Año 174 - Nro. 59528 - Martes 12 de diciembre de 2000
   
 

DOCTORA AMPARO ARCAYA VARGAS

 
 

Una vida dedicada a los enfermos

 
 

Aunque lo cuenta como si fuera un hecho anecdótico, esta mujer que cumple con el mérito de conservarse a los cien años de edad lúcida y activa, logró estudiar medicina en la Universidad de Chile a escondidas de su familia y por si fuera poco, lo hizo desde que entró a primer año y se especializó en psiquiatría, como la alumna más destacada.

¿Cómo lo logró?. A fuerza de empeño, decisión y por qué no decirlo, una gota de rebeldía. Mal que mal, en su época (nació en 1901) las mujeres eran educadas para ser flamantes esposas y dueñas de casa, y el ir a la universidad, estaba más bien reservado para los varones.

Amparo Arcaya Vargas nació en la Ligua y a temprana edad partió con sus padres y siete hermanos a radicarse a Santiago donde más tarde cursó medicina. Sin embargo, no pudo ocultar las contínuas ausencias. "Entré a la universidad becada ya que siempre fui muy estudiosa y fui la primera del curso. Cuando pasé a tercer año tuve que avisarles (a los padres), y si bien al principio no les gustó mucho la idea, como me iba bien, no pudieron hacer nada", cuenta orgullosa la doctora Amparo Arcaya.

Desde la época universitaria, nunca más abandonó su vocación de ayudar a los enfermos, incluso al terminar su carrera -a los 25 años- se fue a estudiar psiquiatría a Estados Unidos, gracias a la beca Rockefeller para, a su regreso, atender pacientes sin cobrarles un peso, hábito que mantiene hasta ahora, en que pese a estar prácticamente retirada, sigue concurriendo dos veces por semana a la consulta de la Liga Contra la Epilepsia de Viña.

"De vuelta de Estados Unidos, agrega la doctora, en que incluso me tocó participar como voluntaria en la II Guerra Mundial, llegué a instalarme con mi marido a Viña, también médico con el que no tuve hijos".

-¿No lamenta no haber desarrollado la faceta de madre?

"No porque mi marido tenía una niñita de 6 años y cuando me casé, gané una hija y hoy tengo nietos y hasta bisnietos".

DOCTORA CON MALETAS

Pese a confesar cien años de edad "bien vividos", la doctora Arcaya

conserva la femineidad innata de toda mujer: se maquilla ella sola, se preocupa de tener una persona que la peina y de combinar sus ropas con joyas y accesorios; y por si fuera poco, se desplaza por sus propios medios aunque con un bastón que le ayuda con su cadera mala, a raíz de un accidente.

Fundadora de la Liga Contra la Epilepsia de Valparaíso en el año '57, la primera institución del país para esta enfermedad, ha recorrido gran parte del mundo compartiendo sus experiencias acerca de la labor de voluntariado que ha llevado a cabo y fundando sedes de la liga en otras ciudades de Chile y América Latina.

Ahora último está un poco retirada del ejercicio profesional, aunque dos veces a la semana, concurre hasta la sede de la liga de Viña a un costado del Hospital Gustavo Fricke, donde atiende a sus pacientes. "Es que me buscan siempre" sostiene con una sonrisa en su rostro que la acompaña todo el tiempo.

VIÑAMARINA DE CORAZON

Confiesa que si bien vivió sus primeros años en la capital y le ha tocado viajar bastante, su corazón está en Viña del Mar. Aquí es donde formó su hogar y ha sido testigo de la transformación que ha sufrido esta ciudad.

-¿Qué impresión tiene de Viña?

-Que está muy bonita. Desde mi casa, "el conventillo" (como llama cariñosamente a su departamento de la avenida Marina), he podido ver cómo se fue construyendo el casino, la avenida Perú y todo el casco urbano...

-¿Y está contenta con su vida doctora?

-Mucho, me siento una mujer muy afortunada porque he podido ayudar a mucha gente, sobre todo los enfermos de epilepsia que en mi época era una enfermedad sobre la que había mucho prejuicio.... Lo único sí, es que no soy muy afortunada para el dinero porque nunca he tenido plata...(ríe). Aunque los médicos ganan bastante bien, me gustaba ayudar y daba consultas gratis, así es que ahora me mantengo con una jubilación de 165 mil pesos".