Año 176 - Nro. 60247 - Jueves 5 de diciembre de 2002
   
 

Historia del paso del último tren en altura

 
 

El automotor 261 fue el último en pasar por el terraplén en Viña el Mar.

 
 

Suena el silbato. El andén, desierto, despide al tren en la penumbra de una noche cálida. Partimos desde la estación Puerto en uno de los vagones más viejos de Merval en dirección a Limache, pero nuestro viaje tiene otro objetivo. Buscamos ser testigos del último paso del tren regional sobre el terraplén elevado que ha dividido Viña del Mar desde el siglo XIX.

Es un hecho histórico, aunque las caras indiferentes de los pasajeros sólo muestran el anhelo de llegar luego a casa, tras una agotadora jornada.

Son las 22 horas y el silbato del conductor Luis Castellón -de gorra perfecta y uniforme planchado- anuncia la partida del automotor 261.

Al frente de la locomotora, el maquinista Aliro Pino revisa máquinas, pantallas y botones. Un leve movimiento sobre una palanca y el motor parte.

Bellavista, Barón y Caleta Portales pasan por las ventanas a 60 kilómetros por hora. La vista de la bahía, negra al fondo, se transforma luego en un mantel de luces sobre los cerros.

 

SOBRE TERRAPLEN

 

Pronto llegamos a Viña y nos afecta esa sensación de vértigo al ver cómo nos elevamos sobre la calle. Allí, junto a las calles Viana y Alvarez, el tren adopta ese porte soberbio sobre las cabezas de los viñamarinos. Ya estamos sobre el terraplén.

Sobre los rieles, la máquina se mueve con el vavién conocido. El ritmo acompasado que marca el trayecto y mueve a los pasajeros en el bamboleo del ferrocarril. Sin calderas y sin volutas de humo como antaño, el automotor transita por última vez sobre el terraplén elevado haciendo el mismo trayecto desde hace más de cien años.

La causa del cambio es el prosaico proyecto IV Etapa de la Avenida España, trabajo que implica el hundimiento de la vía férrea desde el sector de Caleta Abarca hasta Chorrillos y la construcción de una amplia avenida de tres pistas sobre el tramo subterráneo del ferrocarril. La ambiciosa idea, desarrollada por la empresa Metro Regional Valparaíso (Merval) contempla una inversión de US$ 300 millones, pero no el terraplén.

Los trabajos se iniciaron en marzo, con las obras previas, como la modificación del trazado de los cables y tuberías de servicios públicos, cuyo cambio es primordial para los trabajos de soterramiento de la vía férrea.

Pero las caras indiferentes de los pasajeros no entienden de historia. Bajo las ruedas de metal, el sonido de los rieles y la bocina ronca del automotor revela la llegada a la estación de Viña, allí donde el terraplén ya comenzó a ser derruido para dar paso al desarrollo.

Hoy, junto al alba, el maquinista Jaime Castillo habrá conducido el primer tren al nivel de la calle. El automotor habrá cruzado el centro viñamarino con un ruido ensordecedor y los peatones sabrán que otro paisaje surgirá en los próximos meses.