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Domingo 20 de febrero de 2011
La mejor receta para enfrentar el regreso a clases
El fin de las vacaciones puede volverse traumático si no se planifica la adaptación a los horarios y costumbres. Pero también puede ser una ocasión para reflexionar sobre la forma en que tanto el colegio como la propia familia enfrentan el desafío de aprender.

Durante las vacaciones realizamos diversas actividades que, por lo general, rompen con los horarios y rutinas que establecemos durante el resto del año. Nos levantamos más tarde, salimos de paseo o nos vamos de viaje, cambiamos nuestra dieta y horarios de comida, nos acostamos más tarde, etcétera. De modo que el término de las vacaciones implica volver a retomar hábitos y rutinas que habíamos abandonado, y hacerlo representa un verdadero desafío no sólo para nosotros sino también, y especialmente, para nuestros hijos.

En este sentido, es conveniente planificar de forma progresiva e inteligente la adaptación tanto a los hábitos de estudio como a las rutinas propias de la etapa escolar. En el primer caso, no es necesario ni recomendable programar reforzamientos o estudio en vacaciones, aunque sí resulta interesante, previo al inicio de clases, incorporar más actividades de tipo intelectual, dependiendo de la edad: acertijos, sudoku, sopas de letras, juegos de salón, lectura de revistas. Ello, en conjunto con la reducción de actividades como videojuegos o computador, que tienden también a aumentar en vacaciones. En el caso de las rutinas, la clave es ayudar a que se adapten progresivamente a los patrones de alimentación, sueño y estudio que tenían en el periodo de clases, lo que podemos hacer programando en esta etapa previa actividades de interés para ellos y que impliquen salir o al menos levantarse más temprano.

Adaptación gradual

"Las rutinas son moldeables porque los seres humanos tenemos la condición de adaptarnos a los cambios. Si los padres tenemos conciencia de aquello y planificamos una adaptación progresiva, podemos tener logros satisfactorios para nuestros hijos y para nosotros, que somos quienes tendremos que despertarlos y procurar no llegar tarde", explica Ana María Bacigalupo, académica del Departamento de Psicología Educacional de la Escuela de Psicología de la Universidad de Valparaíso, quien propone algunos simples ejercicios para que los pequeños despierten con energía el primer día de clases. "Se puede comenzar, progresivamente, a indicarles que se duerman 20 minutos antes cada día. En promedio, los hijos se acuestan en vacaciones dos a cuatro horas más tarde que en el periodo escolar, por lo que podríamos requerir una a dos semanas para hacerlo gradual. Para ayudar a esto, podemos comenzar por restablecer el horario de la cena, organizándonos como adultos para hacer esta rutina con cierta regularidad, de modo de marcar el ritmo biológico que tuvimos en el periodo escolar y de trabajo", señala.

Motivar el aprendizaje

Según explica la psicóloga, el regreso a clases implica para los niños un inevitable sentimiento de "pérdida" cuando las actividades que han llevado a cabo en vacaciones les han resultado atractivas, y por ello se resisten a aceptar el inminente retorno al colegio. En este aspecto, sin embargo, Bacigalupo plantea además algunas interrogantes respecto a la baja motivación de los escolares y cuál es la actitud que pueden tomar los padres frente a esto: "¿Nos hemos preguntado qué relación tiene el método de enseñanza de la educación tradicional con la motivación por aprender? ¿Por qué la renuencia hacia el colegio? ¿Cuál es la responsabilidad de la familia?". Hay colegios cuyas características hacen más fácil el retorno: no hay uniforme, las metodologías son lúdicas, se promueve la curiosidad por aprender y la autonomía más que los resultados. Y también hay familias que pueden estimular mejor la motivación escolar, por ejemplo, no centrándose en el desempeño o las calificaciones, sino en lo que se aprende y cómo se aprende, y haciendo de la vida diaria una instancia creativa de compartir conocimientos, a través de la lectura, el juego, la conversación o los experimentos caseros. Cuando los hijos preparan una disertación, trabajo o prueba enfocados en 'sacarse una buena nota' a causa de nuestras demandas, se genera un impacto negativo y una ansiedad frente al resultado que puede hacerles perder la capacidad de disfrutar de este estudio. También pierden motivación cuando lo hacemos todo por ellos, y no tienen la oportunidad de probarse a sí mismos y sentirse satisfechos por sus logros. Todo ello, sumado a colegios que no utilizan metodologías innovadoras y se limitan a exigir a sus alumnos silencio y trabajos de lápiz y papel toda la jornada escolar, hacen que el colegio, y el panorama educativo, no resulte motivador".

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