Año 177 - Nro. 60556 - Lunes 15 de Septiembre de 2003
 

Jugador del equipo Villa Moderna

 
 

Tuki, el conquistador

 
 

Ha practicado casi todos los deportes posibles, pero al final se quedó con el básquetbol, disciplina con la cual espera ganar los títulos cesteros de Valparaíso y Viña del Mar.

 
 

QUIERE AUTONOMIA.- Tuki también espera que Rapa Nui se "independice" de la V Región, siguiendo la opinión de los "koros" (ancianos sabios de su pueblo), para que los recursos que llegan a la isla sean mejor administrados, "no como sucede ahora".

GERMAN GATICA

 

Rafael Tuki es inquieto, se mueve rápido y pocas veces se queda pegado en lo que está pasando al frente de sus ojos. Convertido en un verdadero "radar" y "motor" del equipo de básquetbol de Villa Moderna, este pascuence de 26 años, ha pasado a ser una de las principales figuras de los amarillos, quienes, en calidad de invitados, accedieron a la final del campeonato de básquetbol de Valparaíso, definción que lo mantiene motivado, impaciente... acelerado.

"En la isla saben que estoy jugando una final y muchos están pendientes de lo que puede pasar con el equipo", explicó el ala-pivot, quien antes de llegar al baloncesto practicó una enormidad de deportes.

La historia de este jugador parte en Rapa Nui, donde combinaba todas sus aficiones, sin decidirse por alguna. "Me faltaba orientación", reconoce el basquetbolista, quien tuvo que esperar hasta los 13 años para optar por una beca de estudios en el continente.

Nunca antes había salido de la Polinesia, sin embargo, su destinación nuevamente lo dejó viculado a una posición insular, aunque bastante más cercana que el "ombligo del mundo": Chiloé.

En Chonchi, "la ciudad de los tres pisos", conoció directamente aquellas historias mitológicas que tanto le habían llamado la atención al momento de postular, sin embargo, nuevamente fue el deporte lo que más lo sedujo. En este caso, el clima condicionaba fuertemente la práctica de distintas disciplinas, debido a la lluvia y el frío, que obligaban a estar en gimnasios.

Ese fue el momento clave, ya que en esas canchas comenzó a demostrar su condiciones como conductor y "manija" de los distintos equipos que integró.

Pero Tuki, inquieto como siempre, no sólo de dedicó a marcar triples y dobles, ya que también destacó como futbolista, integrando la selección local y el equipo de Castro que compitió en un nacional sub-17.

"Pero me gustaba más el básquetbol, era algo que venía desde antes, cuando estaba en la isla (Rapa Nui). Allá el problema es el aislamiento porque para competir en cualquier cosa hay que viajar mucho y gastar mucho dinero", explica este residente viñamarino, quien, a más de cuatro mil kilómetros de distancia, preside un club de canotaje polinésico que representa a Pascua en certámenes internacionales. "Soy entrenador y tengo capacitación en el extranjero, incluso estuve a cargo del equipo femenino que terminó octavo, entre 32 equipos, en la prueba de 500 metros del mundial que se hizo en Bora Bora, Tahiti.

Un hecho que demuestra la conexión que Tuki mantiene con sus raíces, ya que pese a viajar una o dos veces en el año, siempre está llamando a sus familiares y organizando algún evento deportivo a la distancia.

"El básquetbol me gusta por su movilidad y porque siempre hay que estar atento a lo que sucede en la cancha, a veces, uno corre y corre en un partido y no se cansa, eso demuestra intensidad, además, cuando lo práctiqué en sur me di cuenta que el nivel era exigente", comenta, agregando que defendió al equipo de Castro en diferentes certámenes de menores, por ejemplo, la Libsur.

Pero aquí viene la gran contradicción de su vida, ya que ingresó a la carrera de Técnico Pesquero, pese a que en el fondo lo único que quería era estudiar Educación Física "para enseñar en mi isla todos los deportes que se puedan enseñar, actualmente, allá hay pocas oportunidades para desarrollarse como deportista en cosas como el rugby, el atletismo y el buceo".

El calvario fue largo, ya que su práctica profesional lo llevó a estar seis meses embarcado, y se quería morir, porque arriba del barco no podía practicar ningún deporte, sólo navegar y navegar.

CAMBIA SU DESTINO

Tomó una beca especial en la Universidad Católica de Valparaíso donde se matriculó como estudiante de Educación Física. Allí empezó todo de nuevo, porque tomó sus cosas y fue a probarse al equipo de básquetbol de la UCV. Reconoce que le costó porque no era del agrado total del entrenador Eduardo Medina, lo que le significó renunciar al quinteto tres años más tarde. "Llegaba a entrenar, hacía mis ejercicios pero no me consideraban, ingresaba a la cancha cuando un compañero cumplía cinco faltas o bien llevábamos 30 puntos de ventaja", afirmó Rafael.

Paralelamente, su personalidad inquieta lo obligó a moverse en el ámbito de los clubes, para lo cual fue a probar suerte al gimnasio viñamarino ubicado en la calle Arlegui, ya que su pensión era vecina de aquel recinto. Suerte para él, porque con la primera persona que se encontró en dicho lugar fue con el técnico Miguel Angel Villanueva, actual estratega de Villa Moderna, quien, tras mirarlo con natural desconfianza, le dio la posibilidad de probar suerte en el cuadro. "Primero le pregunté por el equipo de Everton, que era el único que conocía, pero él me dijo que no entrenaban allí, después le pedí permiso para entrenar con ellos, aunque debo reconocer que en un principio no me pescó mucho".

En sus palabras, el isleño no deja de agradecer la posterior confianza y el cariño depositado por Villanueva, a quien considera como un padre, hecho que se vio reforzado en 1999 cuando el jugador perdió todas sus pertenencias en el histórico incendio que afectó a diversos inmuebles en la esquina de calles Viana y Von Schoreders. El estratega le abrió las puertas de su casa y lo acogió como uno más de la familia.

Tuki sólo demoró tres meses en insertarse en el primer equipo, con el cual logró diversos títulos en el básquetbol viñamarino. Incluso, su llegada al club ha significado que otros pascuences piensen en los "villanos" como una segunda casa, ya que el club acoge a otros isleños, quienes aprovechan la cercanía entre la pensión y la cancha de la entidad, ubicada en Recreo.

Actualmente trabaja con las divisiones inferiores de los amarillos, aunque en su mente rondan tres objetivos a corto plazo: derrotar a Unión Española en la final del campeonato porteño, alcanzar nuevamente el cetro de la Ciudad Jardín y competir el próximo año en la Dimayor. "Tenemos la ilusión de ser campeones costeros y llevarnos los dos campeonatos", explicó el capitán de los amarillos, quien espera derribar el mito con respecto al que el básquetbol porteño es superior: "desde 1997 siempre he querido lo mismo, me gustaría que hubiese una mejor conexión entre Viña y Valparaíso, para que compitan entre ambos... no creo que el mejor básquetbol sea el de Valparaíso, te lo digo en serio, ellos antes tenían una gran jerarquía, pero ahora nosotros llevamos nuestro público al Fortín Prat. Creo que en ese tema todavía hay muchos mitos".

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