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Viernes 15 de octubre de 2010
Dramáticas historias tras el histórico rescate
Copiapó / Profesionales analizaron detalles de la operación de ascenso y estadía de mineros bajo la tierra.

Con la sensación de haber vivido una experiencia "inédita" y con un sentimiento de "mucho cariño" hacia los 33 mineros que estuvieron 69 días atrapados a 622 metros bajo tierra en la mina San José, retornará a Viña del Mar el cabo 1° Infante de Marina, buzo comando y enfermero especialista de la Armada de Chile, Patricio Roblero, de 36 años, quien fue el tercer rescatista que bajó hasta las profundidades de la tierra para ayudar a los atrapados.

Antes había bajado su compañero Roberto Ríos (34 años), el sargento 2°, enfermero naval y buzo táctico, experto en medicina militar y de combate, en técnicas de rescate en zonas hostiles, sobrevivencia y escape de lugares confinados.

Roblero, oriundo de Paine y quien hace 18 años vive en Viña del Mar, también es experto en medicina de combate, técnico superior en medicina de sumersión e hiperbárica, de gran experiencia en técnicas de supervivencia y rescate en zonas hostiles y en combate. Tiene entrenamiento en manejo médico de víctimas de trauma y en medicina expedicionaria, con dos misiones desplegado como enfermero de combate en Iraq entre 2006 y 2009.

Sin embargo, nunca había vivido lo que en Copiapó, en la operación "San Lorenzo", donde estuvo casi 24 horas bajo los 622 metros de profundidad. Una semana entrenó junto con el equipo de rescate en otra cápsula que incluso era más incómoda, para estar preparados ante cualquier eventualidad. "El trabajo que tuvimos fue muy enfocado", dijo.

Cuando le tocó el turno de bajar contó la gente que estaba en la superficie estaba más nerviosa que él. "Yo estaba muy tranquilo porque me sentí apoyado por un gran equipo humano de profesionales que participó en la operación, tanto de ingenieros, médicos, operarios y el cuerpo médico de la Armada", contó.

momento crucial

Al encontrarse por fin con los mineros, Roblero sintió mucha alegría. "Fue algo muy familiar, porque ya les habían hablado de nosotros, que éramos de la Armada, enfermeros navales y miembros de las fuerzas especiales, estaban contentos de que gente como nosotros fueran a rescatarlos, hubo un afecto mutuo", dijo.

El efectivo naval contó que junto con su compañero Ríos se pusieron a trabajar de inmediato. "Nos dividimos en dos fases. Ríos estaba a cargo de revisar a los que estaban por subir y yo al resto de los mineros que estaban en el refugio, porque había una distancia cercana a los 200 metros hasta el lugar donde bajaba la cápsula".

Roblero no tuvo tiempo para analizar las sensaciones de haber estado en el área donde sobrevivieron tanto tiempo los mineros. "Estaba muy enfocado en ellos, de manejar la ansiedad en algunos, pero en general estaban muy tranquilos. El trabajo psicológico que se realizó previo al rescate fue muy bueno", afirmó.

Reconoce que sintió alivio no cuando salió del pique, sino que "cuando sacamos con vida a los 33, porque esa era nuestra misión. Como rescatistas y enfermeros nuestra misión es salvar la vida de la otra persona, aunque nosotros tengamos que perderla", subrayó.

Ahora, el efectivo naval espera regresar a la zona y abrazar a su hija Graciela de 11 años. Hasta ahora ha podido hablar con sus padres en Paine. Quiere conocer más acerca del mundo de las minas y se preparará para trabajar con enfermero de combate en una misión de paz que a fin de año lo trasladará hasta Haití.

Por último, junto con el equipo de rescate espera que "nunca más otras que no sufran este tipo de accidentes en Chile".

Hubo riesgos

En esa línea, el rescatista de la Armada, el quilpueíno, Roberto Ríos, precisó que pese a la coordinación y limpieza de la operación de salvataje, hubo riesgos que podrían haber dejado heridos.

En entrevista con el diario La Segunda, el profesional aclaró que mientras se realizaban las maniobras para izar a los mineros "siempre hubo riesgos" y agregó que "durante la mitad de la noche hubo ruidos y cayeron rocas a unos cuatro a cinco metros de distancia de donde llegada la cápsula. Fueron desprendimientos suficientemente riesgosos como para haber dejado malherido a alguien".

El segundo rescatista en descender al refugio aclaró que tras los incidentes los profesionales de Codelco verificaron el estado del lugar.

Al recordar el momento en que retornó a la superficie dejando al primer rescatista Manuel González solo en el yacimiento, dijo que "nos dimos un fuerte abrazo y fue muy emotivo, le dije: 'Usted no se queda solo, está con Dios'".

Primero y Último

Manuel González fue el primero que bajó a bordo de la cápsula "Fénix II" hasta la profundidad de la mina y el último que salió de las entrañas de la tierra, tras haber cumplido el objetivo de retornar a la superficie a los 33 mineros sanos y a salvo.

No cabe duda que las últimas imágenes de González emocionaron a todos los televidentes que vieron a un hombre solitario en una galería de la mina, hablando por teléfono con los técnicos de la superficie. "Manuel González Pavez, el héroe de los 33", repetían los técnicos, quienes repasaban los momentos más emotivos del rescate.

"Yo estoy hace una semana aquí y ya echo de menos a mi mujer y mis hijos, imagínate para ellos con 70 días, es terrible!", dijo González desde las profundidades a través de un teléfono.

Al recordar su llegada al yacimiento, el rescatista de Codelco precisó que tanto él como los mineros se emocionaron. "Se dieron cuenta que al final resultó y que iban a salir todos", acotó el socorrista.

Al relatar, la experiencia vivida en Copiapó y el momento en que descendió al refugio, González la calificó como "terrible" y agregó que "la sensación era muy fuerte, fue súper potente ver cómo ellos lo único que querían era salir y nosotros lo único que queríamos era que ellos salieran pronto".

El profesional añadió que "fue muy fuerte ver cómo el ser humano puede llegar a trabajar en esas condiciones, más en un país en que nos jactamos de tanta tecnología".