Año 174 - Nro. 59586 - Lunes 19 de febrero de 2001
   
 

Sergio Vásquez cambia de reino

 
 

El recordman de la hípica nacional se retiró en 1998 del turf tras un grave accidente en el Hipódromo Chile. Ante la imposibilidad de seguir en los sillines, se convirtió en preparador, pero hace dos meses abandonó la actividad por el escaso apoyo que le dieron. Ahora vive en Horcón, se convirtió al cristianismo y dice que volverá al mundo de los caballos como comisario

 
 

Sergio Vásquez junto a Barker Toss -montado por David Sánchez-, uno de los ejemplares que le brindó algunas satisfacciones en su breve incursión como preparador.

Sergio Vásquez Quinio llegó al turf por necesidad. Su padre también era jinete, pero falleció cuando él tenía apenas 6 meses de vida. De ahí en adelante, su madre y su hermana mayor tuvieron que asumir la crianza del pequeño. Entre otras cosas, había que prepararlo para que en algún momento pudiera asumir su rol como jefe de hogar.

Torciéndole la mano al destino, Vásquez siguió tempranamente lo que al final se tradujo en su pasión: la hípica.

A los 17 años, sabiendo de las necesidades que enfrentaba su familia ya no tenían límites, empezó a correr en el Valparaíso Sporting Club. "Imagínate, no tenía papá, tenía que solventar la casa y no nos alcanzaba con lo que teníamos. Yo llevaba la hípica en la sangre y más encima vivía al lado del Sporting. Al comienzo me costó un poco, pero cuando empecé a ganar, no me paró nadie". Los recuerdos de Vásquez comienzan a confundirse lentamente cuando piensa que sólo conoce a su padre por la fotos que ha visto de él. Hay que tener más que agallas para asumir una realidad como la suya, pero el "rey" parecía predestinado a la gloria.

En 30 años como jockey, el viñamarino se transformó en todo un suceso: ganó siete veces El Derby, en cinco ocasiones se adjudicó El Ensayo, en otras cuatro oportunidades fue el as en el Saint Leager y también se llevó cuatro coronas en el Gran Premio del Hipódromo Chile. En Chile, sumó más de 3.600 carreras y, como si fuera poco, venció en numerosas pruebas efectuadas en Perú, Argentina, Brasil, Uruguay, Venezuela, Panamá y Ecuador.

En fin. El triunfo siempre fue para Vásquez un buen amigo. Pero si hay algo que recuerda con cariño no es precisamente la victoria, sino que Puro Toro, su caballo preferido. "El me dio la posibilidad de aprender a preparar y me hizo recordar mis mejores carreras. Recuerdo a todos los caballos, pero Puro Toro (con él ganó la Triple Corona en 1987) es el que más he querido. Yo al animal siempre le di confianza, nunca demostré temor y no era bueno para castigarlo. Así no me mañoseaban", cuenta el ex jinete al revelar los secretos de su éxito.

NO LE CUENTEN A NADIE

Hay algo que Vásquez guardaba desde 1983 en la casilla de los recuerdos. Ese año, en el Derby, corrió con la clavícula quebrada y, a excepción de unos cuantos familiares, nunca nadie lo supo. "Me había caído el 7 de enero y yo corría la última semana de ese mes. No podían enterarse que estaba quebrado, así que me puse un vendaje y le conté a mi familia. Sentía un dolor tremendo y al final perdí por dos cuerpos (en esa ocasión ganó Músico Brok) porque el caballo agarró a mordiscos a otro. Ni siquiera en la meta lo podía parar...".

Tantos recuerdos tiene el ex látigo en su extenso currículum, que de pronto se da cuenta que los triunfos se le olvidaban tan rápido como llegaban. Sin duda, una de sus mejores presentaciones fue en 1982, cuando conduciendo a Marímbula, anotó el récord del Derby viñamarino con tiempo de 2.24 4/5, pero "las carreras, cuando pasan, ya fueron".

Decidoras las palabras del ex látigo. Incluso pareciera ser su filosofía de vida, porque a pesar de los azotes que le ha dado el destino, siempre se las ha arreglado para estar cerca de los caballos.

APOSTANDO A COMISARIO

Cuando tenía 47 años, Vásquez tuvo un giro dramático en su vida. Era 1998 y se rompió el diafragma en el Hipódromo Chile. "Casi me morí, me daban ataques cardíacos y estuve harto mal", recuerda. Cuando pudo reponerse, el "rey" decidió dejar los sillines para incursionar como preparador. En diciembre de 1999 estrenó su flamante licencia, después de una ardua y desgastadora tramitación. Pero al final se salió con la suya y se dio un plazo de un año para evaluar su nueva actividad.

Hace dos meses, el viñamarino sintió que tenía que dar un nuevo giro. "Sentí que no me ayudaron mucho y me retiré. Si cumplía la meta, me quedaba, pero me aburrí porque no tenía apoyo, no tenía caballo, no tenía nada. Muchos dueños que me ofrecieron caballos no me los llevaron", se queja.

Entonces vino otra vez el cambio. Se alejó de la hípica para convertirse al cristianismo, haciéndose miembro de la iglesia Cemlini, que, según él, le ha ayudado "mucho en la vida". Por cierto, el reino del turf pasaba a ser el reino de Dios y el balneario de Horcón se convertía en su nueva residencia, después de una vida entera en Viña del Mar.

Pero Vásquez tiene razón cuando dice que la hípica la lleva en la sangre, porque han pasado apenas dos meses desde que dejó de ser preparador y ya está proyectando lo que puede ser un retorno al reino que siempre le perteneció: "me gustaría ser comisario. Díganle a todos en Viña y Santiago, porque ellos saben que acá hay una persona de trayectoria, muy correcta, que puede acabar con las especulaciones. No se pueden negar".

 

Federico Grünewald Beltrán