Año 175 - Nro. 59623 - Miércoles 16 de enero de 2002
 

Cementerio de Disidentes

 
 

Un lugar donde la muerte COBRA VIDA

 
 

Como un verdadero museo puede calificarse a este camposanto ubicado en el cerro Panteón. Parte de la historia de Valparaíso puede descubrirse en las lápidas de ilustres personajes que ayudaron a forjar el futuro de la ciudad.

 
 

"Dicen que un cementerio es el mejor lugar para conocer la historia de una ciudad o un país". Así piensa Juan José Caro Vásquez, administrador del Cementerio de Disidentes, el cual alberga a muchas de las familias inglesas, norteamericanas y alemanas que formaron parte de la fundación y el desarrollo histórico de Valparaíso.

Enclavado en el cerro Panteón, a un costado de la ex-cárcel y frente al camposanto Nø1, el Disidentes es un verdadero museo. Un lugar donde no sólo reina la tranquilidad de la muerte; también es posible en forma viva conocer e imaginar al Valparaíso de mediados y fines del siglo XIX.

Allí no sólo se ven lápidas. Se puede palpar la historia; a través de las tumbas uno puede hacerse una idea de como pensaban las familias de antaño, cuales eran sus costumbres y sus logros. "Más que aprender de libros, mejor es recorrer y tocar", dice Caro. La frase del comienzo cobra así sentido...

 

CATOLICOS V/S PROTESTANTES

 

Corría el año 1800 y las calles del puerto olían a fecas y orines de caballos que tiraban carretas repletas de mercaderías. La empedradas calles y el primitivo muelle bullían en movimiento. Cientos de barcos arribaban a Valparaíso repletos de inmigrantes ingleses, alemanes e italianos, que buscaban en este apartado rincón del mundo una oportunidad para surgir.

Así comenzó a fundarse Valparaíso. Una emergente ciudad donde el inglés y el español eran los idiomas oficiales y convivían sin problemas.

Sin embargo, la religión diferenciaba a británicos, chilenos y españoles. Unos eran protestantes y los otros acérrimos católicos. Esa pugna se convirtió en el origen del Cementerio de Disidentes.

Los seguidores de las doctrinas anglicana y luterana no fueron aceptados en los camposantos católicos. Los que no pertenecían al credo dominante eran sepultados en los fuertes del cerro Cordillera o cerca de los acantilados de Playa Ancha.

Fue así como en 1823, el Cónsul de su Majestad Británica, Sir George Seymour, no aceptó que su gente llegara al descanso eterno en esa forma y, con el auspicio de otro compatriota, el Intendente Almirante Robert Wintrop Simsonp, compró un terreno a un costado de la cárcel para edificar un cementerio especial para los disidentes de la religión católica.

 

DAVID TRUMBULL

 

Más de 178 años después, el Cementerio de Disidentes sigue manteniendo la misma tranquilidad y la escasa majestuosidad que tienen otros camposantos, llenos de grandes y pomposos mausoleos. En éste, la mayoría de las tumbas están ubicadas a ras de piso y si bien reina el mármol y las estatuas, el lugar es bastante sobrio.

Según Caro, eso es producto de que en sus orígenes el Disidentes trato de pasar los más desapercibido posible, producto de la pugna religiosa con los católicos. De hecho, es el único cementerio de Valparaíso desde el cual se puede tener un visión panorámica de los otros cerros que rodean al Panteón.

Aún así, existe una división de sepultaciones, acordes con la situación económica de la familia: la Clase A, bóvedas de alto valor, donde cabe un número ilimitado de difuntos; la B, son de menor valor, pero se permite poner adornos y la C, la categoría más menesterosa.

Una de las pocas construcciones que sobresalen por tamaño, color de la piedra en que fue construida y por la importancia del difunto que albergó, es la de David Trumbull.

Una inscripción en inglés -el idioma oficial de casi todas las lápidas-, indica parte de la historia de esta especie de Martín Lutero del puerto.

Las letras, grabadas en una especie de torre de cerca de tres metro de alto, que descansa en una ancha base cuadrada, todo construido en mármol negro, señala que esa tumba se instaló en memoria del fundador y pastor de la primera iglesia evangélica de Valparaíso. "Fue el gestor del movimiento protestante", agrega Caro.

Curiosamente, el doctor Trumbull administró por muchos años el mismo lugar donde en 1889 encontraría el descanso eterno.

 

SANTUARIO DE MARINOS

 

A un par de metros de la entrada al camposanto, tras superar una verde reja que rechina por la falta de aceite ("la mantengo así para que le de un toque a cementerio", bromea Caro), el visitante se topa con una tumba de mármol café y blanco, la cual está llena de nombres. Según la fecha de construcción, la sepultura data de 1881.

El administrador indica que pertenece a un grupo de marinos que murieron en una batalla naval contra dos fragatas británicas. "Una pelea que se originó por la supremacía del comercio en Valparaíso".

"Estos tipos (los marinos) eran muy amigos en tierra, pero en altamar eran enemigos", cuenta Caro, "y luchaban por el poder comercial del puerto. Entonces la nave 'Essex' norteamericana combatió contra el 'Photbe' y el Brigh Cherub ingleses".

Para los norteamericanos esos hombres son verdaderos héroes. "De hecho, cada vez que llega un buque de guerra estadounidense a Valparaíso, la tripulación viene acá, le rinden honores a esta tumba y dejan ofrendas florales", señala Caro.

Pero los marinos del 'Essex' no son los únicos que están el camposanto. Hay otros, claro que más anónimos, que murieron en otras peleas, de aquellas que tuvieron los bares porteños como campo de batalla.

 

TURISMO SERIO

 

Claro que entrar al Cementerio de los Disidentes no es tarea fácil. El directorio a cargo del camposanto impone algunas medidas a quienes deseen visitarlo.

Una de ellas tiene que ver, por ejemplo, con las fotografías. Por un lado, Caro explica que por un motivo de privacidad de las familias, no está permitido publicar imágenes donde se lean los nombres de las lápidas. Y, además, el administrador dice que las fotos se convierten en verdaderos catálogos de arte y tientan a los ladrones de elementos antiguos, "que más que un valor sentimental, poseen una importancia histórica muy preciosa".

Fuera de esas dos restricciones, sólo ser un "turista serio" y no "destructivo", es la única condición para entrar a este museo.

De esta forma, la rica historia que se puede conocer a través de los ilustres personajes sepultados, así como el halo de privacidad que buscan las influyentes familias que tienen a sus antepasados en este lugar, son dos atractivos que llaman al visitante nacional y extranjero a disfrutar un paseo por el pasado y el presente de Valparaíso.