Usted está en : Portada : Editorial Martes 31 de enero de 2006

Un problema de regiones
 

Una vez planteado por enésima vez el tema del traslado del Congreso a Santiago, puede afirmarse que se generan los primeros alineamientos.

De un lado, un grupo consistente de senadores y diputados que manifiesta su oposición a un planteamiento de ese tipo; junto a ese grupo de legisladores, la voz mayoritaria de los habitantes de la región, autoridades y ciudadanos de a pie, que concuerdan argumentadamente en el contenido inútil de esa iniciativa.

Del otro lado, un cierto número de parlamentarios de identidad en la generalidad de los casos desconocida y que son quienes se han convertido en los promotores del cambio de la sede legislativa desde Valparaíso a la capital.

Parece llegado el tiempo de poner punto final a esta controversia que, si así se hace, también pondrá término al reflotamiento recurrente de tal idea que, por infeliz añadidura, hasta ahora no cuenta con una base argumental convincente.

Este último aspecto es verdaderamente crucial, porque lo que se esperaría es que una iniciativa de esa envergadura contase con un respaldo potente y suficiente como para convencer a moros y cristianos de su eficacia; sin embargo, cada vez que se plantea el tema, como ahora todavía más, lo que sucede es que el traslado del Congreso se convierte en una batalla verbal entre promotores y detractores.

Ese simple hecho de la realidad demuestra que la iniciativa de algunos es apenas la iniciativa de algunos cuando, por lógica elemental, debiera o deberá ser un asunto consensuado que, guste o no, también deberá tomar en cuenta el contenido de la voz de los ciudadanos de la región y de las regiones de Chile.

En cuanto a esto último, el asunto está suficientemente claro: la voz mayoritaria de los ciudadanos de regiones marca oposición firme a esa idea, aspecto que debe ser una señal para quienes están en el lado de los promotores del cambio de la sede legislativa.

Podrá tomarse en cuenta o no ese parecer mayoritario de la ciudadanía, pero hacerlo, ciertamente representaría una expresión de coherencia de parte de quienes desempeñan funciones de responsabilidad a partir de la expresión de las mayorías ciudadanas que, mediante el voto, depositaron su confianza en los elegidos.

La idea del cambio del Congreso a Santiago ha pasado a ser un asunto molesto, y poco se entiende que se convierta en el tema de todos los últimos años sin que exista una definición consistente y definitiva de los congresistas.

En consecuencia, es adecuado que se adopte un sólido criterio final sobre esta materia; así lo demanda el sentido común y el respeto que se debe a los ciudadanos especialmente a los de las regiones del país porque, también debe entenderse, éste dejó de ser un tema de la agenda local para convertirse en una preocupación de todo aquel país que no vive en Santiago.

Como quiera que sea, la palabra la tienen los parlamentarios de todas las bancadas. Si llega el momento cuando deban exteriorizar sus opciones, éstas deberán ser expresadas en voz alta y muy lejos del secretismo que podría formar parte eventual del método de decisión.

 

 
Arriba  Volver
 
Opciones
Volver a la portada Volver a la portada
Enviar este artículo Enviar este artículo
Imprimir sólo texto Imprimir sólo texto