Año 174 - Nro. 59631 - Lunes 16 de julio de 2001
   
 

El ídolo que no se olvida

 
 

Según una encuesta realizada por nuestro diario, Eugenio Méndez Henríquez es el mejor puntero derecho que tuvo históricamente Wanderers

 
 

Pese a los años y las canas, Eugenio Méndez no pierde su talento con el balón. "Pastelito" hoy está radicado en Santa Cruz de la Sierra, Bolivia.

En la galería de figuras que han defendido la camiseta de Wanderers, tiene un lugar preferente Eugenio Méndez Henríquez, el pequeño puntero derecho que por doce años (a partir de 1959 y de forma interrumpida) fue titular indiscutido y dueño de los amagues, fintas y cambios de ritmo en Playa Ancha, ante el deleite de todos los hinchas que, absolutamente maravillados, presenciaban, partido a partido, su exquisita técnica.

Sin embargo, la historia del astro está plagada de peripecias, de muchos momentos brillantes, pero también de otros que lo llenaron de amargura. El aspecto disciplinario fue su talón de Aquiles por mucho tiempo. Y así como hubo incondicionales que lo defendieron a muerte, no es menos cierto que su estigma de jugador díscolo se propagó por los vericuetos del mundo del fútbol y lo marcó donde quiera que fuera.

Próximo a cumplir 60 años de vida (23/11/1941), el popular jugador, nacido en uno de los cerros de Valparaíso, está de paso por la zona. Dejó por algunos días su actividad de técnico en la escuela de fútbol de la Universidad Gabriel René Moreno, de Santa Cruz de la Sierra, Bolivia, país donde está radicado hace 23 años, para tramitar su jubilación.

Con la madurez que da el paso del tiempo, Méndez hace una retrospectiva y repasa los instantes de dulce y de agraz que le brindó el balompié en canchas chilenas.

LOS PASTELES DE LA SERENA

Como es característico en el ambiente del fútbol, prácticamente no hay un jugador sin apodo. Todos reciben uno por los más diferentes motivos y el ingenio popular se agudiza para otorgar el 'mote' más preciso.

Eugenio Méndez fue conocido en un comienzo como el "Chico" por su 1,67 metros de estatura, pero el rebautizo llegó por una circunstancia muy especial.

"Estábamos alojados en un hotel de La Serena, antes del partido con los locales. Don José Pérez me había considerado como titular, hasta que tuve la mala ocurrencia de levantarme temprano aquel día domingo para salir a recorrer la ciudad, porque no la conocía. A poco andar, me encontré con una pastelería que recién estaba abriendo sus puertas y no se me ocurrió otra cosa que entrar a servirme un pastel. Como tenía tiempo, pedí el segundo y luego el tercero. Al final fueron como media docena los pasteles que me comí. Regresé al hotel caminando y al poco rato comencé a sentir malestares estomacales. Le comuniqué al técnico lo sucedido, y por su puesto que me retó. Los dolores aumentaron y tuve que pedir ayuda al médico. En ese estado me quedé en el hotel, mientras mis compañeros jugaban en La Portada. De regreso a Valparaíso, se supo la historia a través de los medios y a partir de ese día fui el "Pastelito" Méndez...".

SU AMOR POR WANDERERS

No es una simple coincidencia que este porteño que vivió su infancia en la población Valencia de Playa Ancha, llegara a vestir los colores verdes del club caturro. Pudo más su afecto por la institución que cualquier otro estímulo.

"Desde muy niño iba al estadio Valparaíso a ver los partidos de Wanderers. Me tomaba de la mano de un adulto y pasaba sin pagar. Cuando tuve la edad para ir a probarme en las cadetes, me presenté a los entrenamientos, pero por ser demasiado chico no me consideraron. Después, en mi etapa de juvenil, un primo mío, Emilio Lorca, me vio jugar en la Alejo Barrios por el Santa María -club amateur de Playa Ancha hoy desaparecido- y me incentivó para que fuera nuevamente a una prueba. Habló con unos dirigentes y de inmediato me hicieron jugar contra el primer equipo. Me marcó el "Flaco" Ledezma y le hice un par de túneles ese día. Al otro día ya era jugador del club de mis amores, con terno nuevo...".

EL 8 QUE SE CONVIRTIÓ EN 7

Méndez llegó a Wanderers como número 8, es decir, era un hombre que dominaba más las funciones de creación que las labores de punta por derecha, en aquella época. Pero José Pérez lo convirtió en un delantero por la contextura física que poseía el joven jugador.

"La verdad es que a mí me gustaba jugar creando juego, pero don José, que era un gran técnico, se empecinó en hacerme jugar por la derecha. En ese sentido, me limitó mucho, porque yo podría haber sido más útil en aquella posición. Como el titular era Carlos Reinoso en ese puesto, no tenía posibilidades de jugar. No me supieron aprovechar. Podría haber sido también un 10 por mi habilidad, mi facilidad para hacer paredes y la claridad que tenía en la cancha. Y así debuté frente a Audax Italiano, en Santiago, el año 1959. Al final, todos me conocieron como puntero derecho y disputé un puesto como el mejor con jugadores de gran nivel como Mario Moreno, Pedro Araya y Pedro Arancibia".

MENDEZ EN LA SELECCIÓN NACIONAL

Las buenas campañas que realizó Eugenio Méndez en Wanderers, le otorgaron la posibilidad de ser seleccionado nacional en varias oportunidades y en diferentes categorías.

"La primera convocatoria fue como juvenil en 1959. Después estuve en el proceso que desarrolló Fernando Riera para el Mundial de 1962. El formó, con un equipo de ayudantes, varias selecciones según edad y calidad, pero al final debió dejar solamente 25 jugadores. Yo todavía era muy joven, así mi real opción vino después con el seleccionado que armó Francisco Hormazábal para el Mundial de Inglaterra. En la eliminatoria enfrentamos a Colombia y Ecuador. A los colombianos le ganamos 7 a 2 en el Estadio Nacional, con dos goles míos. Logramos clasificar en un partido de definición con Ecuador que se jugó en Lima, pero a tres días de viajar a Inglaterra, y estando yo concentrado en un hotel de la capital con el terno listo, Luis Alamos, quien había reemplazado a Hormazábal, mandó a Leonel Sánchez para que me dijera que yo no viajaba. Fue un duro golpe para mí. Me costó mucho recuperarme anímicamente...".

LOS ERRORES COMETIDOS

Como todo ser humano, el ex jugador reconoce hoy, hidalgamente, que cometió errores que lo perjudicaron y le impidieron consolidarse plenamente.

"Mi mayor falta fue haber sido demasiado 'amiguero'. Me gustaba juntarme con los amigos y pasarla bien. Influyó mi escasa formación, mi juventud, el andar con algunos pesos en los bolsillos... Yo me juntaba con Pedro Haroldo de Barros, el brasileño que según supe murió en su país, y salíamos a algunas fiestas, pero no era una cosa habitual. Nos identificaban porque en la cancha nos entendíamos muy bien. Haroldo ha sido el mejor jugador que he visto pegándole al balón. Tenía una gran facilidad para colocar la pelota donde quisiera".

SIN TITULO CON LOS PANZERS

Después de jugar nueve años consecutivos en Wanderers, "Pastelito" emigró a Magallanes justamente el año en que los caturros lograron su segundo título.

"Había tenido ya varios problemas con los técnicos de Wanderes, especialmente con José Pérez, así que era necesario ir a otro club. Partí al 'Manojito de Claveles', un buen equipo, pero con dirigentes muy desordenados que pagaban poca plata. Cuando Wanderers fue campeón del campeonato 1968, yo fui al camarín para felicitar a mis ex compañeros. Ellos me pusieron una polera verde, y eso me motivó a volver para jugar en la Copa Libertadores de 1969. Ese mismo año, hicimos una gran campaña en el campeonato nacional. Estuvimos 17 fechas invictos con Donato Hernández, pero llegamos a la liguilla por el título y perdimos los cinco partidos. Algunos compañeros responsabilizaron al técnico por no haber dosificado al equipo, sin embargo ninguno de nosotros quería salir de titular. Nadie quería perderse los premios por partido ganado...".

23 AÑOS EN LA SIERRA BOLIVIANA

Cuando las posibilidades de seguir jugando en Chile se agotaron, Eugenio Méndez partió a Bolivia con el único afán de ser contratado por un club que le diera lo que en su país nunca había logrado satisfactoriamente: ganar dinero.

"La pregunta que me hice en ese momento fue ¿adónde voy? Tenía más de 30 años y la situación estaba complicada. En Bolivia trabajaba como entrenador don Raúl Pino, así que me aventuré a partir para conversar con él. Antes estuve haciendo pretemporada con el Bolívar de La Paz, pero no arreglamos por diferencias de dinero. Después me fui al Wilstermann, donde estaba don Raúl. Me iban a hacer contrato, cuando justo el técnico se enojó con la directiva y se vino a Chile. Por casualidad, un entrenador peruano me había visto jugar y me llevó a su equipo, el Ayacucho Festaco... Y así han pasado 23 años. Hoy estoy dedicado a dirigir una escuela de fútbol de la Universidad Gabriel René Moreno, de Santa Cruz de la Sierra, y tengo una proposición concreta para ir a los EE.UU. para seguir con mi trabajo de técnico... Dios dirá".

Así está Eugenio Méndez Henríquez, peinando canas, con casi el mismo peso con que jugaba profesionalmente, y hablando con singular pasión del club de toda su vida: Santiago Wanderers.

 

Patricio Arturo Leal