Usted está en : Portada : Lunes 29 de agosto de 2005

Los marcianos llegaron ya...

El cuento de los extraterrestres no pasa de moda, toca la literatura, la música y el cine. Pero bien contado, al estilo de Orson Welles, puede ser fatal.

Julio Hurtado

¿Quién no ha bailado "Los Marcianos" en algún matrimonio, bautizo o en celebraciones varias? El alegre tema, que sigue vigente, fue compuesto hace exactamente 50 años por el cubano Rosendo Ruiz Quevedo, el mismo de otro "inmortal", ese de "Vacilón, qué rico vacilón..."

Esos marcianos que nos trajeron los músicos de la Huambalí son otra expresión de la fantasía que plantea la permanente incógnita de la vida en Marte, el planeta rojo.

La saga la inicia el escritor inglés Herbert George Wells, con "La Guerra de los Mundos", 1898, donde muestra una civilización avanzada y agresiva que invade nuestro planeta.

Wells, autor de obras precursoras de ciencia ficción, abre así una brecha que daría pie para múltiples creaciones en literatura, cine, televisión y radio.

Pero es en radio donde los marcianos han causado más estragos.

La mano de WellEs

El escritor norteamericano Orson Welles, a partir de la obra de Wells, creó un libreto radial que fue trasmitido en los Estados Unidos el 30 de octubre de 1938, noche de Halloween.

Welles, quizás sin pensarlo, eligió el mejor medio para su creación: la radio, que al no tener como el cine o la televisión una imagen que fija los límites de la ficción, da rienda suelta a la imaginación del auditor pues es ese auditor quien mentalmente va creando su propia escenografía.

El libreto, por otra parte, estaba demasiado bien hecho. La simulación de una trasmisión de un hecho noticioso, en este caso el avance de los marcianos desde Nueva Jersey, y la inútil resistencia de los terrestres, incluía aterradores efectos sonoros.

Millones de auditores creyeron se trataba de un hecho real y el pánico provocó muchas bajas.

Woody Allen, en su filme "Días de radio", recuerda este episodio que dio espacio para estudios sicológicos sobre el comportamiento de las masas y también sobre el impacto y responsabilidad de los medios de comunicación social.

Los horrores de la Segunda Guerra Mundial, desatada casi un año después, el 1 de septiembre de 1939, sepultaron en el olvido los temores de una invasión marciana.

Fue así como en la noche del domingo 12 de noviembre de 1944 Radio Cooperativa Vitalicia recreó el libreto de Welles, llevado al escenario nacional.

La trasmisión cubrió todo el territorio a través de las estaciones de ondas larga y corta de Santiago y Valparaíso de la emisora y hasta alcanzó al exterior. Cooperativa se proclamaba en esos años "La voz de Chile para toda América".

En minutos estalló el pánico en un país que asistía como espectador inquieto al curso de la guerra, afectado por variadas restricciones, con un panorama complejo originado por el rompimiento de relaciones con Alemania y Japón, con lo que Chile dejaba su neutralidad en la contienda, y por los rumores, que serían confirmados, de una enfermedad incurable del Presidente de la República, el radical Juan Antonio Ríos.

La radio, nuevamente, hizo bien su trabajo. Efectos sonoros, despachos "desde el lugar de los hechos" y anuncios sobre afiebradas órdenes del Ministerio del Interior que movilizaba a las tropas en todo el territorio mientras muchas ciudades estaban "en llamas".

Los precarios servicios telefónicos de esos años colapsaron. Era imposible la comunicación entre diversas ciudades y hasta algunas autoridades pedían más información sobre la invasión extraterrestre.

En este Diario se recibieron cientos de llamados inquiriendo más noticias sobre el hecho y muchos médicos debieron atender a numerosas víctimas del pánico colectivo.

EMPLEADOS detenidos

Una norma de 1943 disponía que "se prohíbe terminantemente la trasmisión de programas de carácter sensacionalista que puedan producir alarma en el público". Así, esa misma noche, varios empleados de Radio Cooperativa de Santiago, entre ellos el conocido locutor Renato Deformes, fueron brevemente detenidos por la policía.

Mil pesos era la multa máxima por violar la norma. No era poco en esos años, pero tampoco era mucho.

Vuelta la calma y la luz del día, con las ciudades intactas y los regimientos en sus cuarteles, la emisora publicó una larga explicación en la prensa señalando que se trataba de presentar una obra universalmente conocida "como una demostración de la capacidad artística y técnica de la radiotelefonía chilena y que, conocido el carácter sensacional del argumento, se anunció profusamente con un mes de anticipación, así como antes, en la mitad y al finalizar la trasmisión".

Aducía la radio que en esos anuncios se advertía sobre el "carácter imaginativo y fantástico de la obra, recomendando a las personas de temperamento impresionable no escuchar la trasmisión". Terminaba dando excusas por la molestia.

Inútiles excusas para la familia de José Villarroel, funcionario del campamento cordillerano Los Maitenes de la Cia. Chilena de Electricidad, quien murió de un ataque impactado por el realismo de la emisión.

 

 
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