| Año 175
- Nro. 60086 - Jueves 27 de junio de 2002 |
Tres conductoras recorren a diario las calles del Puerto |
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Pasión femenina que viaja en trole |
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Manejar vehículos ya no es privilegio de hombres. Ahora las mujeres llenan de encanto estas viejas máquinas que aún se mueven por Valparaíso |
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Cincuenta años de vida tienen los troles de Valparaíso, y todavía se pasean por las principales calles y avenidas de la ciudad, desafiando al tiempo y la indiferencia de muchos porteños que prefieren la fiereza de las micros y la comodidad de los colectivos ante la elegancia y mesura de estos vehículos que atraen por sus colores vetustos, sus antenas asidas a unos cables aéreos que se confunden con el tendido eléctrico; y, principalmente, llaman la atención porque en Chile son los únicos y es muy difícil que en los próximos años alguna empresa se atreva a invertir en estas cuncunas corajudas. Los troles son una proeza mecánica que se resiste morir, a dejarse llevar por la mofas del metrotren y la prepotencia de los vehículos modernos, y la presencia femenina en el equipo de conductores de la Empresa de Transportes Colectivos Eléctricos de Valparaíso (ETC) sorprende a todos, especialmente a los hombres, aquellos que piensan que el volante es un privilegio de "machos" y que la mujer debería quedarse en casa porque por lo general manejan mal. Tres son las conductoras que a diario se desplazan por la capital de la Quinta Región. A merced de los cerros, del mar que aguarda tranquilo meciendo a los barcos a puntos de zarpar, ellas se internan en la selva de cemento. Atentas al tráfico, a los semáforos, discos Ceda el Paso y a las paradas, que son varias en Valparaíso. Conversamos con dos. Clara Fernández y Andrea Oyarce. Ambas, reticentes a la prensa ("es que ustedes inventan muchas cosas"), accedieron a conversar con El Mercurio de Valparaíso con una sola condición: que la entrevista se desarrolle dentro del trole y que ellas condujeran para que nos diéramos cuenta que el trabajo de chofer de trolebuses es tan digno como manejar un rápido en el Canal de la Mancha o volar un American Airlines. Que conducir un trole no es trabajo sólo para hombres, que las mujeres también tienen reflejos y son capaces de diferenciar la primera con la reversa. AVISO ECONOMICO Clara Fernández Salgado lleva diez años manejando troles y pullman (máquinas más pequeñas). Aclara que llegó hasta la ETC no porque de niña soñara con conducir locomotoras. "Tengo cinco hijos y un esposo muy comprensivo. El escaso dinero en mi familia me obligó a comprar el diario un domingo y buscar en los avisos económicos algún trabajo, quizás no muy bien remunerado, pero digno. Entonces di con los troles... Necesitaban a un conductor". - ¿No conductora? "Sé que es muy extraño que una mujer maneje estas máquinas, pero tengo entendido que en Europa la mayoría de los choferes de trolebuses son damas. En todo caso yo no tuve problemas con los jefes, y me dejaron a prueba por un tiempo, hasta que aprendí a conducir". - ¿Le costó aprender a manejar troles? "Me costó harto. Al comienzo manejaba pullman, que son más chicos que los troles; pero después me asignaron la máquina más grande y... ¡me costó! Parece que ahora a las chicas les cuesta menos aprender. ¿Si sabía conducir? Claro. Clase A1". - Usted es la primera mujer que conduce un trole en Chile. ¿Qué cara pusieron los hombres cuando vieron que era usted la que manejaba? "Cuando se daban cuenta que una mujer conducía el trole, se asombraban. Muchos al comienzo preferían bajarse: "Ay, perdone, señorita, me equivoqué de trayecto". Pero con el tiempo se fueron acostumbrando, tanto que muchas personas nos prefieren ante que a los conductores. ¿Por qué? No sé. Seremos más lindas (ríe)". PROFESORA Y CHOFER Ella quiere ser profesora de educación básica. Cursa el tercer año en la Universidad de Playa Ancha y le faltan pocos semestres para titularse. Estudiar en Chile cuesta dinero, nada es gratis en esta parte del mundo. Pero Andrea Oyarce Gatica es una mujer emprendedora, fuerte, íntegra. Con dos hijos a su alero y con el dolor de haber perdido al padre de éstos hace cuatro años, esta conductora de trole se empecina en salir adelante, aunque no le quede tiempo para compartir con sus amigos o tomarse, siquiera, una bebida en uno de los tantos pub de la avenida Errázuriz. - ¿Qué le pasó a su esposo? "No era mi esposo, no alcanzamos a casarnos. El falleció hace cuatro años. Murió en el sueño, le dio un derrame pulmonar. El padre de mis hijos trabajaba en un taller mecánico. Esa tarde hizo un ejercicio mal hecho, intentó levantar un motor de camión él solo". - Además de enfrentar los obstáculos intrínsecos de la vida, ocupa el día trabajando en los troles y estudiando en la UPLA. "Qué le vamos a ser. Hay que salir adelante no más. En todo caso estoy conforme con mi vida. Tengo dos hijos, un trabajo y me alcanza, aunque a duras penas, para pagar mis estudios". - ¿Imagino que sus compañeros de carrera saben que usted es conductora de troles? "¡Noooo...!". - ¿Nunca un compañero suyo la ha sorprendido manejando un trole? "(Ríe) En realidad sí... Se suben y me acompañan. Conversamos. Ellos son muy comprensivos". Termina el viaje por la cañería de la vida. Ellas desaparecen. También sus vehículos. Pero de lejos se logra percibir el brillo de sus almas inquietas. El fulgor de esos espíritus que, ante la adversidad, se desplazan por la calles de Valparaíso conduciendo esas máquinas que tienen medio siglo de funcionamiento. Cincuenta años de ir y venir. Como los seres humanos. Aunque la realidad nos duela. |
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