Usted está en : Portada : Opinión Miércoles 20 de septiembre de 2006

La poesía de Patricia Tejeda

Eduardo Godoy G., Academia Chilena de la Lengua, Universidad de Chile

La generación del 50, último grupo generacional que conmovió a la intelectualidad literaria chilena, dejó en Valparaíso la presencia de figuras líricas de importancia, entre las que se destacan Sara Vial, Patricia Tejeda, Ennio Moltedo y Alfonso Larrahona. En sus creaciones, las líneas centrales que marcaron al movimiento se perciben con claridad.

Hoy quiero referirme, latamente, a la creación lírica de Patricia Tejeda. Luego de breves escarseos poéticos en Círculos (1952), da a conocer un poemario, en 1955, que se convierte en todo un símbolo de su poesía, Algo para romper, que, como lo señala su título, se instala con voz propia en el concierto poético chileno. Luego, habría que señalar, entre otros, dos títulos significativos: Ventana al mar (1965) y Mientras sucedo (1996). No se puede dejar de lado el excelente Poemas de jugar Valparaíso (1996) escrito, en conjunto, con el poeta porteño Armando Solari.

El primer poemario de la poetisa se abre con una Poética que es necesario revisar y ubicar en el contexto en que fue escrito. Hay aquí toda una búsqueda de la creación poética. El hablante lírico recorre senderos y vericuetos, espacio y tiempo, árboles y bosques, aire y viento, truenos y tempestades. Al terminar su recorrido, se encuentra ante el misterio insondable de lo poético: "Cuando llego a mi casa/ estoy rendida./ miro por la ventana/ y me sacudo,/ pero sigo pensando/ que algún día/ volveré con la luz/ de una palabra,/ de una sola palabra/ limpia y sola/ que será suficiente/ para todo".

La palabra que se busca se identifica con la poesía, la que la poetisa cree encontrar en cada momento de su existencia. Resalta el valor de lo espiritual frente a lo material, pensamiento que se concretiza en el poema Discusión, del mismo poemario; ante la afirmación de un imaginario interlocutor que para construir "... es necesario el cemento,/ la piedra básica,/ el fierro indispensable.", surge la respuesta poética: "Te aseguro que lo hago/ con lo que me plazca:/ con vidrio, con amapolas,/ con hebras de violín vacío/ o descalabros de viento," para afirmar más adelante; "Requiere meses, años/ lluvias, paciencia, sueño".

Creo que en Poética se encuentra el trasfondo de la creación lírica de Patricia Tejeda. Y lo certifican los poemas que configuran Algo que romper.

Ventana al mar se estructura en torno a dos núcleos poéticos que marcan su creación: el mar y la ternura expresada en las nanas infantiles. En el primero, pasan ante nuestros ojos distintas imágenes: amanecer y atardecer, día y noche, viento, verano y otoño, arena, playa, casa..., lo que se condensa en el poema Valparaíso en que cerro y mar se aúnan: "Así despierta el cerro cada día/ de bruces a las aguas capitanas/ y antes que el sol discurra por las plazas,/ ya en la primera luz de la bahía, por los vidrios de todas ventanas/ entran los barcos a mirar las casas."

El otro apartado, Nanas andinas, escritas en la mejor tradición lorquiana, delatan una ternura infinita. La que abre esta sección, Noche dormida, ilumina lo dicho: "Tu madre camina en sueños/ y tú colgado a su espalda./ Tu madre es una montaña/ y tú de espaldas con ella./ Una montaña dormida/ y tú colgado a su espalda/ y, dormida, caminando/ y tú de espaldas con ella./ Al filo de abismos negros/ y tú colgado a su espalda,/ ¿cómo harás niño pequeño/ para un día despertarla". Lo señalado indica, en mínima parte, el valor de la poesía de Patricia Tejeda, una voz original y auténtica que merece un lugar destacado en nuestro mapa lírico.

 

 
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