Usted está en : Portada : Reportajes Lunes 3 de diciembre de 2007

Ministro Carlos Aránguiz Zúñiga
Escritor en la Corte

Actual presidente del tribunal de alzada de Rancagua, el magistrado que investigó como ministro en visita el bullado caso “Coimas” es un destacado narrador y poeta.

ROSA ZAMORA

rzamorac@mercuriovalpo.cl

 

Buena parte de los chilenos debe ubicarlo como el ministro en visita que investigó el caso "Coimas", que figura entre los más bullados escándalos políticos de la década y que derivó, entre otras medidas, en el desafuero de cinco diputados.

Seguramente pocos identifican al magistrado Carlos Aránguiz Zúñiga, actual presidente de la Corte de Apelaciones de Rancagua, con el comprometido integrante de la Academia Chilena de la Lengua ni con el prolífico novelista y poeta que es.

Pero sus vocaciones no son excluyentes. "Aunque el juez se aprovecha del literato y este último nunca del juez. Se complementan y se animan".

"TESORO DE LA JUVENTUD"

- ¿Usted aprendió a leer en el "Silabario Hispanoamericano", en "El Peneca", en el diario, en un libro de cuentos?

"Mis padres tenían en casa una inmensa biblioteca que casi nos rodeaba. En medio de los libros crecí y aprendí a leer antes de ir al colegio, a los 3 años de edad. La colección del 'Tesoro de la Juventud' y en general libros de cuentos y poemas de autores universales, formaron parte de mis primeras lecturas".

- ¿Cuál fue su sensación al comprobar que había adquirido esa forma de dominio del mundo?

"Para mí el mundo de los libros era completamente normal y no tenía mucho conciencia que se abría un universo inconmensurable. Sólo cuando empecé a ir al colegio y trataba de comentar lo que aprendía en los libros con mis compañeros, me di cuenta de que fisgoneaba en una fisura infinita, a la que no todos se asomaban".

EL OFICIO DE ESCRIBIR

- Borges decía que "un libro no debe requerir esfuerzo" porque la felicidad no lo requiere. ¿Qué opina usted?

"Borges es mi autor favorito, no sólo por sus afirmaciones excéntricas pero centradas, sino que especialmente por su lealtad con el conocimiento humano en general. Para mí escribir es un oficio, mezcla de don y de esfuerzo, pero en definitiva la literatura no es otra cosa que el ejercicio lúdico de la existencia".

- En estos tiempos muchos predicen la desaparición del libro, por lo menos en su formato de papel. ¿Será así? ¿Se imagina a sí mismo leyendo por Internet?

"No me ahuyenta lo moderno, es más, me atrae. No me preocupa la desaparición de las cosas físicas. En cambio, me angustia la extinción de los valores. El arte, en general, es consubstancial al ser humano; de modo que lo único que me preocupa en definitiva es la desaparición de éste (que no solamente puede ser física, sino especialmente valórica)".

DONES COMO SERVICIO

- García Márquez decía que escribía para que sus amigos lo quisieran más. ¿Usted por qué escribe?

"No por esa razón, naturalmente. Como creyente pienso que todo don recibido es servicio. Lo siento como un deber, más o menos eludible, según sea la calidad de la entrega -yo pertenezco a cierta porción de escritores que no piensa tanto en sí mismos como centro de su mundo creativo- , pero como deber, obligatorio al fin".

- "En veinte años o tal vez en cincuenta/ alguien se sentará en esta misma ventana/ a mirar el mar de otoño y sentirá/ mi voz llamando desde el agua…" escribe. ¿La poesía es un antídoto contra la muerte?

"No (y está probado ¿cierto?). Pero ayuda a aceptarla y convertirla en compañera de viaje".

NOSTALGIAS DE VALPARAÍSO

- ¿Qué lo une en esencia a la Perla del Norte?

"Poco. Nací en Antofagasta por accidente y nos desvinculamos al poco tiempo. Mi madre, orgullosa nortina, fue amiga de Sabella y se siente todavía parte del Norte de Chile. Yo, en cambio, me siento más centrino por afección y patagónico por devoción. Valparaíso ocupa uno de los lugares privilegiados de mi nostalgia. Estuve allá cinco inolvidables años y nació allí el primero de mis tres hijos varones".

- ¿Y que lo llevó a enamorarse de Aysén?

"Mi destinación como funcionario público y mi asimilación de su paisaje geográfico y humano. Aysén es la reserva de vida de Chile, allí está al esperanza de todo un país, aunque por ahora simulemos ignorarlo".

- ¿Usted es más juez o escritor? ¿Ha pensado en dedicarse sólo a la literatura?

"No soy más uno que otro. Parodiando a Borges, tendría que decirle "soy el mismo". Ambos oficios no se excluyen, aunque el juez se aprovecha del literato y este último nunca del juez. Se complementan y se animan".

 

 

 
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