Usted está en : Portada : Reportajes Domingo 17 de agosto de 2008

El valor del compromiso

Ernest William Pugh Prince llegó a Valparaíso en 1906 y aunque le tocó sufrir los embates del gran terremoto, nunca se planteó la posibilidad de devolverse a su tierra. Esta es la historia de su familia, cuyos descendientes destacan en una diversidad de profesiones, principalmente en la carrera naval.

ROSA ZAMORA

En distintas épocas, desde comienzos del siglo pasado, el mar, la historia, la educación, el deporte y hasta la televisión de Chile se entrecruzan con el destino de los Pugh, una familia de origen y tradición británicos, hasta el punto que sus antepasados figuran como cocheros de Noctorum, un suburbio de Birkenhead, en las afueras de Liverpool, al servicio del conde de Beausire.

Entre marzo y abril de 1906, según la estimación de sus descendientes, el joven Ernest William Pugh Prince, de 20 años, desembarca del vapor “Victoria” de la Pacific Steam Navigation Company, tras el legendario y siempre agitado cruce del Cabo de Hornos.

Viene a trabajar en Duncan Fox, como muchos ingleses avecindados en Valparaíso. El imponente edificio de la compañía se levanta en las cercanías del antiguo muelle, cerca de lo que hoy es la avenida Errázuriz, pero no dura mucho tiempo en pie: el 16 de agosto de ese mismo año sucumbe a la furia del devastador terremoto, como gran parte de la ciudad.

El muchacho, que ha salido de su patria en busca de nuevos horizontes, comparte las penurias de los porteños y no piensa dar pie atrás, mucho menos devolverse. En los años venideros es testigo de la reconstrucción de Valparaíso y junto a un socio crea su propio negocio de exportación de frutos del país.

 

LOS DESIGNIOS DEL DESTINO

 

Ernest William no sólo se consolida económicamente, sino también forma familia. Contrae matrimonio con Mabel Cook, descendiente de ingleses, cuya familia es propietaria de la mítica casa con torreón ubicada en la punta de diamante de Miramar con Álvaro Besa, que primero gracias a Lukas y después al auge del turismo patrimonial se ha convertido en una verdadera postal del cerro Concepción y que se conoce como la “casa crucero”.

La pareja tiene cinco hijos, pero dos mueren a muy temprana edad y conserva a Norman, Alfred y Daisy. Los negocios florecen y los niños se educan sin sobresaltos.

El padre determina que el mayor ingrese a la Escuela Naval. Norman obedece, pero luego de egresar se retira de la Marina, se incorpora a los negocios y luego a la labor diplomática en la embajada de Chile en Canadá, donde vuelve a escuchar el llamado del mar, esta vez con un aciago resultado, pues es el piloto segundo del vapor “Toltén”, el único buque chileno hundido durante la Segunda Guerra, torpedeado frente a las costas de New York, Estados Unidos, por un submarino alemán.

 

 

EDUCACIÓN RIGUROSA

 

 

El jefe de familia sólo tenía 42 años cuando su esposa Mabel enferma y muere. Pasan varios años más antes que considere la posibilidad de volver a casarse. Lo hace frisando los 50 y la elegida es Ida Gillmore, entre cuyos hermanos está Francisco Javier, sacerdote, futuro Vicario General Castrense. Otros dos hijos llegan a la familia: Ernest y Kenneth.

En ese tiempo los Pugh se instalan en Santiago, pero Kenneth se queda en Valparaíso, internado en el colegio Mackay del cerro Alegre, donde había comenzado su formación que luego continúa en la Escuela Naval.

La disciplina era rigurosa, recuerda el comandante (r), profesor, agregado naval en Londres y Ginebra e integrante del equipo defensor de los intereses de Chile tras el laudo arbitral de los años 70 en representación de la Armada. “Por una falta leve, como hacer desorden, la sanción era una carrera de treinta o cuarenta vueltas al patio del colegio y las graves se castigaban a palmadas”, cuenta rememorando los tiempos en que a los niños movedizos no se les recetaba precisamente Ritalín.

 

NUEVAS VOCACIONES

 

Mientras Kenneth prepara su ingreso a la Escuela Naval, ya se ha producido el desastre del “Toltén”, que ha segado la vida de su hermano mayor a los 28 años, cuando tenía una sola hija, Mabel.

El segundo hermano, Alfred, estudia medicina, se especializa en traumatología, asume la dirección del Hospital Británico de Valparaíso, se traslada después en una función similar a Coquimbo y luego es médico residente de Codelco en Saladillo. Tiene cinco hijos: Silvia, Alfred -también médico-, Henry, que sigue la carrera naval, Sara y Sol.

Daisy se casa con el agrónomo Luis Landon y la pareja tiene también cinco hijos: Luis, Jacqueline, Paul -el conductor del programa de Canal 13 “Tierra Adentro”-, Michelle y Lorraine.

Ernest estaba en quinto año de Humanidades cuando muere su padre, en 1945. Se dedica a los negocios y es el empresario fundador de la compañía Tip Top. Se casa con Elisa Sánchez-Tirado, peruana, con quien tiene dos hijos, Anne Margaret y Ernest.

Después que se gradúa en la Escuela Naval, Kenneth va a ver a un amigo a Concepción, donde conoce a María Teresa Olavarría. Pololean seis años y se casan en 1959: en enero próximo cumplen 50 años de matrimonio. De su unión nacen Kenneth, Michael, Gerald y David, de quienes sólo el tercero no es marino de profesión -aunque sí reservista naval-, sino ingeniero civil y actual vicerrector de Inacap.

Kenneth hijo es capitán de navío y actualmente director del Hospital Naval de Viña del Mar. Michael también siguió la carrera naval, pero se retiró para dedicarse al rubro turístico en su empresa Rumbo Sur y a sus embarcaciones Daddy y Maité. Y David hizo lo propio, aunque luego siguió filosofía en la Universidad Católica.

El 15 de marzo de 2003 se reunieron en Valparaíso los descendientes de Ernest William Pugh Prince. De acuerdo a los cálculos totalizan 116, quienes desde sus respectivas tareas y vocaciones han sabido mantener vivo y presente el recuerdo de este pionero que se jugó por su segunda patria.

 

 

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LA TRAGEDIA DEL “TOLTÉN”

 

 

El recuerdo de su padre mientras buscaba noticias acerca del trágico deceso de su hermano Norman a bordo del vapor de bandera chilena “Toltén”, en 1942, fue una de las motivaciones del comandante (r) Kenneth Pugh Gillmore para emprender una rigurosa investigación sobre el infausto episodio. Entonces él sólo tenía siete años. Ahora prepara un libro sobre el hundimiento de la nave, ex “Lotta” de bandera danesa, requisado por el Gobierno chileno tras la ocupación alemana de Dinamarca.

Norman Pugh Cook iba como piloto segundo cuando el mercante fue atacado frente a las costas de Estados Unidos, la noche del 12 al 13 de marzo de 1942, cuando navegaba con las luces apagadas en cumplimiento de una orden impartida por un guardacostas norteamericano que alteró su condición de neutralidad.

El ataque, sostiene el comandante (r) Pugh Gillmore en un artículo publicado en la Revista de Marina, procedió del submarino alemán U-404, al mando del capitán Otto von Bulow, de acuerdo a los antecedentes recopilados por el investigador Clay Blair hoy en poder del American Heritage Center de la Universidad de Wyoming, Estados Unidos. Los cuerpos de 27 de los 29 miembros de la dotación, incluido el de Norman, nunca fueron hallados. Sólo sobrevivió el fogonero Julio Faust.

 

 

 

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COQUIMBO UNIDO

 

 

Así como la familia Pugh tiene representantes en el mundo naval, médico, académico y televisivo, también marca presencia en las canchas a través de Alfredo Pugh Cook, segundo hijo del primer matrimonio de Ernest William Pugh Prince. Se trata del médico que se especializó en traumatología y tras dirigir el Hospital Británico porteño se hizo cargo de un establecimiento similar en Coquimbo, donde pudo compatibilizar su carrera con su amor por el fútbol y fue uno de los fundadores de Coquimbo Unido y de la Nao Coquimbo de la Hermandad de la Costa. “Su casa -dice su hermano Kenneth- siempre estaba llena de futbolistas”. Una calle de la ciudad de los piratas lleva su nombre.

 
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