Don Silvio vino a dejar unas flores a la "tumba" de Tonky, su querido poodle regalón. Lo observé como cariñosamente le arreglaba la tierra, le decía algunas palabras de cariño y derramaba unas lágrimas de hombre bueno. Un día, como siempre, sacó a pasear a Tonky, debidamente cogido de su correa. Al poco rato y casi sin darse cuenta vio como se abalanzaban sobre él dos enormes perros pitbull. Trató de proteger a su querida mascota tomándola rápidamente en brazos, pero sus esfuerzos fueron infructuosos, los canes enfurecidos le arrebataron a Tonky de sus manos y comenzaron a agredirlo bestialmente. Don Silvio gritó, intentó quitárselos de las fauces y recibió algunos mordiscos en sus manos y brazos. De no ser por algunos vecinos que acudieron en su auxilio, tal vez estaríamos leyendo nuevamente una noticia donde perros agresivos atacan y dan muerte a una persona. Algunos miembros de la familia de don Silvio lo llevaron de urgencia a la Posta y otros trasladaron al poodle gravemente herido a nuestro hospital. Desgraciadamente, las heridas de la mascota fueron de tal magnitud que falleció a pesar de los esfuerzos puestos para salvarla. Casos como éste se repiten diariamente en nuestras ciudades, siempre y a pesar de todas las advertencias existen personas que crían razas de perros que pueden ser muy peligrosas sin tomar las medidas de resguardo apropiadas, en todo barrio viven personas que irresponsablemente permiten el libre acceso de sus perros a la vía pública; las autoridades cuentan con herramientas legales que les facultan a sancionar estas malas conductas y no las aplican; los carabineros se sienten impotentes por la falta de apoyo del sistema para actuar eficientemente cuando la comunidad les solicita intervenir. Cada cierto tiempo la prensa nos informa de la muerte de un anciano o un niño por ataque de perros, se produce algún comentario y todo continúa como si nada hubiera ocurrido. Las autoridades centrales, regionales o comunales se excusan en la siempre usada falta de recursos, que se están haciendo esterilizaciones para disminuir la sobrepoblación canina, que existen otras necesidades más importante a que dedicarse, etc, etc. Esta crónica de un mordisco anunciado me parece tan similar a todas las cadenas de negligencias, inoperancias, falta de responsabilidad, "arreglines" y otras cosas peores que hemos podido presenciar a raíz del desastre que sepultó vivos a 33 mineros. Ahora todos prometen fuertes reestructuraciones, sanción drástica a algún culpable elegido de turno, nunca más volver a cometer los errores del pasado y otras yerbas similares. Pero desgraciadamente todos sabemos que las palabras son volátiles y seguiremos estando expuestos a estos y otros riesgos mientras los que tienen que tomar las decisiones sigan haciéndose los lesos o justificando su inoperancia en las infaltables "chivas de siempre". Ojalá que la próxima víctima no sea usted, señor lector. |
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