Usted está en : Portada : Reportajes Lunes 4 de abril de 2005

Valparaíso al límite

 

Primero "La Ratonera", luego las cornisas de otras construcciones y ahora una parte de la avenida Argentina. La ciudad se cae, y las fórmulas para evitarlo no siempre respetan su esencia.

SUSAN ROJAS

Expectativas sobre "La Ratonera

 

El edificio Luis Cousiño vuelve al centro de la discusión. A propósito de "La Ratonera", Aldo Cornejo aclara que otra de las dificultades que enfrenta esta ciudad es la falta de vías expeditas para generar inversión en propiedades privadas. "Tanto el municipio como el Gobierno Regional tenemos impedimentos para actuar directamente sobre este inmueble, que pertenece a particulares. Sin embargo, tenemos grandes expectativas en que la corporación que administre los fondos BID nos entregue las facilidades para operar sobre casos como éste".

 

Quienes han viajado a otro lugar del mundo aseguran que la fama precede a Valparaíso. Desde ex marinos nostálgicos hasta nuevos turistas atraídos por la reciente nominación de la Unesco, siempre hay alguien que vino, que quisiera venir o que al menos cuenta con una vaga referencia sobre el encanto porteño.

Algo hay entre los cerros, las escaleras y las calles con destino incierto. "Qué disparate eres", le escribió Neruda, y probablemente arquitectos y urbanistas coinciden cuando se enfrentan a una ciudad que no obedece a planificaciones. Esa espontaneidad la convierte en un sitio único, pero a veces también se vuelve en contra de sus propios habitantes. Pasa con inundaciones, aludes e incendios, además del derrumbe de las construcciones. Los edificios antiguos tienen como ícono al Luis Cousiño -"La Ratonera"-, mientras pierden fachadas y cornisas. Y ahora la avenida Argentina amenaza con desplomarse. El Patrimonio de la Humanidad se está cayendo.

 

LEVANTARSE Y SEGUIR

 

"Efectivamente Valparaíso reúne una serie de características particulares que la hacen distinta al resto del país", reconoce el alcalde porteño Aldo Cornejo. Y agrega que es precisamente "por esta diversidad urbanística y arquitectónica, por el estilo de vida de su gente -que fue uno de los elementos más valorados por la Unesco en el momento que inscribe su nombre en la Lista del Patrimonio Mundial- es que requiere un tratamiento particular de parte del Estado".

Pero la situación lleva tiempo y los problemas no se resuelven. Y cuando la condición es mantener intacta la identidad de la ciudad, esa respuesta se ve todavía más lejos. "El tema es bastante complejo", advierte Chantal de Rementería, de Ciudadanos por Valparaíso, organización que se propone "rescatar y promover las características formas de vida que la ciudad se ha dado a sí misma, conservando la dignidad a pesar de las dificultades".

Las dificultades, claro, no faltan. Parece que el Puerto está acostumbrado a las tragedias, desde los asaltos de piratas hasta el último gran sismo, pasando por gran cantidad de incendios, inundaciones y hasta maremotos. Todd Temkin, presidente de la Fundación Valparaíso, coincide en ese punto. Y recuerda como ejemplo el terremoto de 1906, que "fue catalogado como uno de los 20 peores del siglo a nivel mundial".

Sin embargo, la ciudad se reconstruyó en cinco años, recuerda. "Impresionante. De hecho, una cantidad importante de casas patrimoniales datan precisamente de este periodo 1907-1914". Para Temkin, la lección es clara: "si bien es cierto que la catástrofe forma parte del 'carácter' de nuestro Valparaíso, también lo hace la capacidad de reponerse, poner casco duro y rehacer nuestras vidas". A pesar de todo, seguimos adelante.

 

SIN CUADRICULA

 

La falta de planificación aparece desde los inicios: Valparaíso no es una ciudad fundada formalmente. Después de su descubrimiento se estructuró según las necesidades, sin un trazado calculado a conciencia ni la regularidad geométrica que aparece en otras localidades del país, cuadriculadas a partir de la plaza de armas.

Los porteños se adaptaron al terreno y terminaron convirtiendo las dificultades en ventajas. Porque el trazado y la arquitectura de la ciudad responden a características geográficas y topográficas particulares. Muy particulares. Tanto, que miles de visitantes llegan cada año para conocerlas. Pero el atractivo turístico de unos es el barrio de otros, y no siempre esa falta de planificación concuerda con la vida cotidiana de quienes viven al borde de una quebrada o deben transitar por calles que se hunden.

Ante la escasez de espacio fue necesario el esfuerzo constante para ganarle terreno al mar. Valparaíso empezó a crecer primero en torno a la iglesia La Matriz, que es su núcleo original, y siguió ampliándose luego a medida que los cerros se poblaron. Las viviendas debieron adaptarse a las pendientes con soluciones estructurales que dan cuenta del ingenio de los constructores. Para las postales la imagen calza perfecto. Pero para quien vive al borde de la quebrada, seguramente esa característica no es tan atractiva.

 

LA CIUDAD-MUSEO

 

Es fácil llegar al antagonismo entre turismo y habitabilidad, de ahí la importancia de encontrar el equilibrio. En parte porque uno de los problemas de la ciudad es el éxodo de sus habitantes, asegura el arquitecto Roberto Barría. Por eso la densificación es un asunto importante, aunque "perverso, porque la actividad económica que financia la ciudad no se sostiene en la densidad flotante".

Entonces no queda más que negociar. Para Barría la respuesta pasa por instalar nuevos habitantes sin trasgredir el carácter de anfiteatro construyendo grandes edificios que parecen extraídos de otro sitio. "La gente que vive en las casas que cuelgan de los cerros no es la que va a vivir en los edificios del Borde Costero. Sólo van a dar trabajo por un tiempo", advierte Chantal de Rementería.

"Ya que nos jugamos por ser una ciudad patrimonial, tenemos que ser consecuentes", agrega. Su fórmula es a través de políticas adecuadas pues "ya no se usa el modelo que apela a la necesidad de trabajo en el desarrollo inmobiliario. Es muy de corto plazo. El modelo de ciudad de los 70 ya no sirve. El que quiera venir a instalarse tiene que respetar el protocolo".

La idea es no transar con la identidad porteña, pero tampoco se trata de conservar una urbe que se mantenga intacta para atraer visitantes. "Ningún capital sustenta una ciudad que se preserve como museo", destaca Barría. Y el motivo va más allá de lo económico, pues los porteños difícilmente querrán vivir en un lugar estático.

 

HERRAMIENTAS PARA TODOS

 

Tampoco en un sitio mal conservado. Con esa preocupación en mente, el alcalde Aldo Cornejo ha destacado la necesidad de implementar una serie de instrumentos que propicien la recuperación de inmuebles y casas patrimoniales que estén afectadas por deterioros en su estructura o sufran otro tipo de daño recuperable, informa el municipio a través de su Oficina de Prensa.

Además de contrarrestar el creciente deterioro de las viviendas, el edil espera para el próximo año contar con un subsidio de rehabilitación para particulares dirigida a los propios dueños. "Y si nosotros tenemos, tal como hoy día, mano de obra calificada para esta labor, todo va a ser mucho más fácil", puntualiza Cornejo.

Sin embargo, deja claro que "la rehabilitación de Valparaíso no se debe remitir solamente al casco histórico o a la zona Unesco, sino a toda la ciudad". Por eso insiste en la necesidad de instrumentos idóneos y eficientes para los particulares, que aún no existen. Y si no se crean con urgencia, "lo digo responsablemente, esta ciudad se va a seguir cayendo".

La idea es evitar la caída, pero sin alterar la esencia porteña. Para Chantal de Rementería la respuesta es clara: autenticidad. Eso, porque "el desarrollo turístico sustentable es más atractivo", más todavía si la Unesco determina que nuestro patrimonio histórico es valioso. Esa visión de largo plazo, y ante la complejidad del tema, necesita un plan maestro que, con un buen análisis, conecte todas las aristas implicadas y coordine instancias de todos los tipos de gobierno.

Destaca además la importancia de definir prioridades: "Ojalá que la gente pueda pintar sus casas, pero también arreglar el sistema eléctrico". Si la conservación sólo es superficial, "es como llevar un enfermo a la peluquería. Y si le tiñes el pelo, se va a ver más demacrado y se puede hasta morir por los químicos".

Todd Temkin rescata otra moraleja para nuestras tragedias: "tenemos que seguir construyendo el patrimonio de mañana hoy en día, consciente de nuestra identidad y nuestra responsabilidad con nuestros antepasados de dejar Valparaíso en un estado mejor que lo encontramos".

 

 

Certezas que se hunden

 

En la avenida Argentina, y probablemente en otros puntos de la ciudad, la parte bien trazada de Valparaíso también presenta problemas.

 

Son casi cinco metros de suelo porteño los que están tan deteriorados que amenazan con llevarse buena parte de la avenida Argentina y, de paso, concretan la metáfora de que Valparaíso se está cayendo. Las estructuras básicas que sostienen esta calle entre Pedro Montt y Juana Ross llevaban unos 100 años sin mantención. El sobrepeso y la humedad filtrada desde las jardineras ayudaron al desgaste.

"En el caso del mantenimiento de las redes, esta administración ha constatado en terreno la antigüedad de la mayor parte de los cauces", aclara el alcalde Aldo Cornejo. Por eso anuncia que durante los próximos días iniciará una revisión exhaustiva de toda la red, incluso en los sectores de más difícil acceso, para evitar que este problema se repita.

A la importancia de reparar y prevenir, Todd Temkin agrega una perspectiva optimista: "El cambio siempre hay que mirarlo como una oportunidad. Si hoy día nos hace necesario intervenir en los cauces subterráneos debajo de la avenida Argentina, a lo mejor, en vez de ponerle un parche, por qué no abrimos el debate y arreglamos otras situaciones con el mismo plumazo".

Como ejemplo, propone licitar un estacionamiento bajo tierra que arregle el problema estructural, revirtiendo también "los trastornos que provoca el abasto de la feria, quitando los camiones y autos, y permitiendo que se transforme en una atracción turística. Siempre hay una oportunidad escondida en toda tragedia".

 
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