Usted está en : Portada : Ciudades Sábado 2 de febrero de 2008

El día en que la equitación

claudia campos

ccampos@mercuriovalpo.cl

Faltaba un minuto para las seis de la tarde del 5 de febrero de 1949. Nunca antes el país había batido un récord mundial en el deporte. Nunca antes Chile había ocupado algún sitial de honor.

Antes que Marcelo Ríos fuera raqueta número uno en el mundo, y que Fernando González y Nicolás Massú obtuvieran medallas de oro en las Olimpíadas del 2004; un jinete y un caballo llamado Huaso, le dieron al país la primera victoria deportiva que es recordada hasta hoy. Y tuvo lugar en el desaparecido Regimiento de Coraceros, en Viña del Mar, en medio del Jardín de Saltos, lugar que con el progreso y crecimiento de la ciudad, dio paso a torres de departamentos.

Pero hubo preocupación por preservar algún recuerdo de esa gesta deportiva que tanto honor le dio a la equitación, y las autoridades comunales consiguieron el 12 de diciembre último, inaugurar un monumento que recuerda el momento exacto en que el capitán Alberto Larraguibel, en su caballo Huaso, volaron por los aires a 2,47 metros, superando la marca que había hasta entonces.

Ese monumento quedó en un lugar privilegiado. A poca distancia de la zona exacta en que el binomio dejó esa cálida tarde, hace 59 años, a 5 mil personas eufóricas tras la hazaña.

Pero el clima anterior a esa gesta es digno de recordar. Testigos privilegiados que estuvieron ese día en el Coraceros cuentan cómo se vivió ese salto.

PREPARATIVOS

Los que entienden de equitación y particularmente de esta disciplina que es el salto alto, saben que no es fácil que se supere la altura alcanzada por el binomio.

Bien lo sabe Julio González Ibacache, que a sus 83 años recuerda como si fuese ayer todo el trabajo de entrenamiento que estuvo dirigido a superar los 2,47 de altura en vallas.

Como ordenanza del entonces capitán Larraguibel participó de cerca en la preparación que tomó al menos dos años.

viaje "a pulso"

"Dos días antes del día D, como le decía mi capitán a ese concurso internacional que hubo en Coraceros, me encomendaron traer a Huaso desde Quillota a tiro... es decir, al trote por los cerros porque no había estos carros que transportan a los caballos de competencia. No existía eso... A Huaso lo trajimos con dos caballos y amarrado, y demoramos medio día. Bajamos por los terrenos en que estaban las petroleras, bordeamos la playa y ahí llegamos a las pesebreras del Coraceros".

González Ibacache recuerda que apenas llegaron al regimiento ya había expectación. "La prensa había dado amplia cobertura al desafío que quería hacerse. El capitán mismo, el Ejército, todo un país estaba entusiasmado con la posibilidad real que había, porque este binomio ya traía un récord sudamericano".

En la mañana misma del 5 de febrero, el ordenanza rememora las palabras de su capitán. "Me dijo: '¿cómo estamos para esta tarde?'... la prueba no será en la noche como la de salto de recorrido, sino que será a las cinco, así es que nos preparamos para eso".

Había nervios y emoción recuerda uno de los pocos protagonistas que desde dentro vivió esta historia. Huaso murió el '61 y el capitán Larraguibel falleció a principios de los '90.

"A las cinco tomé a Huaso, ya lo tenía ensillado y lo llevé al jardín de saltos para que lo tomara mi capitán..., el resto... es como si estuviera pasando en este minuto", confiesa, haciendo un pequeño alto en su relato.

UNA NIÑA EN TRIBUNA

En ese mismo segundo, de seguro la diputada María Angélica Cristi, que por entonces era una niña y estaba en las tribunas acompañando a su padre, el equitador y general Óscar Cristi, no perdía detalle de lo que ocurría allí.

"Es de los primeros recuerdos de niña que quedaron grabados en mi memoria. Ver esos palos que alcanzaban los 2,47 metros, era algo que parecía imposible de hacer... yo, al menos, lo veía como algo increíble... como un vuelo que tenían que hacer".

El recinto estaba lleno. Había gente de pie incluso. Desde el Presidente de la República, relata la parlamentaria, que era por entonces Gabriel González Videla, mucho personal de las Fuerzas Armadas, mujeres y niños. Era todo un espectáculo y un evento social.

"Recuerdo que había muchas señoras elegantes y hombres de sombrero en las tribunas porque era algo que todo el país estaba expectante", recuerda entusiasmada.

Esa tarde de febrero, en pleno verano, era cálida. Había todo un ambiente de fiesta y emoción.

Era la primera prueba del concurso que tenía categoría internacional "porque era requisito para que el récord fuera reconocido en todas partes. Por eso había equitadores de distintos países que estarían en las pruebas posteriores de salto de recorrido. Este salto alto era la vedette de la jornada. El más esperado".

La diputada agrega que cuando se anunció la entrada al recinto de saltos que era de pasto, hubo un aplauso cerrado.

LA TERCERA ES LA VENCIDA

"Eran dos los equitadores que tratarían de batir los 2,47 metros de altura", retoma su relato Julio González.

Vino el primer intento del capitán Larraguibel. "Huaso ahí rehusó. Es decir, al llegar a las varas, el caballo paró en seco y no quiso saltar. Eso requería máxima concentración del jinete porque si lo pillaba desconcentrado, podía lanzarlo lejos en una caída peligrosa".

El segundo intento fue algo mejor. "Traspasaron las varas, pero Huaso con sus patas traseras, pasó a llevar la más alta... quedó moviéndose un instante hasta que cayó estrepitosamente", prosigue el ordenanza.

"Yo estaba a un costado y la gente miraba en absoluto silencio. No se escuchaba a nadie. Salvo murmullos entre intento e intento. Era la última oportunidad y recuerdo que el capitán se esmeró en acariciar a Huaso... el jefe del equipo de equitación nuestro -el mayor Rafael Monterroa- le sugirió a mi capitán que tomara 10 metros más de distancia antes de saltar y así lo hizo. Se lanzó en carrera y lo hicieron. No saltaron. Volaron por los aires pero había que esperar a que el caballo estuviera con sus cuatro patas al otro lado del obstáculo y que ninguna vara cayera... Cuando estaban al otro lado, y se anunció el récord vino un estruendo".

La diputada y el ordenanza coinciden en que fue una euforia total la que se desató, con miles de pañuelos y sombreros por los aires.

Se abalanzó la gente a la cancha. El capitán paseado en andas y Huaso llevado de inmediato a un lugar seguro. El resto fue una espera y merecida premiación de un récord nunca más superado.

 
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