Año 174 - Nro. 59678 - Lunes 3 de septiembre de 2001

Juventud Galvarino, disciplina y sacrificio

No ha sido fácil el recorrido futbolístico del club deportivo Juventud Galvarino. Con muchos altos y bajos, ha logrado sobrevivir sólo gracias al empuje de sus hinchas y al prestigio de grandes jugadores que emergieron de sus filas

La imagen del Galvarino ganador la dieron estos hombres que conformaron el cuadro de 1954: (de pie) Toro, Aldayuz, Bustos, Moreno, José Díaz e Inzunza; Lamartínez, Carlos Reinoso, Ricardo Díaz, Pedro Díaz y Leiva.

En las páginas de la historia del Juventud Galvarino, club perteneciente a los registros de la asociación Alejo Barrios, aparecen como destacadas figuras las imágenes de Carlos Reinoso y Ricardo Díaz, únicos jugadores que por sus notables condiciones llegaron un día al fútbol profesional y triunfaron ampliamente.

Ambos llevaron la camiseta de Galvarino muy pegada al corazón en tardes magníficas de fútbol, jugando en las canchas "alejinas", abarrotadas de público. Ambos estuvieron en aquel memorable cuadro que obtuvo por primera vez el título de campeón de apertura en 1953, luego de derrotar a poderosos adversarios, admirados por el juego de aquellos jóvenes talentos que se abrían paso a punta de goles. Ambos fueron incorporados a las filas de Santiago Wanderers y contribuyeron para que el club caturro lograra su primera estrella en 1958.

CARLOS REINOSO, EL PRIMERO

Las excelentes actuaciones de Carlos Reinoso en el plano amateur llamaron la atención de los dirigentes wanderinos. Fue así como Enrique Neves Acuña, vecino del sector en que Galvarino tenía su feudo y conocedor de los éxitos del club, en su calidad de dirigente caturro invitó al joven futbolista para que probara suerte en Wanderers.

A los pocos meses, en 1955, Reinoso ya había debutado en el primer equipo y exhibía los mismos atributos de buen mediocampista que lo identificaban en las canchas del Alejo Barrios.

En 1958, el ex jugador de Galvarino celebró el título de Wanderers en Rancagua. En el empate a 2 con O'Higgins, Reinoso anotó el primer gol a los 39 minutos del primer tiempo.

Luego vinieron otras camisetas. Lota Schwager, O'Higgins y finalmente San Antonio, fueron los clubes que defendió. Y en el vecino puerto se radicó hasta sus últimos días, dejando todo un legado futbolístico en su calidad de jugador y entrenador.

RICARDO DIAZ, EL HOMBRE CLAVE

Pocos futbolistas nacionales pueden decir con pleno orgullo que fueron capaces de anotar más de cien goles en su paso por el profesionalismo. Uno de ellos es Ricardo Díaz, uno de los hombres que más ha prestigiado al Juventud Galvarino, primero como jugador de excepción y luego como activo jefe técnico.

Tras cumplir una brillante trayectoria en el fútbol nacional que lo distinguieron en Wanderers (campeón 1958), O'Higgins (campeón de ascenso), Santiago Morning, Huachipato y la selección nacional a partir de 1959, Díaz retornó a su querido club de origen para realizar una gran labor técnica.

En 1974, Galvarino no estaba en buen pie deportivo. Por eso era necesaria una urgente inyección de vitalidad que sólo un hombre con el carisma de Ricardo Díaz podía dar. Rápidamente el ex futbolista asumió su función de jefe técnico y se propuso darle un título al club, que le permitiera salir de la división de ascenso de la Alejo Barrios, donde se encontraba postrado por varios años.

Díaz recuperó a varias de las figuras que se habían ido del club y les asignó tareas técnicas y futbolísticas. Los resultados de inmediato se dieron y el Galvarino tuvo un orden que jamás había logrado en épocas anteriores.

El título que les permitió ascender en 1975 fue celebrado con bombos y platillos. Los jugadores habían recuperado la confianza en sus medios y se alzaban como los mejores en cada división. La mano de Ricardo Díaz estuvo en todo. Volvieron a ser los más disciplinados en la cancha, a vestir correctamente, a realizar calentamiento previo a los partidos, a saludar a su público en las graderías.

El Galvarino por fin volvió a celebrar, igual como en el primer título de 1953, y el denominador común se llamó Ricardo Díaz, el hombre clave.

 

Patricio Arturo Leal

 

Todo por el club

Sólo gracias al esfuerzo de sus directivos, socios y jugadores, el club deportivo Juventud Galvarino ha logrado sobrevivir a las mútiples vicisitudes que se han interpuesto en su camino desde que un grupo de vecinos de aquel sector de Playa Ancha, aledaño al Cementerio número 3, hizo su juramento de fundación el 20 de noviembre de 1949.

En 1989, consiguieron los terrenos en donde que emplazaron su sede por 450 mil pesos. La construyeron poco a poco. Con el apoyo de los vecinos del club solamente. Osvaldo Soto, se destacó como el gran constructor. Pedro Mellado hizo los aportes para seguir levantándola y después ayudó con implementos deportivos. Manuel Rodríguez, Sergio Villarroel, Juan Miranda y muchas familias se unieron a la campaña anónimamente.

Mientras tanto las actividades sociales seguían también paralelamente. Platos únicos, calle del niño, juegos el 18 de Septiembre, Día del Papá, Día del Niño, la Navidad, son momentos de unión para todos los integrantes del club "alejino".

Gran parte de lo recaudado es para darle una atención especial a los jugadores cadetes y adultos, y para cancelar los arbitrajes de la competencia.

Nombres que están grabados en la memoria colectiva del club, son los de Celestino González, un ex presidente que tenía a toda la familia involucrada con el club de sus amores. Rogelio Carrasco, quien se mantuvo en la dirigencia por muchos años en momentos bastante complicados, junto al tesorero Higinio Leterier.

Hoy están luchando al frente de la institución por un porvenir mejor, Juan Azúa, William Cádiz, Enrique Olivares, Sara Espinoza, María Hernández, Juan Canto, Hernán Reinoso y Juan Luis Segura.

El año 2000 fueron campeones de ascenso y actualmente se encuentran en la mitad de la tabla en la división de honor de la Asociación Alejo Barrios.