Usted está en : Portada : Reportajes Domingo 20 de mayo de 2007

La historia de la familia Chiang: Fructífera paciencia

A comienzos del siglo pasado, un joven cantonés que había formado parte de los ejércitos de Chiang Kai Shek, decidió emigrar a la lejana América del Sur. Llegó a la pampa salitrera, fue un próspero comerciante, ocupó los cargos de alcalde y delegado, y formó una familia que brindaría importantes servicios a su nueva patria. Como que dos de sus hijos fueron rectores de la Universidad Santa María.

Por Rosa Zamora

Cuando el joven cantonés Chiang Chi Huan emprendió la larga ruta de los emigrantes chinos de comienzos del siglo pasado -Hong Kong, Macao, San Francisco y América del Sur-, seguramente no imaginó que llegaría a una tierra a la que rápidamente se brindaría como el más empeñoso de sus hijos. Pero así fue. Aquí se instaló, se casó, adoptó el nombre con que todos lo llamaban -Juan, después Juanito- y formó una familia que prestaría relevantes servicios a su nueva patria.

Era escasamente un veinteañero, pero tenía historia. En su país natal había formado parte de los ejércitos de Chiang Kai Shek, quien más tarde conduciría a la derrota a la última dinastía imperial y se convertiría en presidente de la China Nacionalista.

Antes de eso y en medio de grandes conflictos, Huan -en la cultura china primero es el apellido y después el nombre- decidió partir. Y tras el largo y accidentando viaje desde el oriente lejano, llegó al duro y entonces próspero y cosmopolita norte salitrero.

No se quedó en la relativa comodidad de las ciudades. En lugar de eso, se internó en la pampa áspera y pedregosa hasta que dio con el lugar donde haría su vida: el poblado de Lagunas, situado a unos 80 ó 100 kilómetros al sur de Iquique, confluencia natural de la salitrera del mismo nombre que poseía los cantones norte, centro y sur.

Huan instaló un almacén, de esos almacenes tipo pulpería que suelen verse en las fotos de colección, construidos y alhajados con firmes maderas americanas traídas por la multitud de veleros que surcaban los mares en busca del oro blanco. Trabajador y perseverante, necesitó poco tiempo para multiplicar sus negocios por cinco.

MATRIMONIO Y BAUTISMO

Cultor hasta entonces de la tradición budista, Huan había conocido a la profesora Sofía del Carmen Acosta, y la fuerza del amor lo llevó a abrazar la religión católica. Fue bautizado y su matrimonio bendecido en 1910 nada menos que por el futuro cardenal José María Caro, que entonces servía su magisterio como un sacrificado sacerdote de la pampa.

En la misma casa de Lagunas, como ocurría en esa época, vinieron al mundo los hijos de la pareja, todos bautizados con el primer nombre -ya chilenizado- del padre: Juanita, Juan Jorge, Juan Luis, Juan Gustavo y Juan Jaime.

Los niños Chiang Acosta no se movieron del desierto y pudieron hacerlo porque aprendieron con su madre educadora todo cuanto debían aprender. Pero, al avanzar en los estudios, inevitablemente debieron trasladarse a Iquique, donde algunos se matricularon por primera vez en un colegio…en quinta preparatoria.

Y no tuvieron mala base porque todos pudieron continuar las humanidades como alumnos destacados, claro que lejos de la casa familiar.

MUERTE EN LA PAMPA

Entonces sobrevino la crisis del salitre. Las oficinas comenzaron la lenta agonía que las llevaría a cerrar sus puertas y a apagar sus grandes chimeneas, mientras desaparecían los regios veleros que antes abarrotaban el muelle fiscal de Iquique.

Pueblos enteros quedaron deshabitados en medio de las gélidas noches, de los días ardientes y del viento tenaz de la pampa que golpeaba obstinado puertas y ventanas de aquellas casas destinadas al desmantelamiento y al saqueo, hasta que sus vestigios quedaran borrados para siempre de la cara del desierto.

Chiang Chi Huan, quien fue alcalde y delegado de Lagunas, nunca quiso dejar el pueblo y esperó su recuperación con porfía, contra toda evidencia, hasta el día de su muerte, en 1944.

No alcanzó a saber que tres de sus hijos llegaron a ser distinguidos ingenieros civiles de la Universidad Técnica Federico Santa María, en las únicas especialidades que se impartían entonces: mecánica (Gustavo), eléctrica (Jorge) y química (Jaime).

Tampoco que dos de ellos -Jaime, quien vive muy cerca de la casa central, en Los Placeres, y Gustavo, residente en Concepción- ocuparon el cargo de rector en esa misma casa de estudios.

LA UNIVERSIDAD Y LA VIDA

Titulado en 1952, Jaime Chiang trabajó en diversas industrias químicas chilenas -que fabricaban desde el popular detergente Perlina hasta la crema Ponds- durante los primeros ocho años de su vida profesional, periodo en que realizó varias estadías de conocimiento y perfeccionamiento en el extranjero. En 1960 ingresó como académico a su alma mater, un año después de haberse casado con Alicia Sánchez -hermana de la esposa de su hermano Jorge-, luego de un pololeo que se prolongó por once años.

En 1964 partió a doctorarse en la Universidad de Louisiana, en Estados Unidos y a su regreso retomó la actividad docente. Era la agitada época de la Reforma Universitaria. En 1969, fue el primer rector elegido en esa casa de estudios superiores y su periodo duró hasta 1972, cuando la Universidad de Louisiana le pidió una permanencia de un año como profesor invitado, periodo en que siguió estudios de post doctorado y durante el cual inició su dilatada especialización en ingeniería ambiental.

"A mi regreso, en 1973, alcancé a hacer una clase. El rector delegado me planteó que, como no compartía el pensamiento del régimen, le presentara mi renuncia "para no manchar mis antecedentes" con una exoneración. Me negué a hacerlo y fui despedido", recuerda el doctor Chiang con evidente tristeza, ya que además "se distribuyó en las porterías un instructivo que prohibía mi ingreso a la universidad".

DE AMOR Y DOLOR

Vastamente conocido en el mundo de su especialidad, además de ofertas de trabajo de Santiago, el doctor Jaime Chiang recibió varias propuestas para desempeñarse en universidades de Estados Unidos y Europa, pero declinó aceptarlas. "Nadie tenía derecho a obligarme a dejar mi patria", relata ahora en su acogedora casa con vista al mar, en el mismo barrio y la ciudad de siempre, que tampoco estuvo dispuesto a abandonar.

Pasó el chaparrón como académico en la sede Valparaíso de la Universidad de Chile, actual Universidad de Valparaíso, hasta el año 2000. Antes, en octubre de 1989, con la asistencia del entonces ministro de Educación, Ricardo Lagos, la USM recibió con un homenaje la reincorporación a sus aulas del doctor Jaime Chiang, cuyo hermano Gustavo fue rector entre 1989 y 1992.

Muy crítico del sistema universitario chileno, el académico y ex rector piensa que la educación superior debe estar íntimamente conectada con las necesidades y el destino del país; que debe trabajar con rigor en pos de la excelencia de las futuras generaciones profesionales y no guiar su labor formativa, de investigación y extensión, por criterios de marketing.

Mientras analiza calmadamente la posibilidad de dejar la docencia -dicta clases en la Universidad de Playa Ancha y es profesor titular honorario en la Universidad Nacional de Cuyo, donde creó los programas de postgrado en ingeniería ambiental-, el doctor Chiang admite que su relación con su alma mater ha sido de amor y de dolor. De amor por la formación y el conocimiento que contribuyó a transmitir durante tanto tiempo, y de dolor por las dos veces que tuvo que dejar sus aulas.

Un sentimiento parecido al que debe haber guardado por el pueblo de Lagunas su padre, el inmigrante cantonés Chiang Chi Huan, que dejó en la inmensidad de la pampa nortina su inmensa paciencia oriental.

 

 
Arriba  Volver
 
Opciones
Volver a la portada Volver a la portada
Enviar este artículo Enviar este artículo
Imprimir sólo texto Imprimir sólo texto