Año 175 - Nro. 59662 - Domingo 24 de Febrero de 2002
 

En Valparaíso y Viña del Mar

 
 

Ordenanzas municipales: las leyes de la ciudad

 
 

Polémicas, absurdas o ignoradas, existen para que la ciudad funcione mejor

 
 

PRESENCIA DE PERROS VAGOS.- Una ordenanza municipal de Viña de Mar establece que cualquier perro callejero podrá ser retirado de la vía pública y entregado al Servicio de Salud para que disponga de él. En Valparaíso, una normativa similar estudia aplicar el municipio.

¿Sabía usted que en Valparaíso existen 34 ordenanzas, de las cuales hay certeza de que sólo una no está en vigencia? ¿Creería, además, que existe un número importante de ellas que, a pesar de estar vigentes, no se aplican o simplemente han desaparecido por desuso? y sabe, por ejemplo, que en Viña del Mar está prohibido circular en un auto que tenga su tubo de escape libre, que las personas griten pasado la medianoche o que usted es responsable de las fecas que depositen en la vía pública sus animales domésticos.

Pero ¿de qué estamos hablando? Simplemente del artículo 10 de la Ley 18.695 de La Orgánica Constitucional de Municipalidades, que faculta a estas corporaciones para reglamentar ciertos aspectos a través de las ordenanzas municipales. Es más, esta ley es clara y dice literalmente que las ordenanzas son "normas generales y obligatorias aplicables a la comunidad".

La secretaria abogada del Area Operativa de la Municipalidad de Valparaíso, María José Constanzo, explica que las ordenanzas son resoluciones municipales que contienen normas generales y obligatorias en las que se pueden establecer multas para los infractores, las que son aplicadas por los jueces de Policía Local y cuyo monto no puede exceder a cinco Unidades Tributarias mensuales (cifra puede aumentar en caso de reincidencia).

"Los municipios tienen facultad para normar sólo respecto a facultades relacionadas con el ámbito municipal, por lo tanto, se trata de normas que están legalmente establecidas", precisa.

Los reglamentos municipales, en tanto, son normas generales obligatorias y permanentes, relativas a materias de orden interno de la municipalidad; mientras que los decretos alcaldicios son resoluciones referidas a casos particulares.

ORIGEN

La elaboración de una ordenanza no es el resultado de una simple arbitrariedad del municipio, sino de una necesidad. Incluso, en la mayoría de las ocasiones, estas normativas raramente prevén o se anticipan a posibles problemas. Por el contrario, normalmente surgen tras una situación conflictiva y concreta, que afecta directamente a los vecinos. Tal es el caso de la ordenanza para la instalación de torres, antenas y parábolas para cualquier tipo de telecomunicaciones, que se elaboró después de las denuncias de un grupo de vecinos de Playa Ancha, polémica que terminó en los tribunales de justicia.

También está el caso ocurrido a principios de año en Concón, donde un grupo de empresas dedicadas a la telefonía celular interpuso un reclamo de ilegalidad ante el municipio debido a la prohibición que existe en la comuna de instalar antenas, norma aprobada luego de un accidente ocurrido hace un par de inviernos. La discusión también pasó a la justicia ordinaria.

A pesar de que las facultades son restringidas, hay ordenanzas de todo tipo y para todos los gustos, y estas son dictadas por el alcalde con el acuerdo del concejo municipal.

EJEMPLOS PORTEÑOS

De las 34 ordenanzas municipales que existen en Valparaíso, se tiene certeza de que sólo una perdió su vigencia, se trata de la normativa que establece condiciones para el funcionamiento de teatros y demás espectáculos públicos. Data del 26 de julio de 1916 y, aunque no esté vigente, sigue en el listado oficial.

Esta ordenanza precisa, por ejemplo, los requisitos para construir salas de espectáculos, así como también los aspectos relativos a la seguridad del local, materias que estarían supervigiladas por una "comisión de teatros".

Otra ordenanza curiosa data de 1976, y se refiere a la protección de animales, más precisamente a los que se utilizan para el desplazamiento de carga. Es más, la ordenanza habla de "vehículos de tracción animal". En ella se establece un registro de conductores y la entrega de una licencia de conductor, otorgada por la Dirección de Tránsito.

Junto con ello, determina la prohibición para estacionar en el sector comprendido entre la línea del ferrocarril por el norte, el pie de los cerros por el sur, las avenidas Argentina y España por el oriente, y la plaza Aduana, por el poniente.

Si bien esta ordenanza no ha sido derogada, en la práctica tampoco está vigente, porque nadie cursa una infracción a las pocas personas que transitan con un animal de carga por la ciudad, los que, como dice el dicho, "van cargados como burros" a vista y paciencia de moros y cristianos.

Otra ordenanza curiosa se refiere a la que prohibe la circulación de carretones o carretas en el plan de la ciudad, cualquiera sea su tracción. Si bien aún está vigente, tampoco se respeta, ya que de vez en cuando se ve circular este tipo de vehículos.

La ordenanza sobre ruidos molestos es otro ejemplo de la escasa aplicabilidad de algunas normativas municipales. Basta recordar el período de las campañas políticas, cuando a diario pasaban camiones con sendos megáfonos tratando de conquistar a algunos indecisos. Igual cosa con los repartidores de gas licuado, que sin importar que sea domingo en la mañana, pasan "tarreando" los cilindros, tratando de llamar la atención de las dueñas de casas.

Para qué decir de las ordenanzas polémicas (que también las hay). En este rubro figura, por ejemplo, la que estableció la explotación de playas de estacionamiento para vehículos, a la cual muchos porteños se resistieron por bastante tiempo.

De seguro que, próximamente, cuando se apruebe, se agregará a esta categoría aquella que busca eliminar la presencia de perros vagos en Valparaíso, cuestión que ocasionará más de un dolor de cabeza al alcalde y al concejo municipal.

VIÑA DEL MAR

La Ciudad Jardín no se queda atrás en cuanto a la cantidad de ordenanzas municipales que rigen las distintas actividades que inciden en la comunidad, aunque no son tan antiguas como las que tiene Valparaíso, la tónica ha sido ir adaptándolas a medida que pasa el tiempo.

Son más de 40 las ordenanzas que rigen cuanta actividad tiene alguna relación con la comunidad, como lo es por ejemplo, la más nueva que regula la tenencia de animales domésticos o las nuevas reglas que tienen los dueños de victorias que los obliga, entre otras cosas, a usar uniforme.

Eso sí, al igual que en Valparaíso, la cantidad de ordenanzas que tiene Viña del Mar no significa que éstas sean automáticamente respetadas.

Muchas son letra muerta, ya que poder fiscalizar que cada una de éstas se cumpla, es prácticamente imposible.

Mal que mal, se trata de una ciudad con más de 360 mil habitantes, lo que requeriría de un centenar de inspectores municipales recorriendo las calles para verificar que las normas y prohibiciones sean acatadas.

En la actualidad, el departamento de Inspección Comunal tiene ocho funcionarios. Estos no dan abasto para poder verificar que las ordenanzas se cumplan y muchas -aparte de haber sido alguna vez publicadas- nunca más son difundidas, lo que se traduce en que permanecen en el absoluto desconocimiento de los viñamarinos o visitantes que llegan a la comuna.

ALGUNAS ORDENANZAS

Dentro del listado de las ordenanzas viñamarinas está la que rige al Mercado Municipal en cuanto a la disposición de las pilastras y la obligación de ofrecer servicios higiénicos al público.

Está también la del cobro de derechos municipales a las fuentes de soda y restoranes, donde destaca el poder disponer mesas y sillas para atender a los clientes en las veredas sin tener que pagar derechos por utilizar un bien de uso público, la que, por razones obvias de conveniencia en el comercio gastronómico, debe ser de las pocas que es acatada con mucho entusiasmo.

Además figura la que regula la publicidad y propaganda comercial en la vía pública en cuanto a los valores, tipo de publicidad y lugares en que debe ser instalada. Un dato curioso en esta norma es que se prohibe "pegar afiches, pintar o instalar letreros en edificios, quioscos, garitas, casetas, anaqueles, etc.", situación que claramente no se cumple, especialmente, los meses previos a una elección.

También existe una ordenanza que regula los estacionamientos en Viña, los espacios asignados, los valores a cobrar y el sistema de concesión que lo administra.

Al igual que en Valparaíso, la Ciudad Jardín tiene una ordenanza de ruidos molestos (que data de 1997) que es el mejor ejemplo de la letra muerta. Esta última prohibe, por ejemplo, que vehículos motorizados con tubo de escape libre circulen por las calles de Viña y que a partir de la medianoche las personas griten, canten o conversen en voz alta en la vía pública.

En este caso habría que preguntar a los propietarios de departamentos ubicados en la calle Valparaíso, ya que -especialmente en verano- durante la noche circula por esta arteria una gran cantidad de gente, se instalan artistas callejeros y el comercio ambulante aprovecha la baja vigilancia policial.

Cabe señalar que se entiende por "ruidos molestos" aquellos que puedan perturbar o perturben la tranquilidad y el reposo de los habitantes.

Aparte de la prohibición antes mencionada tampoco se puede hacer uso de la bocina entre las 22 y 7 horas, salvo en caso inevitable, para evitar accidentes.

Una regulación horaria afecta también a los locales (botillerías, supermercados y minimarkets) que expenden bebidas alcohólicas. Estos pueden vender, durante el invierno, entre las 9 y 24 horas, y en el verano entre las 9 horas y las 2 de la madrugada. Todo gracias a una ordenanza municipal.

Pero estas normas no sólo van dirigidas a personas o al comercio, sino también a los animales, ya que a raíz de la polémica generada a raíz de la gran cantidad de perros vagos que circulan por las calles de la zona, el municipio viñamarino decidió poner orden en el asunto.

Esta ordenanza establece que los canes callejeros podrán ser retirados de la vía pública y entregado al Servicio de Salud para que disponga de él, de acuerdo a sus atribuciones legales.

Pero los perros vagos no son los únicos afectados. También están los domésticos, cuya norma afecta más a sus propietarios, ya que ellos, tendrán que ser responsables de las fecas que dejen sus "regalones" en la vía pública y deberán mantenerlos en un lugar cerrado y sólo podrán circular por la calle debidamente asegurados con cadenas, correas u otros.

De este modo, queda claro que las ordenanzas son un instrumento que tienen los municipios para normar ciertos usos o conductas de los contribuyentes. Sin embargo, no siempre se respetan o se hace respetar, pero ahí están, silenciosas, pero presentes.