Año 174 - Nro. 59523 - Miércoles 28 de marzo de 2001
   
 

Viña del Mar pierde uno de sus símbolos tradicionales

 
 

En 1963 el arquitecto Hernando López, por encargo del entonces alcalde de la Ciudad Jardín Gustavo Lorca, diseñó un escenario en la Quinta Vergara para el Festival Internacional de la Canción. Esa obra que cobijó durante casi cuatro décadas a los artistas más importantes de nuestro país y del extranjero, pasa a ser historia con la construcción de un nuevo recinto que borrará para siempre del mapa uno de los íconos de la ciudad

 
 

El arquitecto Hernando López, que diseñó el anfiteatro de la Quinta Vergara, luchó hasta el fin de sus días (falleció en 1990) para que la construcción se mantuviera como patrimonio de la ciudad, "ahora él se debe estar retorciendo en su tumba", afirma su hija.

La empresa Besalco S.A. inició el pasado lunes los trabajos para desmantelar el escenario de la Quinta Vergara y su concha acústica, esto después que retiraran más de 12 mil butacas y asientos del palco, tribuna y galería, convirtiendo al tradicional recinto en un lugar en ruinas y dejando a Viña del Mar sin uno de sus íconos más representativos.

La historia resulta conocida. La modernidad se impone, satisface una necesidad y sepulta el pasado. Atrás quedan los recuerdos del escenario más importante que ha tenido Chile, por el que pasaron destacados artistas, tanto nacionales como extranjeros, y que ahora en el suelo ve como se erige sobre el polvo una nueva estructura más eficiente y mejor dotada que debería ser entregada a fines del presente año.

Gustavo Lorca, ex alcalde de la Ciudad Jardín, junto a Carlos Ansaldo, gestaron en 1963 la idea de construir un escenario en la Quinta Vergara que cobijara al Festival de la Canción de Viña del Mar, el que había tenido su primera versión en 1960 a un costado del Palacio Vergara.

La tarea del diseño fue encomendada al arquitecto del municipio viñamarino Hernando López, quien desarrolló un estilo que está presente en otras construcciones suyas, como la compañía de bomberos de Santa Inés y el paradero de Caleta Abarca, el que tenía como principal característica la forma oleada de su superficie superior, con una concha acústica que permitía ser soporte de un buen sonido, con graderías que se expandían por el cerro y una laguna que se instaló frente al palco con cortinas de agua y luces.

"La explanada que había en el sector donde se construyó era muy apropiada, se parecía a lo que eran los antiguos teatros romanos. La idea consistía en que sirviera para todo tipo de espectáculos y quedó lista a prinicipios de 1964, fecha en que me tocó inaugurarla", recuerda con nostalgia Gustavo Lorca, quien reconoce que la concha se convirtió "en el símbolo de la ciudad, tan importante como el Casino y el Reloj de Flores, obras que significaron un progreso turístico".

El ex edil espera que "la nueva construcción sea tan bonita como la anterior y ojalá logre reemplazar con éxito lo que expira", aunque aclara que no tiene pleno conocimiento del proyecto actual y piensa que "es una lástima que las iniciativas no se expongan a la ciudadanía, pero hay que esperar. Espero, en todo caso, que además se haga una réplica para mantener la tradición de la Quinta, porque debe constituir parte de la historia viñamarina".

Vicente Gaponov, quien ha estado ligado por varias décadas al Festival de Viña y participa en la actual Comisión Organizadora del certamen, recuerda que el anfiteatro tenía fama mundial, "los artistas decían que era un escenario único en el mundo, por la cercanía con el público. Desde que entró la televisión se fueron sucediendo diferentes escenografías, como las casitas de Viña, los cerros de Valparaíso y las leyendas chilenas. Después, con la instalación de los equipos de sonido, de iluminación y los fuegos artificiales, el diseño original fue pasando a un segundo plano".

Sobre el fin de la antigua estructura, Gaponov cree que "con el tiempo fue quedando chica y la municipalidad no puso interés en reciclarla. Es una pena que no se pueda mantener, efectivamente se pierde un símbolo, pero era necesario renovarla, ya que por el agotamiento de materiales siempre estábamos preocupados de que se derrumbara".

NOSTALGIA Y CAMBIO

El director de la orquesta del Festival de Viña, Horacio Saavedra, piensa que "será difícil acostumbrarse a otra imagen que no sea la concha, pero no queda otra alternativa que adaptarnos al nuevo formato", aunque asume que las exigencias tecnológicas ameritaban el cambio, particularmente porque una Quinta Vergara con techo permitirá realizar eventos durante todo el año.

"Es un costo del modernismo que no tiene vuelta y siempre estará esa parte romántica de haber estado toda una vida allá, pero una cosa es lo práctico y los recuerdos son para guardarlos. Últimamente no había donde poner a la orquesta, no tenía ninguna comodidad ni lógica acústica", concluye Saavedra.

Uno de los artistas que guarda mejores recuerdos del destruido recinto es Fernando Ubiergo, ganador de la competencia internacional y quien estuvo en la pasada versión participando en el show, el que sorprendido al enterarse que el mismo lugar en que inició su carrera ya no existía expresó: "Sabía que lo iban a demoler, pero no tan rápido, esto me provoca sentimientos encontrados, es toda una época que termina... estuve en todas partes, como público, en la competencia, como jurado y cantante. Soy como un hijo de la Quinta, toda mi vida está vinculada a ella y creo que voy a ir buscar un pedacito de los escombros para guardarlo como recuerdo".

Sin duda quien más hubiera sufrido con el fin de la vieja Quinta es su creador, el arquitecto López, que falleció en 1990 y luchó sin éxito por mantener una obra que consideraba patrimonio de Viña del Mar. Su hija, la ingeniero María Fernanda López, recuerda que durante los últimos años de existenica de su padre él solía sostener discusiones con los encargados de televisión para que no siguieran deteriorándola, "pero perdió la batalla y pienso que ahora se debe estar retorciendo en su tumba".

 

 

Ximena Pedrosa/Alejandro Nogué