de ley que derogaba la autorización para el funcionamiento de un casino en Viña del Mar. El proyecto naufragó en medio del caos político de esos años.

Luego, en los años 40, en un sonado proceso sobre el funcionamiento del establecimiento, el alcalde Eduardo Grove, esposo de Inés Allende, hermana del ex mandatario Salvador Allende, fue encargado reo. La Corte Suprema, sin embargo, revocó esa decisión reconociendo que el jefe comunal había velado por los intereses de la ciudad.

Grandes enemigos del juego legal en Viña fueron los senadores radicales Exequiel González Madariaga y Hernán Figueroa Anguita. Este último propició una moción que fue aprobada el 7 de agosto de 1950 por la Comisión de Legislación y Justicia del Senado, la cual restringía el funcionamiento del Casino a tres meses del año, del 15 de diciembre al 15 de marzo. Inicialmente el parlamentario exigía un cierre definitivo, pero tras escuchar al alcalde viñamarino Gustavo Fricke exponer la importancia de sus ingresos para la ciudad, se acordó limitar su funcionamiento. Felizmente, la propuesta quedó en nada y sólo se aumentaron las restricciones para el acceso a las salas de juego, las que se aplicaban desde 1928.

 

EL MUNDIAL DEL 62

 

Con ocasión del Mundial del 62, el entonces alcalde Gustavo Lorca Rojas propició un proyecto de ley para autorizar el funcionamiento de las salas de juego fuera del periodo oficial, entonces del 15 de septiembre al 15 de marzo siguiente.

Solicitó el patrocinio al Presidente de la República Jorge Alessandri, quien lo había nombrado como jefe comunal de acuerdo a la normativa de la época. Este, por principio enemigo del juego, se la negó y su única concesión fue la promesa de no vetar la iniciativa si era despachada en el Parlamento. Aprobada en la Cámara, pasó el Senado, donde se perdió pues dos senadores que habían comprometido apoyo se retiraron la sala al momento de la votación, según cuenta el propio Lorca.

Años más tarde, un paso más audaz dio el alcalde Juan Andueza, designado por Eduardo Frei Montalva: el funcionamiento del casino los fines de semana de invierno. Frei tampoco era amigo del juego y Andueza hizo un trabajo de joyería para lograr la aprobación parlamentaria y la promulgación de la ley correspondiente.

Pinochet, finalmente, abrió la puerta totalmente y hoy tenemos casino a toda hora con variados juegos.

Y el naipe se sigue barajando con la vigencia de la ley 19.995 que autoriza nuevos casinos a lo largo del país, sumándose a los existentes en Arica, Iquique, Coquimbo, Viña del Mar, Pucón, Puerto Varas y Puerto Natales, hasta totalizar 24 casas de juego legal.

El proceso en marcha ha sido confrontacional y complejo lo que confirma que el negocio del juego de azar es bueno. Siempre "gana la casa", pues los casinos venden una tentadora mercadería: la ilusión de la fortuna.

 

 
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