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Sábado 18 de abril de 2009
Historia de Inmigrantes: “Pirata Alemán” en Valparaíso (VIDEO)

La historia de Michael Arnold quien se convirtió en un dedicado guía de turismo.

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Numerosos son los turistas que dejan plasmadas sus impresiones en el sitio web de myvalparaiso. Acompañados por sus fotos en lugares como la plaza Aníbal Pinto, las inmediaciones del palacio Baburizza, el muelle, los miradores y distintos restoranes, los elogios se multiplican sobre todo en inglés y en alemán.

 

De ingeniero en minas a puntilloso guía para grupos de no más de seis turistas. Esa fue la envergadura del cambio que Michael Arnold (51), nacido en la región de Sajonia, ex Alemania Democrática (RDA), decidió imprimir a su vida hace cuatro años.

El “Pirata Alemán”, nombre de fantasía con que opera en su actividad, mantiene con Chile y con Valparaíso una larga y curiosa relación que se nutre por partes iguales de historia y casualidad y que comenzó en los años 70 del siglo pasado, en su país natal.

“Cuando estaba en el colegio nos mostraban a Chile como un ejemplo de socialismo. Después vino el golpe y los estudiantes escribíamos cartas para que liberaran a Luis Corvalán”, recuerda Michael, que en esa época tenía 16 años y se afanaba en ese cometido al igual que sus compañeros de curso en la localidad de Zwönitz.

También tiene nítidas en la memoria las noticias de la llegada del dirigente comunista chileno a la ex Unión Soviética, pues los adolescentes se sentían protagonistas de la presión internacional que había derivado en su liberación, aunque después se enteraron de que en realidad se trató de un canje por el disidente soviético Vladimir Bukovsky, lo que en todo caso no supieron a través de los medios oficiales, sino por las informaciones occidentales que algunos lograban captar.

También en el recuerdo, Michael se ve en un Festival de la Juventud en Berlín cantando “Venceremos”, cuyo significado no conoció hasta mucho tiempo después, cuando aprendió español. De sus verdes años alemanes, conserva incluso un vinilo de Inti Illimani para el cual ahora confía en obtener autógrafo en Valparaíso.

 

EL MURO Y ÉL

 

Hijo de Heinz y Hanna, administradores de un restorán en un establecimiento vacacional infantil, Michael tiene un hermano, Jens, que tras la caída del muro también se reconvirtió. En su caso, de mecánico de Trabant -los populares y contaminantes autos “Trabis” que hoy son piezas de colección- a encargado del local donde trabajaban sus padres, que hoy está convertido en un negocio familiar.

El caso es que Michael estudió ingeniería en minas, se tituló a los 26 años, formó familia -de su primer matrimonio tiene dos hijos, Volker y Bernd- y trabajó como encargado de canteras para la construcción. Pero él quería conocer el mundo y salir más allá del muro.

En 1988 intentó hacerlo por Yugoslavia, pero fue descubierto, detenido y enviado de vuelta a la RDA, donde estuvo ocho meses preso, hasta que fue liberado mediante una especie de canje humanitario con Alemania Federal, donde llegó en julio de 1989. Cuatro meses después cayó el Muro de Berlín.

Otros dos acontecimientos ocurrieron entonces. Michael perdió a su padre y después resultó con graves quemaduras a causa de un incendio en su lugar de trabajo que le deparó una delicada cirugía reparatoria.

Cuando se recuperó comenzó a prepararse para cambiar de vida y lo primero que hizo fue aprender castellano.

 

VOLVER A EMPEZAR

 

“Yo había estado en la Islas Canarias y me había encantado la calidez del clima, algo muy común entre los alemanes” que viven de extremo a extremo en materia de temperatura.

Vino a Chile de vacaciones y conoció a su esposa Elizabeth, con quien regresó a Alemania. La estada de la pareja en Europa, donde nació su hijo Johannes, de ocho años, duró hasta 2004, cuando se trasladó a vivir a esta zona.

“En Alemania se tiene buen nivel de vida, pero también se vive mucho para trabajar, hasta que la persona se retira. En el fondo, no hay tiempo para uno y yo no quería seguir así, sino llevar una existencia más sencilla, pero también con mayor autonomía”, relata.

Aquí primero hizo clases -además de alemán y castellano habla inglés y algo de francés- y después trabajó con la propietaria de un bed and breakfast, quien le propuso oficiar de guía para sus pasajeros, que eran en su mayoría extranjeros.

Claro que antes se dio el tiempo para recorrer Valparaíso “y la mejor forma de hacerlo es a pie”. Conoció a un compatriota en la Bomba Alemana, quien le contó historias y le ayudó en este proceso de acercamiento. Le gustaron la ciudad y la gente, con la que cotidianamente se relaciona, hasta el punto que se siente como un vecino más en el barrio o la picada.

 

GUÍA SELECTIVO

 

Como guía, le tocó alguna vez conducir un grupo grande y la experiencia no le gustó en absoluto, porque es enemigo de la fórmula de llevar turistas de un lugar a otro en el menor tiempo posible. Lo suyo es poca gente y mucho tiempo.

De una experiencia de este último tipo nació su nombre de fantasía, pues una turista le dijo que semejaba un pirata mostrando los tesoros de la ciudad. De ahí a denominarse el “pirata alemán”, un solo paso.

“Me hice famoso con el nombre y la propaganda me la hicieron los mismos turistas, de boca en boca”, cuenta entre risas. “Quiero seguir con esto y no convertirme en empresa porque lo mío es personal, mostrar la ciudad caminando y sin sentirme presionado por el tiempo”.

Entre los establecimientos donde siempre hay interesados por sus tour personalizados está “The Yellow House”, de Martin y Lissette Turner, ubicado en el cerro Artillería, muy cerca del Paseo 21 de Mayo. Más que una relación comercial, entre ellos hay amistad y cercanía, que es lo que este profesional estaba buscando y encontró en Valparaíso.

“Aquí no gano los mismos ingresos que tenía en Alemania, pero tengo tiempo y libertad y puedo disfrutar de la vida. Y esa la idea”, resume el “pirata alemán”.

 

CURIOSIDADES MIL

 

En www.myvalparaiso.cl, que es el sitio del “Pirata Alemán” en Internet, los interesados pueden acceder a las actividades que ofrece Michael Arnold tanto en el Puerto como en localidades costeras y de campo cercanas. Igualmente hay espacio para las curiosidades, básicamente fotos de lugares y situaciones característicos de la ciudad, que sin embargo resultan muy llamativas para las visitas. Entre ellas, la camioneta verde petróleo que repara los tomacorrientes de los troles, algunos gatos asomados a las ventanas, ciertos ángeles de mármol de los cementerios más antiguos, interiores de tradicionales construcciones, piezas de museos, mecanismos de relojería. Un universo formado por grandes y pequeños espacios y objetos que le otorgan identidad propia a Valparaíso.

 

Rosa Zamora

rzamorac@mercuriovalpo.cl