| Año 175
- Nro. 60139 - Lunes 19 de Agosto de 2002 |
Los sótanos de la marginalidad |
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El crimen no paga, ni la sociedad (sólo la literatura). Este podría ser el epitafio de Alfredo Gómez Morel, delincuente chileno del siglo pasado que con su novela "El río" dejó un vivo testimonio de la miseria |
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"El río" no es exactamente un libro, ni tampoco un río. Es una excrecencia de pus y dolor exudado, una historia repugnante de la naturaleza inscrita en la carne humana, en la piel de cualquier latinoamericano. "Chile, contra dificultades enormes y los ataques de muchos enemigos, está creando en este continente un nuevo orden para contradecir el libro de Gómez". Corría 1973 y la cita anterior corresponde a algunas de las últimas palabras de Pablo Neruda publicadas en vida. Están originalmente en francés y son parte del prólogo de "Le Río Mapocho", novela del chileno Alfredo Gómez Morel, aparecida ese año en la prestigiosa editorial Gallimard, que ya contaba entre sus autores a nombres como James Joyce y Mario Vargas Llosa. La crítica gala comparó al chileno con el gran narrador y dramaturgo Jean Genet. Y su libro, según lo sostenido por nuestro poeta, venía a ser un "clásico de la miseria". La novela había aparecido en Chile en 1962 bajo el nombre de "El río", siendo calificada por el escritor y periodista Luis Sánchez Latorre (Filebo) como "una explosión de realismo social". Sin embargo, los autores de la Generación del '50, voces literarias vigentes en el país en esos tiempos (Lafourcade, Donoso, Blanco), miraron con desprecio estas expresiones. "Sus modelos -dice Filebo- eran europeos o norteamericanos, y este realismo tan chileno les molestaba un poco. No había distancia entre la literatura y la vida, todo llegaba en bruto". A principios de los '60, mientras Alfredo Gómez Morel alternaba la penitenciaría con el hospital siquiátrico, uno de los médicos que se habían convertido en sus "protectores" resultó ser su cómplice para la elaboración de la novela autobiográfica. "La escritura del libro fue una especie de terapia", afirma Luis Rivano, narrador y dramaturgo que comparte con nuestro autor, y Armando Méndez Carrasco, una aislada trilogía de autores que en esos años ofrecieron una literatura alternativa de realismo social "sucio". Muchos años después, Alberto Fuguet quiso inspirarse en el trabajo de ellos para componer su novela "Tinta roja". A juicio del autor de "Sobredosis", era una "literatura 'con cojones'". Se trataba de obras pensadas para los parroquianos de los bares, libros que tenían una carga casi pornográfica, hecha por carabineros (o más exactamente "pacos", según la denominación de la época, dados de baja -los casos de Méndez y Rivano-, o derechamente un delicuente, como era el estado de Gómez Morel). "Yo puse la vivencias, los hechos, los recuerdos, él me ayudó a evocarlos y dispuso el orden, la correlación, la suavidad y la belleza", explicó el autor de "El río" en relación a la participación de su siquiatra, Claudio Naranjo Cohen, en el proceso creativo. Pero ya Gómez Morel había demostrado sus capacidades literarias individuales cuando en 1945, mientras cumplía condena en una prisión colombiana, su poema "Canto al café" obtuvo un premio del Ministerio de Justicia de dicha nación. Siempre encarcelado, pero ya en Chile, también recibió un nuevo galardón por su cuento "Doce pesos de amor". ORIGEN OSCURO "Nunca he sabido mi verdadera edad ni mi verdadero nombre", había dicho en alguna ocasión. Sin embargo, en una entrevista de 1971, aparecida en la revista Paula, precisó algunos datos de su origen: "En 1917, y cuando tenía tres meses de edad, fui abandonado por mi madre en la puerta de un conventillo ubicado en la Alameda de las Delicias de San Felipe". En ese mismo artículo cuenta que su padre fue "don Agustín Gómez Aránguiz, hijo -a su vez- de don Agustín Gómez García, quien fuera diputado durante la administración de don Pedro Montt". Su vida marginal comienza entonces en un orfanato sanfelipeño. Luego lo adopta una viuda y lo bautiza como Vicente, pero después fue "rescatado" por su madre puntarenense y su amante, quienes lo llevan a Santiago, donde pese a los esporádicos intentos de su reaparecido padre por conseguir su custodia e infructuosamente darle una educación formal, comienza su vida delictual, vagabunda y varias veces atentada por sucesos de pedofilia. El escenario de esa vida de perdición es el río Mapocho, que ocupa prácticamente toda su etapa de crecimiento. El delito, desde ese momento y ese lugar, sería su forma de vida, y los prostíbulos su única distracción. Fue detenido 288 veces, en Chile y el resto de América Latina. "Ejerció" la delincuencia en Perú, Panamá, Cuba, Venezuela y Colombia. En este país formó su propia banda y el gobierno puso precio a su cabeza. En Argentina, además, fue hombre fuerte de Patricio Kelly, el mítico malhechor que escapó de la cárcel de Santiago vestido de mujer. La literatura llegó a ser su confesión, y sobre todo su redención, como ocurre con no pocos otros inscritos dentro de la historia de las letras nacionales y mundiales. Esto por lo menos hasta la década del setenta, cuando Neruda lo presenta con gloria y honores en Europa. De allí en adelante, su vida, como si se tratara de una novela naturalista donde se demuestra que el origen es una férrea camisa de fuerza, de la cual es imposible zafarse por muy alto que se haya llegado, comenzó a ir cuesta abajo. "Soy un escritor de 61 años y padezco en estos momentos de una parálisis braquial severa, que me impide para siempre volver a escribir. No tengo ningún tipo de previsión y estoy en la miseria más absoluta. El año 62 publiqué un libro llamado 'El río', que tuvo gran resonancia internacional e incluso se tradujo al francés. Actualmente estoy tratando de obtener que Su Excelencia me conceda una pensión de gracia para poder vivir junto a mis pequeños, que hoy no tienen qué comer". Escribía en una carta al diario La Segunda el 11 de marzo de 1978. Murió inadvertidamente el 15 de agosto de 1984, mientras aún esperaba que "El río" fuese llevada al cine. No vivió para ver la reedición de su mejor obra en la importante editorial internacional Sudamericana, el año 1992. Menos pudo enterarse de la creación de una ópera hip-hop basada en "El río", que se estrenó hace un par años, ni tampoco que un reconocido joven escritor de la llamada Nueva Narrativa Chilena se inspiró en su obra para escribir una novela, la cual sí se llevó al cine. Alfredo Gómez Morel está en la gran Historia de la Literatura Chilena. Pero ni el crimen ni la sociedad chilena quiso pagarle, pese a sus esforzados méritos.
Gabriel Castro Rodríguez |
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