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Domingo 31 de octubre de 2010
Quiénes son y qué hacen los científicos top que optaron por Valparaíso
Con doctorados y postdoctorados en Chile y el extranjero, eligieron venir -o volver- para trabajar aquí. Acaban de ganar el principal fondo concursable para la investigación de vanguardia, que les aportará 10 años de relativa tranquilidad.

"Todavía estamos pedaleando en el aire", dice el doctor Ramón Latorre y recuerda con contagiosa alegría la forma en que el Centro Interdisciplinario de Neurociencia de la Universidad de Valparaíso (CNV) celebró la adjudicación de recursos por 7.000 millones de pesos del Programa Iniciativa Científica Milenio, para financiar sus proyectos por espacio de una década.

El Premio Nacional de Ciencias 2002 y director de este centro de investigación de avanzada despedía a un amigo en el terminal de buses porteño cuando lo llamaron para avisarle. Partió raudo a comprar dos botellas de champaña y enfiló hacia la casona del barrio Gran Bretaña de Playa Ancha, donde trabajan los once científicos top -todos con doctorado y postdoctorado en ciencias-, los alumnos de postgrado y el personal administrativo y auxiliar de esta singular comunidad que totaliza un centenar de personas.

"La noticia se supo rápidamente y cuando llegó Ramón la casa estaba repleta, así es que la champaña no alcanzó", comenta Alan Neely, subdirector y cofundador junto a Adrián Palacios de esta prestigiosa unidad, que nada tiene que envidiarle al Centro de Estudios Científicos dirigido por Claudio Bunster en Valdivia, entre cuyos fundadores también estuvo el doctor Latorre.

Es allí, en esa casona de tres pisos de adobe y madera de mediados del siglo pasado, con regado antejardín por el cual circula la mascota "Libertad", donde los fundadores del centro y los científicos que se fueron sumando a la aventura desde 1999, han tenido que dar literalmente batalla tras batalla para consolidarlo como tal. Esfuerzos que hoy se ven recompensados con la adjudicación de uno de los tres Instituto Milenio, fruto del concurso de fondos de investigación científica más importante de Chile.

Su propósito: mejorar la calidad y cantidad de la investigación de frontera en el país, fomentando la integración de investigadores de excelencia para enfrentar los problemas que se plantean en los límites del conocimiento.

PASAJE DE REGRESO

En el legendario Laboratorio de Fisiología Celular de Montemar, del doctor y Premio Nacional de Ciencias 2000 Mario Luxoro, fue donde Latorre y Neely forjaron su compromiso con la neurociencia, área dedicada al estudio multidisciplinario del sistema nervioso desde el nivel molecular hasta el conductual y cognitivo.

Una suerte de pacto de amor con el conocimiento y el deseo de que fructificara en Chile impulsó también a Adrián Palacios a dejar la Universidad de Yale, Estados Unidos, donde hizo el postdoctorado, a concursar a un cargo en la UV y a volver al país, idea que desde comienzos de los 90 rondaba a un grupo de científicos nacionales instalados en distintas partes del mundo y conectados por Internet.

"Después me vine yo y aquí nos juntamos con Ana María Cárdenas, que había llegado de España. Fundamos el centro como Núcleo Milenio, el hermano chico del que ganamos ahora", agrega Alan Neely, quien también voló de vuelta desde Estados Unidos y que siempre tuvo claro que "la idea era crear un centro, pero fuera de Santiago".

"Luego se empezó a contratar a otros investigadores y ese es el núcleo que en diez años ha generado este grupo que ahora ganó el Instituto Milenio, una trayectoria que tiene su inicio en redes científicas", agrega Adrián Palacios.

A comienzos de 2008, cuando estaba con un pie en la misión científica de la embajada de Chile en Italia y con el otro en el Centro de Estudios Científicos que se mudaba a Valdivia, Ramón Latorre fue invitado a unirse. "Me pareció una propuesta muy atractiva, encontré un grupo bien afiatado, de gente cariñosa", cuenta. "Y lo que más me sedujo fue el campo en que estaban trabajando, que involucraba la neurociencia desde sus bases moleculares hasta tratar de entender el cerebro como un todo, temas muy cercanos a mi corazón. Entonces me entusiasmé y me dije ¡vámonos a Valparaíso!".

PREMIO A LA TESTARUDEZ

Han sido años duros y cansadores, en que estos reconocidos científicos han tenido que soportar desde ser tramitados hasta ver que sus proyectos de ciencias básicas -en los cuales "no teníamos nada que vender"- eran excluidos de los fondos concursables.

Para Neely la palabra exacta es "agotador", porque además el CNV comenzó a crecer exponencialmente. "En 1999 éramos tres investigadores, que sumados a los estudiantes llegábamos a 12 ó 13 personas. No había ningún programa de postgrado y debemos haber tenido entre todos no más de 100 m2 de laboratorios".

Ahora son 11 científicos, alrededor de cien alumnos; el centro imparte un magíster y un doctorado en neurociencia, proyecta otro en biofísica y además cuenta con 800 m2 de laboratorios "que ya nos quedaron chicos", por lo cual aguardan la construcción de su sede definitiva en la calle Santiago Severín, en el corazón patrimonial de Valparaíso.

"Tuvimos un premio a la testarudez que derivó en esto y permitió que nos pusiéramos pantalones largos", dice Ramón Latorre. "Estamos bastante cansados, pero ha sido bueno para la moral de todo el centro. Tenemos esta sensación de tarea cumplida, de que hemos hecho algo pionero en regiones dentro de una universidad estatal, y yo creo que las universidades estatales son la base de la democracia en Chile".

DE PECES Y PROTEÍNAS

Científicos rigurosos y dedicados, ellos conforman un cálido grupo humano y sienten que radicarse en la zona -varios se instalaron en cerros porteños- ha sido una buena opción, aunque resulte mucho más difícil trabajar aquí que en la capital, pues, como dice Kathleen Whitlock con marcado acento gringo, "Dios vive en Santiago".

Formada en las universidades de Washington y Cornell, Estados Unidos, ella utiliza peces cebra como modelo para estudiar el desarrollo del sistema nervioso. "Investigamos parte del desarrollo neuroendocrino donde hay células fundamentales para la pubertad. Usamos el sistema olfatorio para ver cómo se están diferenciando las neuronas, ya que en él hay un tipo de células troncales que es muy importante para generar neuronas durante el desarrollo y también en adultos". Igualmente, indaga el impacto del medio ambiente sobre el genoma responsable del desarrollo de la parte periférica del sistema nervioso.

Ana María Cárdenas, doctorada en España y postdoctorada en Estados Unidos, investiga las proteínas que regulan la liberación de neurotransmisores y hormonas, mecanismo esencial para la comunicación entre células. En ese marco, explica, "estudiamos las células neuroendocrinas llamadas cromafines, que son las encargadas de liberar adrenalina y noradrenalina en situaciones de estrés".

MUTACIONES Y SORDERA

"Yo trabajo con unas proteínas que hacen una especie de túnel que comunica a las células directamente, como si una casa tuviera comunicación con la del vecino", es la didáctica explicación de Agustín Martínez, doctorado en la UC y postdoctorado en Chicago. "Estas proteínas son como los marcos de las puertas y en un proyecto Fondecyt estudio cómo ellas están mutadas en pacientes que tienen sordera. Busco conocer a nivel de las células qué pasa con esas proteínas mutadas, por qué no pueden formar los marcos de manera correcta".

David Naranjo, doctorado en la U. de Chile y postdoctorado en Estados Unidos, indaga en la función de las proteínas que se encargan de producir el impulso nervioso y busca comprender especialmente por qué aquélla podría estar optimizada en algunos seres vivos para hacer que la velocidad de propagación del impulso nervioso sea mayor.

Una de las líneas de investigación del alemán Oliver Schmachtenberg "tiene que ver con cómo los peces detectan las feromonas, que son muy importantes en su reproducción bienestar y crecimiento. Eso podría tener aplicaciones en piscicultura y cultivo de salmones". La otra línea se vincula con el funcionamiento de la retina y cómo se modulan las señales visuales en la retina del ojo.

EL CÓDIGO SECRETO

En el marco del Instituto Milenio, el cofundador del CNV, Adrián Palacios, coordinará un proyecto sobre biología sensorial, esencialmente cómo el cerebro integra las señales auditivas, visuales, táctiles y olfativas. "Queremos tratar de entender cuál es el código por el cual el sistema nervioso es capaz de comunicarse con el cerebro y a través de esas señales generar una respuesta adecuada en el entorno".

Patricio Orio, doctorado en la U. de Chile y postdoctorado en España, declara ser "el bicho raro, porque me dedico al desarrollo y análisis de modelos matemáticos del funcionamiento de las neuronas", más que a los aspectos biológicos del proceso, el cual se rige por principios físicos y químicos fácilmente plasmables en ecuaciones matemáticas. En eso, dice, está en diálogo y colaboración permanentes con estadísticos y matemáticos, como lo dictan las leyes de la interdisciplinariedad que caracteriza al CNV.

Con estos y otros proyectos de los investigadores top que llegaron o volvieron para quedarse, la ciencia nacional empieza a recobrar terreno perdido.

ROSA ZAMORA

rzamorac@mercuriovalpo.cl