Año 175 - Nro. 59642 - Lunes 4 de febrero de 2002
   
 

El eterno Juan Olivares

 
 

Su figura ha estado ligada a Santiago Wanderers por más de 25 años: una verdadera personalidad en la institución decana del balompié nacional. Un hombre lleno de anbécdotas y con un inmenso cariño por la gente de Valparaíso

 
 

Juan Olivares Marambio es un símbolo en Santiago Wanderers. Su nombre es hoy reconocido por varias generaciones de hinchas caturros que ven en su pequeña figura a un hombre que ha entregado su vida por los colores de la institución más antigua del fútbol chileno.

Con 61 años, Olivares es el actual entrenador de arqueros en el cuerpo técnico que encabeza Ricardo Dabrowski. Sin embargo, además de trabajar con los porteros del plantel profesional, todos los días tiene un contacto directo con los más pequeños: cerca de 10 menores llegan hasta la cancha El Bosque de Santa Inés para aprender de la experiencia del mejor portero en la historia del actual campeón de la Primera División.

La historia de este hombre con Wanderers es rica en anécdotas. De las buenas y de las malas, pero todas unidas por el cariño a un club que lo vio campeón en 1968 e incorporarse a la Selección Chilena para los Mundiales de Inglaterra y Alemania.

Todo comienza en la misma cancha en donde trabaja con sus queridos pupilos. Con 15 años, y ya jugando en la Primera División del 'Deportivo Estrella Naciente', Juan Olivares tuvo su primer contacto con el histórico técnico caturro José 'Gallego' Pérez. De su carrera como profesional se sabe bastante, pero no de los detalles que lo convierten en el mejor portero en la centenaria historia caturra.

"EL PILTRA"

Juan Olivares no tiene problemas en recordar sus inicios humildes: "mi infancia fue muy linda. Con necesidades, pero siempre recibiendo el cariño de mis padres". De allí viene el apodo que lo acompañaría durante toda su carrera: "Piltra".

"Me lo pusieron por mi forma de ser y porque 'yo me sonaba la ñata con la manga'. No había pañuelos, pero no porque mis padres no quisieran dármelos, sino porque los medios económicos lamentablemente no existían", recuerda Olivares, asegurando que "

yo andaba a pata pela y no me avergüenzo en decirlo. Yo estoy muy orgulloso de mis padres y de lo que ellos pudieron entregarme dentro de sus posibilidades".

En cada una de sus palabras, el ex portero internacional siempre tiene un minuto para pensar en don Juan Olivares Tapia y en María Marambio: "siempre están e mis pensamientos".

Una admiración que se transforma en inmenso dolor al rememorar la forma en que ambos partieron. Un momento que él califica como "extraño" porque en lo profesional se encontraba viviendo uno de sus mejores momentos en el fútbol chileno. Era 1966 y Juan Olivares recién llegaba desde el Mundial de Inglaterra. Un instante en que no estaba preparado para lo que vendría.

"Todo es muy triste. Yo le había traído a mi padre un hermoso tejido inglés. Era precioso y muy fino. Estaba emocionado porque sabía que a él le gustaría mucho. Lamentablemente, sólo lo pudo utilizar cuando con la tela debí cubrir su rostro ensangrentado luego que una micro lo atropellara", recuerda, mientras vuelve a emocionarse cuando habla de su madre: "ella me dejó siete meses después. Murió de pena, luego de vivir 40 años con mi padre".

PASION WANDERINA

El técnico José 'Gallego' Pérez fue el encargado de iniciar el camino de Juan Olivares en Santiago Wanderers. Lo había visto en la portería del 'Deportivo Estrella Naciente' de Santa Inés y de inmediato lo quiso bajo los tres palos caturros.

Con 15 años, Olivares se incorporó al primer equipo wanderino en 1959. Sus primeros días no fueron fáciles, especialmente porque el entrenador lo obligó a bajar 10 kilos: "al comienzo no tenía ganas ni de 'levantar una calumnia'. Además, por ese tiempo me tuve que casar. Imagínate lo débil que estaba".

"El 'Gallego' no estaba conforme con mi rendimiento. Hablamos, y de inmediato me preguntó ¿cuántas camas tienes?. Le dije que una de plaza y media. ¿Dónde trabaja?. Le respondí que en el Club de Viña, entre 20 y 02.30 horas, porque en el día trabajaba con Wanderers. Me mandó descanso, me adelantó un sueldo, me regaló una cama completa y me regaló un paquete gigante de vitaminas. Me dijo que dentro de quince días tenía que volver y me entregó un calendario con los días en que podía estar con mi mujer. Me dijo que con mis condiciones podía llegar lejos, y mira que no se equivocó", recordó el actual entrenador de arqueros porteño.

Su debut en el fútbol profesional se produjo tres meses después de llegar a Wanderers frente a Ferro Badmington. Y al interior de la cancha las cosas tampoco fueron sencillas, especialmente por la incomprensión de algunos compañeros: "yo ya llevaba unos diez partidos en el cuerpo y vamos a Calera. Estábamos ganando 2-1 hasta los 46 minutos del segundo tiempo. En ese momento yo estoy haciendo tiempo y dándole bote a la pelota. De pronto viene René Meléndez con mucha fuerza y me quebra un dedo de una patada. Tuve que soltar el balón y nos hicieron el empate. El árbitro no dijo nada, por lo que debí irme al camarín muy triste. En ese momento, Raúl Sánchez no se portó bien. Muy enojado me dio un empujón que provocó que me cayera y me tirara lejos. Indignado por todo lo que estaba pasando reaccioné y me fui encima. Pegamos unos manotazos, y cuando su compadre, el colorado Reinaldo Hoffmann se iba a meter, Ricardo Díaz lo detuvo diciéndole que 'esta no es pelea tuya'".

Un episodio que asegura le dejó muchas enseñanzas: "siempre trato de ayudar a los más jóvenes porque sé lo complicado que es trabajar en un grupo de jugadores. Tarato de seguir el ejemplo de un maestro como Jorge Dubost, quien algún buen día me dijo 'muchachito, haga que está en el club de su barrio y nosotros somos sus compañeros del deportivo. Juega con esa confianza y seguridad".

SIN ARQUEROS EN INGLATERRA

Confirmado como uno de los mejores arqueros nacionales, no faltó mucho tiempo para que Juan Olivares fuera llamado a la Selección Chilena. Tuvo la oportunidad de viajar al Mundial de Inglaterra, en donde las cosas no fueron para nada sencillas. A pocas horas del debut el cuadro nacional tenía a sus dos porteros lesionados (el porteño era el suplente), e incluso el técnico Luis Alamos ya improvisaba a Honorino Olanda como arquero.

"Yo tenía una esguince tremenda, pero le dije que no.Me puse una inyección para parar el dolor y la hinchazón. Me vendé bien apretado y entrenaba en el hotel sobre una alfombra", recuerda Olivares: "tuve que apechugar y menos mal que salí bien parado. Todavía tengo recortes de un diario francés en donde un periodista reconoce que el mejor en Sunderland fui yo".

DON ELÍAS FIGUEROA

En el Sudamericano de Uruguay en 1967, Juan Olivares decidió por primera vez entregarle la capitanía a Elías Figueroa. No le importó la opinión de nadie, porque "simplemente era el mejor".

"Quería darle confianza", aseguró Olivares, mientras enfatizaba que "nadie me podía reclamar porque yo era el capitán": "el tiempo demostró que yo no estaba equivocado".

Junto a Figueroa, el ex portero internacional también participó del mítico partido ante Unión Soviética en 1973. En Chile nadie los vio jugar y por ello existe muchas historias: "nunca pasamos la mitad de la cancha y cuando lo hicimos por única vez, Carlos Cazely estaba seis metros adelantado. Cuando llegó a la medialuna tiró la pelota para el costado".

"Atrás de cada arco había una cantidad impresionantede relojes por lo que te puedo asegurar que en cada oportunidad que yo tomaba el balón me demoraba al menos dos minutos en sacar. Imagínate como estaban los rusos", recuerda.

La carrera de Juan Olivares se extendió hasta 1983 y nadie en Wanderers, hasta el momento, se ha encargado de organizar una despedida oficial. Así se respeta a los grandes.

 

 

Juan Carlos Moreno Ahumada.