Año 175 - Nro. 60062 - Lunes 3 de junio de 2002
   
 

La mujer vetada de Marta Blanco

 
 

Marta Blanco habla de Constanza de Nordenflytch, amante de Diego Portales y protagonista de su novela "La emperrada"

 
 

"Constanza de Nordenflytch es un personaje eminentemente narrable, porque es un carácter envuelto en el misterio. Tenía un drama en su vida, una terrible tragedia oculta", explica Marta Blanco sobre la protagonista de "La emperrada".

Hace 30 años el padre de Marta Blanco (Viña del Mar, 1938) le dio un regalo muy especial: una carta del Auditor de Guerra José Antonio Alvarez dirigida a Manuel Montt. Alvarez fue el magistrado que certificó la muerte de Diego Portales tras su fusilamiento en el cerro Placeres el 3 de junio de 1837 y quien dio la orden de levantar su cuerpo perforado con más de 30 bayonetazos.

Este juez es antepasado directo de la periodista y escritora. Y así fue como empezó su interés por la vida de Portales.

Pero no fue tanto la figura del ex ministro la que terminó motivando su proyecto de escritura, sino la de Constanza de Nordenflytch, amante de Portales y madre de sus tres hijos. Reducida a una especie de imperceptible sombra por la gran Historia, Marta Blanco la pone en primer plano en su más reciente novela: "La emperrada".

"Constanza no existía en la Historia. Es un personaje eminentemente narrable, porque es un carácter envuelto en el misterio. Tenía un drama en su vida, una terrible tragedia oculta", explica la escritora.

IMAGEN NO OFICIAL

Constanza de Nordenflytch fue hija de un barón de origen polaco que, tras la muerte de su progenitor, llega a Chile procedente de Lima. Su madre pocos años después también fallece, pero aquí en el país, y queda a cargo de una recia tía, quien le niega acceso a sus bienes heredados.

A los 18 años conoce a un Diego Portales ya viudo y juntos inician un romance clandestino que duró más de una década. De esa relación nacieron tres hijos. Y a los 46 días del fusilamiento del ministro, Constanza muere en extrañas circunstancias y es enterrada en el patio histórico del Cementerio General. Precisamente una imagen de su abandonada lápida ilustra la portada de la novela de Marta Blanco.

"Ella se pierde en el tiempo, porque la mujer no es protagonista de la Historia, ni siquiera de su propia vida. Los movimientos tanto de índole político como intelectual de reivindicación de la mujer, obedecen a eso. Obedecen a que las mujeres realmente no aparecen en la Historia como sujetos", indica la escritora. "En este caso, ella ha sido vetada por ser un personaje conflictivo en la vida de Portales, porque le cambia la imagen de austeridad y de hombre conservador, incluso de una conservadora corrección. El jamás quiso casarse con ella. Entonces la mantuvo fondeada. De hecho, él utiliza el término 'emperrada'. Tanto el término 'embodegada' como el 'emperrada' aparecen en las cartas de Portales. El escribió: 'Sabrá usted que Constanza es emperrada y terca; hay que embodegar a Constanza'."

Novela histórica, relato de amor y desamor, como sea leída “La emperrada” siempre se está frente a un texto coral donde la narración está en voz de Constanza de Nordenflytch, la esclava Jacoba, Merceditas Barros, soldados y numerosos testigos de la relación. "Puse el oído y la imaginación en el habla de la gente, en el rumor de la plaza pública, porque quise darle protagonismo a quienes estaban viendo todo esto", sostiene la novelista.

Junto al rescate de esta historia, asoma también una imagen no oficial de Portales: hombre autoritario e intrigante, mujeriego y bohemio. Obsesionado con la organización de la república, pero desinteresado por el mantenimiento de su familia. Incluso obliga a su amante a someterse a abortos.

"Cuando alguien al morir a los 44 años tiene una hija de trece, un hijo de diez y uno de cuatro con una mujer, se debe a que ella no es una amante ocasional, sino una persona con la que ha convivido tiempo importante. Pero él cometió varios desacatos con Constanza. Después de prometerle casamiento, Portales mismo afirmó: 'el matrimonio es el sagrado vínculo de los tontos'", puntualiza Marta Blanco.

HISTORIA EN SEGUNDO PLANO

La novela de casi 200 páginas desliza "la sospecha de que Constanza de Nordenflytch no murió de causa natural. En la época dijeron que murió de amor, pero es muy extraña la circunstancia de su muerte", comenta luego.

El corazón del relato encierra también una reflexión sobre el padre ausente y el guacho como una especie de constante histórica del país, que ahora último varios investigadores de nuestra identidad proponen como marca nacional.

Además, la novela de Marta Blanco presenta una imagen caótica de esos años de organización de la república, cuando la patria era disputada por los diferentes sectores, y de paso se desprende también un retrato de otro rasgo de la idiosincrasia criolla caracterizado por el ánimo de enfrentamiento: "Somos belicosos por naturaleza", observa la autora.

Para realizar este libro, la narradora y ex agregada cultural en Francia desarrolló una extensa investigación que suspendió en 1989 tras la muerte de su hijo. Después de la catártica y notable escritura de "Maradentro", recién puede darle forma a una segunda novela que resultaría ser "La emperrada".

Viene el bicentenario chileno y nuestra literatura contemporánea responde con frecuencia y certeza la pregunta: ¿quiénes somos? La Historia, perdiendo la mayúscula, ingresa a nuestras novelas.

Con esta obra, Marta Blanco conecta este reciente movimiento cultural y colectivo con la magistral estética de su, lamentablemente, escasa obra publicada. En la literatura escrita por mujeres, en la literatura nacional, ella es un imprescindible y exigente punto de referencia.

Ya antes Jorge Guzmán, con "La ley del gallinero", nos dio una gran novela sobre Portales. Este notable narrador, también escaso, igualmente imperdible, pareció agotar la compleja personalidad del "padre de la república". Pero faltaba, parafraseando el epígrafe de "La emperrada" citado por el inmortal Carlos Cerda, "observar las figuras en segundo plano”.

Marta Blanco hace novela con eso y más. Múltiples voces hiladas por “la, aunque no quieras, yo”: Constanza de Nordenflycht, segunda mujer de Portales, a quien nunca la quiso como esposa a pesar de los hijos que le dio. Limeña, de ojos enormes, muerta después de casi dos meses del asesinato del ministro, la emperrada quizás fue víctima del amor, del desamor o de un suceso inefable del cual es sordo tema esta gran novela de la escritora viñamarina.

 

Gabriel Castro Rodríguez