Año 175 - Nro. 59626 - Sábado 19 de enero de 2002
   
 

Un fantasma de la historia

 
 

La escritora Marta Blanco vuelve a las librerías con "La Emperrada", novela que escarba en la tortuosa relación entre Constanza Nordenflycht y Diego Portales

 
 

"Lo que ocurre con los temas es que te vienen a buscar y te dicen aquí estoy. Una vez que están ahí le tienes que hacer caso, o en verdad no eres escritor", afirma Marta Blanco.

En Marta Blanco las palabras fluyen como un caudal que sólo se detiene cuando aspira el humo del cigarrillo que la acompaña cada cinco minutos. Una palabra tan fuerte como "emperrada" da el título a su última novela, "es una expresión que significa terca o taimada y que en el campo se sigue utilizando mucho. En todo caso, la saqué de las cartas de Diego Portales y me pareció absolutamente irresistible, rotunda y literaria. Portales escribía muy bien y yo lo leí muchísimo para poder hacerme de su carácter y robarle la entraña, hasta donde se pueda", explica esta escritora nacida en Viña del Mar, entre cuyos textos destacan el volumen de cuentos "Con la mano izquierda" y la novela "Maradentro".

En "La Emperrada" Marta Blanco rescata del olvido a Constanza Nordenflycht y su tortuosa relación con Portales, pues el estadista jamás se casó ni vivió con ella, pese a que tuvieron tres hijos. "En un país católico, apostólico y romántico es difícil reconocer a una mujer que nunca fue la esposa", sostiene la autora, quien en los años 80 fue directora del Canal de Televisión de la Universidad de Chile y actualmente se desempeña como panelista del espacio de actualidad "El Termómetro".

-¿Cómo llegó a este tema?

"Se lo debo a mi papá, que me lo regaló sin saber que lo hacía. Un día llegó y me dijo le traigo esto y sacó una carta que un antepasado mío, el juez Alvarez, le había mandado al presidente Manuel Montt. Al juez le había tocado levantar el cuerpo de Diego Portales el día que fue asesinado en el cerro Barón. Yo creo que en un principio mi padre pensó que yo iba a escribir de Portales. El sabía que me iba a interesar, pero en esa época me quedó como chaleco de tony, era una tema muy grande. Tuvieron que pasar 30 años para que esta novela viera la luz, necesitaba saber aquello que había que olvidar".

-¿Y cuándo apareció Constanza?

"Lo que ocurre con los temas es que te vienen a buscar y te dicen aquí estoy. Una vez que están ahí les tienes que hacer caso, o en verdad no eres escritor. Así que cuando yo empecé a estudiar la historia de Portales me asaltó la inexistencia de la Constanza, pero si escarbas en la pequeña historia, te encuentras con que estuvieron 18 años juntos y él nunca se casó con ella".

-¿Por qué cree que su figura permaneció tanto tiempo en la penumbra?

"No lo sé, el hecho concreto es que está escondida y silenciada. Los historiadores dicen lo que se les frunce, que es muy poco. Pasan cosas curiosas, dicen que Portales tuvo una aventura, pero no hablan de ella como mujer, amante o querida, simplemente la esconden. Yo creo que tiene que ver con el doble estándar del chileno, el descuido por la mujer que ha habido en este país, para no verla, oírla ni respetarla. Hasta hace poco tiempo, la mujer era una minusválida, porque no podía vender sus bienes y no tenía derecho a voto".

-¿Hay en esta novela una reivindicación de la mujer?

"No me atrevería a hablar de ideología en la literatura, porque mi único compromiso es con esta última. Yo cuento algo que es una ficción, porque hay un personaje inexistente que sin embargo existe. Esta oscuridad me dio la magnífica oportunidad de novelar, que es lo interesante y, segundo, la vida de Portales es un material increíble, un hombre inteligente que odiaba y amaba el poder, un soñador y un amargado que tuvo la lucidez para inventar en Chile ese concepto que era la república".

-¿Cómo fue construyendo a los personajes?

"Yo creo que la mejor palanca de la literatura es la imaginación, no le puedes pedir peras al alma, si no te ocurre nada, sonaste. Si yo supiera de dónde surge no tendría problemas al estructurar una novela, pero mi cabeza no resiste esquemas y yo entiendo que la vida tampoco. La vida la vas tomando por donde viene. En este caso, yo sabía donde quería llegar, pero no sabía cómo".

-¿Y hacia dónde quería llegar?

"Bueno, después de revisar hipótesis que decían que la muerte de Constanza ocurrió poco tiempo después de la de Portales, y por amor, quise demostrar que lo único que había recibido fueron miserias, patadas, soledad e hijos, muchos de los cuales no llegaron a nacer. Si de algo murió, fue de desamor".

-Para narrar la historia usted recurre a varias voces, ¿por qué utilizó este recurso?

"A mí no me parece que la novela lineal tenga tanto olor a verdad, creo que está peligrosamente derivada a la retórica, en el mal sentido de la palabra. Me gusta la imaginación y aproximarme a las cosas por olfato. Soy absolutamente una convencida de que los lectores son cómplices e inteligentes y uno sólo debe entregarle elementos. Una novela en el fondo es el río de la vida, es creación, sonido, en definitiva es palabra. Por todas estas razones utilicé la voz de la plaza pública, el rumor, lo que se dijo y se dice".

-Usted ha dicho que Portales se inventaba mundos y que eso en las mujeres se llama histeria, en cambio en los hombres historia.

"Naturalmente, es un hecho de la causa. Las mujeres, como todavía no tenían un espacio en el mundo, se lo armaban en la cabeza, exacerbando el mundo afectivo, mientras que los hombres tenían la realidad a su servicio".

OPINANDO EN TV

-Ahora oficia de panelista en el programa "El termómetro" de Chilevisión, ¿por qué estuvo durante tanto tiempo alejada de la TV?

"Simplemente porque no me llamaban. Desde luego la televisión hoy es otra, pero 'El termometro' es un programa estupendo donde se trabaja la opinión y uno se presenta tal cual es, no hay que jugar, chillar, regalar premios o hacer caridad, simplemente hay que hablar del algún tema que interesa a los chilenos".

-Usted en los '80 era muy opinante y siempre aparecía en los medios de comunicación.

"Yo sigo siendo opinante, lo que pasa es que el país dejó de serlo. Los medios no encontraron espacio para la discusión, entonces no se puede participar de aquello que uno no es. No soy una showoman y estoy feliz así".