Año 176 - Nro. 60339 - Sábado 8 de Marzo de 2003
   
 

Porteñas precursoras

 
   
 

Para el día de la mujer (8 de marzo) suele recordarse en Valparaíso, con justicia, a Micaela Cáceres viuda de Gamboa, la joven operaria del taller de modas Günther de calle Esmeralda, a quien la enfermedad y muerte de una compañera le hizo tomar conciencia de la indefensión de la mujer obrera. El 23 de noviembre de 1887 fundó la Sociedad de Obreras Nº 1 de Valparaíso y presidió su primer directorio. Al entrar a Valparaíso en la Avenida Argentina verá su cabeza en piedra.

Además de esta figura del mutualismo latinoamericano, Valparaíso tiene otras personalidades que merecen recordarse porque, desde la provincia, abrieron un camino al desarrollo de la mujer chilena. Sólo un par de ejemplos:

Carolina B. de Poirier, una de las primeras chilenas que se dedicaron profesionalmente a la fotografía. Antes de 1871 tenía instalado su estudio en calle San Juan de Dios (Condell) Nº 145.

Celia Castro F. (Valparaíso, 1860-1930), la primera pintora profesional de Chile. Estudió con Pedro Ohlsen y fue una discípula destacada de Pedro Lira, uno de los cuatro grandes maestros de la pintura chilena, con quien viajó a Europa en 1889. En varios periodos vivió en París, donde expuso con éxito sus cuadros sobre la ciudad. Volvió definitivamente a Chile en 1927.

Rosario Orrego (1834-1879), tía política de Prat, escritora. En 1873 fue nombrada socia de la Academia de Bellas Letras, que dirigía Lastarria, en aquellos años un enorme reconocimiento para cualquier escritor y más aún para una mujer. Fundó la revista Valparaíso y participó en la Sociedad de los Amigos de la Ilustración, que creó la Revista del Pacífico.

Adriana Olguín de Baltra, ex alumna del liceo Nº 2 de Niñas, fue la primera mujer chilena nombrada ministra de Justicia por el Presidente Gabriel González Videla en julio de 1952.

Este 8 de marzo sería una buena oportunidad para revivir estos legados porteños, un tanto olvidados. Figuras como éstas merecen mayor estudio y algo de la difusión que se prodiga tan generosamente a Anitas, Titis, Saritas y Chechis.

 

 

Dr. Leopoldo Sáez Godoy

U. de Santiago de Chile